El amor es una sensación que emana del corazón y por la sangre alcanza a cada célula del cuerpo.
Recuerdo mi juventud y la sensación de que nunca volveré más, la sensación de que podría durar para siempre, sobrevivir al mar, a la tierra, y a todos los hombres.
Entonces, por primera vez, tenía la sensación de hablar por mí mismo y por la época.
Por qué esta sensación de ir a buscarte hacia donde por mucho que vuele no he de hallarte.
Cómo llevar a las palabras la sensación, el roce de tu mano por vez primera entre la mía.
Largamente, sin apuro, en la paz de la noche habitó en ella deteniéndose en el umbral de cada sensación, saludando al placer, tomando posesión al tiempo que se entregaba. "De amor y de sombra" (1984), Isabel Allende
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No tengo sensación de añadir algo al mundo. ¿De dónde iría yo a tomar lo que añado, sino del mundo?
(...) Probablemente saboreó una sensación tan compleja que rebasaba con mucho los límites de la cordura.
Por tanto, así como es imposible ver o sentir ninguna cosa sin la actual sensación de ella, de igual modo es imposible concebir en el pensamiento un ser u objeto distinto de la sensación o percepción del mismo. "Tratado sobre los principios del conocimiento humano" (1710), George Berkeley
"Tratado sobre los principios del conocimiento humano" (1710) Frases de "Tratado sobre los principios del conocimiento humano" (1710) Frases de George Berkeley
Su compañía me hacía feliz por muchas razones. A la luz de día no había perdido su encanto. Era, sin duda, la más hermosa criatura que jamás había visto, y el desagradable recuerdo que conservaba de su aparición en el curso de mi sueño infantil se había trocado en una placentera sensación.
A veces tenía la sensación de haberse pasado la mayor parte de la vida viajando sin llegar nunca a un sitio que importara. Pero bueno, aquella podía ser una descripción tan buena de la vida como cualquier otra. El único destino real era la muerte, y nuestra vida consistía en encontrar el camino más cómodo y agradable para llegar a ella.
No era capaz de entender cómo todas aquellas ciudades pequeñas e infantiles, con sus callejas que parecían salidas de una miniatura, por las que Canan y yo habíamos paseado con una sensación de juego y magia como si hubieran sido un jardín que nos hubiera abierto una abuelita de buen corazón, se habían convertido ahora en terroríficos decorados teatrales que se imitaban unos a otros y que hervían de señales de peligro y de signos de exclamación. "La vida nueva" (1995), Orhan Pamuk
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