Frases de No hay bestia tan feroz

No hay bestia tan feroz

28 frases de No hay bestia tan feroz (No beast so fierce) de Edward Bunker... Tras ocho años tras las rejas, Max Dembo vuelve a Los Ángeles con la intención de reinsertarse en la sociedad, algo difícil para quien no ha conocido otra cosa que el crimen. ¿Podrá con sus fantasmas?.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Edward Bunker son: discriminación, cárcel, crimen, soledad, mafia, drogas, los ángeles, redención, fugitivo, marginación.

Frases de Edward Bunker Libros de Edward Bunker

Frases de No hay bestia tan feroz Edward Bunker

01. Mejor huir de la jaula que seguir en ella.


02. Cuando llegó la mañana me sentía fuerte; había superado la indecisión.


03. El dolor sin sentido es el más difícil de soportar.


04. La única alternativa a mi vida de fugitivo era la cárcel: no había opción.


05. Los bajos fondos de los mafiosos y los ladrones comparten frontera y a veces se solapan, pero son diferentes.


06. Lo cierto es que no sabía hacer nada más que robar.


07. Pero la mente humana, al llegar al fondo del abismo, tiene que recuperarse o bien desintegrarse por completo.


08. (...) Sentí oleadas de desesperación tan inmensas que consideré la posibilidad del suicidio como huida de aquel tormento...


09. Mis pensamientos angustiados no tenían más sentido que el zumbido de un mosquito delante de una ventana.


10. La única venganza que existe es la del hombre.


11. La vida era maravillosa. Era lo único que importaba. Pero no significaba nada si no vivías como querías.


12. En la cárcel había pasado muchas noches pensando en la muerte, intentando concebirla, percibir el misterio que entrañaba...


13. A los amigos hay que aprovecharlos, y no digo aprovecharse de ellos. Así todos somos más fuertes. Nadie puede vivir solo.


14. Quienes no tienen experiencia con la violencia no le tienen miedo, pero se vienen abajo en cuanto la sienten en sus carnes.


15. Se habla mucho de cómo los mafiosos corrompen a la policía, pero la policía también corrompe a los mafiosos.


16. Sumido en aquel abismo estéril, en aquel vacío, estallé de indignación. Era una ira que iba más allá del odio.


17. Por lo menos me quedaba la integridad de mi alma, tenía control sobre mi pequeña parcela de infierno, por pequeña que fuera, aunque estuviera confinada al interior de mi cabeza.


18. (...) Ni siquiera sé si me acordaré de cómo follarme a una tía. Llevo tanto tiempo entre rejas que a lo mejor me apetece más darle por culo a un chaval.


19. (...) Tu gran problema es la inmadurez emocional. Quieres que la vida sea como en el cine, llena de emociones. Así es como piensan los niños, pero los adultos aceptan la monotonía, el tedio, la frustración.


20. De vez en cuando, cuando iba solo en el coche, me fastidiaba ser feliz, me molestaba haber encontrado cosas que me importaban. Disfrutaba demasiado de la vida, las cosas eran demasiado preciosas, sobre todo porque se tenían que acabar.


21. Me pasé dos días en la biblioteca, estudiando la legislación del Canadá. Los libros le dieron la razón al autoestopista: Canadá tenía una normativa de concesión de pasaportes muy laxa. En comparación con la ley canadiense, Estados Unidos parecía Auschwitz.


22. La persona que hoy parece más digna de confianza puede no serlo mañana -o la semana que viene, o el mes que viene-, y los crímenes no prescriben hasta pasados varios años. Una vez, una mujer delató a su marido por un asesinato cometido hacía diez años.


23. El poco trato que yo había tenido con los mafiosos me había hecho respetarlos y a la vez despreciarlos. Eran gente de éxito, organizados y astutos; usaban el dinero para ganar más dinero. Sólo unos pocos pasaban por la cárcel y en todo caso era para pasar unas cortas vacaciones.


24. ¿Por qué tenía que sufrir en vano? La lógica dictaba el suicidio, pero es más fácil articular un pensamiento lógico que llevarlo a cabo hasta las últimas consecuencias, sobre todo en lo que respecta a la muerte. El cuerpo se rebela contra la inconsciencia. Al llegar al borde del suicidio, volví en mí.


25. Había matado a otro ser humano. Era un representante de aquellos a quienes odiaba, aunque en realidad había conocido a policías y guardias que eran buenas personas. Los respetaba y me caían bien. Pero eran casos raros, individuos a los que consideraba aparte, desvinculados de los que me habían jodido la vida, año tras año.


26. (...) Si hubiera llegado a aquella situación legalmente, y tuviera un automóvil bonito (aunque de segunda mano), un vestuario digno (aunque no un armario lleno de trajes de seda y zapatos de piel de cocodrilo), una vivienda confortable (aunque no un ático de lujo) y una mujer que me gustaba, por nada del mundo me habría arriesgado a perderlo todo cometiendo un delito.


27. Los abogados, con mirada calculadora, intentaban recabar hasta el último penique. Vendían esperanza a precios desorbitados. Muchas veces se desembarazaban de los despojos de un cliente al que ya no podían exprimir más o lo cambiaban en la oficina del fiscal del distrito por otro que les pagara mejor: "A éste lo declaro culpable a cambio de que el pederasta consiga la condicional".


28. La sociedad me había convertido en lo que era -y me había aislado, por temor a aquello que la sociedad misma había creado- y yo me regodeaba con mi condición. Si se negaban a dejarme vivir en paz, yo no quería hacerlo... ¡A la mierda la sociedad! ¡A la mierda su juego! Ni aunque tuviera muchas posibilidades, ¡A la mierda también!

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