Frases de Las afueras de Dios

Las afueras de Dios

24 frases de Las afueras de Dios de Antonio Gala... Obra que trata del itinerario físico y espiritual de Clara Ribalta, que vive y ama hasta la muerte y más allá. El amor es el alimento único de su cuerpo y de su alma, ya que ambos son inseparablemente ella.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Antonio Gala son: esencia del ser humano, creer en el amor, vivir la vida, misterio de la muerte, belleza de la vida, esperanzas compartidas, intimidad.

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Frases de Las afueras de Dios Antonio Gala

01. Es la belleza dentro de nosotros la que nos deja divisar la de fuera.


02. No hay más aurora que el amor, que aclara las agudas espinas de la noche.


03. El olvido no existe, pero tampoco la constante presencia. Hay que apoyar o deshacer recuerdos con recuerdos.


04. Cuando se desvanece el diseño lineal del marco físico es cuando se permite que aparezcan mejor las facciones del alma.


05. Los abandonados reducen sus ansias a un mundo menor, a una vida animal que atienden y miman, y que les demuestra su necesariedad.


06. El ser humano sólo tiene un idioma. Hablamos de lo que sabemos como sabemos, con las palabras que tenemos más a mano, y serán comprendidas.


07. La vida es como un viaje que iniciamos en apariencia por propia voluntad. Creemos saber con exactitud dónde nos dirigimos. Y de pronto nos encontramos en medio del desierto.


08. La divinidad no está en la omnipotencia, ni en la eternidad, ni en la inmutabilidad: ser Dios quizá consista en ser hombre hasta las últimas y mejores consecuencias: la creación no está acabada.


09. En el mundo hay demasiados revolucionarios que quieren cambiarlo todo menos a ellos mismos, y éste ha de ser precisamente el primer cambio... De ahí que tengáis el deber de ser ejemplares, porque en vosotros va a mirarse el mundo.


10. Solitarios son los que empiezan y los que concluyen, las dos etapas extremas de la vida: la pura esperanza y la pura desesperación; los niños no han sido aún admitidos; los viejos han sido desechados: el todavía no y el ya no...


11. Los ancianos suelen creer que, una vez amanecido, cuentan con un día más, porque la muerte viene de noche con pasos de paloma. De ahí que pretendan, insomnes, anticipar el alba, acechándola a través de los balcones o de las ventanillas que dan al exterior.


12. La felicidad quizá consista en que la canción forme hasta tal punto parte de nuestra vida que, a fuerza de ello, dejemos de escucharla; hasta tal punto nuestra, que sólo nos impresione su ausencia, como si la oyéramos más que nunca cuando no suena ya.


13. Los ancianos no somos seres extraños: no podemos ser objeto de atención sólo cuando salimos en las crónicas de sucesos; no se nos ha de manejar en términos de rentabilidad económica; no puede hacérsenos caso sólo cuando se acercan las elecciones, para hipotecarnos nuestros votos...


14. Sólo el individualismo egoísta es el que engendra el miedo a la muerte. Cuando la vida no es lo que ha debido ser: fusión, entrega, dadivosa pertenencia al mundo, sobreviene la muerte. En otro caso, retrocede exorcizada. Porque la resurrección prometida es eso: haber sido Dios y proyectarse en él luego.


15. Un náufrago ahogándose en el mar es más grande que el mar, porque el náufrago sabe que se muere, y el mar no sabe que lo mata. Ahí está la tragedia del hombre y su magnificencia: ser esperanzada y desesperadamente él mismo, contra los otros a menudo, pero también en beneficio de ellos.


16. En cualquier empresa en que uno se embarque, hay que poner en juego el corazón, aun cuando se trate de un asunto muy lejano a él. Las cadenas del corazón son las últimas que se rompen; son las mejores aliadas para ir contra la inercia y contra la muerte, que son la misma cosa. Aunque una vez se muera.


17. La vida aquí no es más que lo que es, lo que está siendo: el resto son construcciones mentales, productos de nuestra memoria o de nuestra esperanza, y de nuestra desesperación o de nuestras ilusiones: válidos, pero efímeros. Vivir es un misterio del que participamos y del que somos: un misterio que sólo se realiza en cada ahora y en cada aquí.


18. Tenemos la obsesión por la certeza y su posesión en exclusiva. La sabiduría es la perplejidad y la duda. La plenitud no es nunca ególatra ni excluyente, y la técnica no conduce a plenitud alguna. Eso es tarea de la vida, y a vida es el arte de lo imposible: va contra le entropía... Y además lo imposible es Dios.


19. Amo la sonrisa. Siempre digo que cuesta poco pero vale mucho; dura un parpadeo y a veces su efecto sirve para toda la vida. La necesitan hasta los más ricos y la pueden ofrecer hasta los más pobres. Es un don del Altísimo; no se puede ni prestar ni comprar ni robar: se regala. No se olvide nunca de sonreír, aunque le parezca imposible hacerlo.


20. Los viejos viven de recuerdos, se dice; en los viejos retrocede la esperanza, se dice. Pero hay un bien que se niega a los jóvenes: el agridulce bien de la nostalgia. Ellos han disfrutado de tiempo suficiente para lograr aún aquello que luego tendrán que echar de menos. En sus almas no cabe el sutil sentimiento de girar la mirada a lo que se tuvo y no se tiene. Es el envenenador de la memoria, con sus tóxicos...


21. Si nos creemos ofendidos, es a causa de nuestro miedo o de nuestra inseguridad. Si ofendemos, es porque ignoramos cómo obrar debidamente, y nos dañamos a nosotros mismos. Nadie se halla capacitado para ofendernos con actitudes o palabras: es sólo nuestra inseguridad la que se siente atacada y pone en guardia sus defensas. La presencia del amor correspondido echa hacia atrás tales posibilidades, porque sólo en la libertad y en la alegría es factible amar y corresponder el amor.


22. Ama la compañía, porque te multiplica, y ama la soledad porque te engrandece. Avanzarás entre las dos para encontrarte contigo mismo y con los otros. Pero no ames la compañía de manera que te aleje de ti, ni ames la soledad de manera que te aleje del mundo, de este mundo tuyo que te correspondió, para refugiarte en otros pasados o futuros. Y ten la seguridad de que la muerte no es liberadora ni contenedora: es sólo la consecuencia de tu vida.


23. Mientras el mundo desarrollado no se decida a enfrentarse de una vez al problema de sus antepasados, tiene que haber gente que compadezca y acompañe y escuche y bese a los viejos. Porque cuando uno de ellos dice: me rindo, y tira la toalla, está pidiendo un beso, un saludo, un oído que lo oiga. Cuando uno de ellos te retira la palabra es que quiere que le hables, eso lo sé yo bien. Y vosotros. Y todo el mundo que haya convivido un solo día con ellos.


24. Igual que el adolescente en anciano es, a su modo, narcisista: vive en la incertidumbre y tiende a replegarse sobre sí mismo, más acaso cuanto más intensa fue su armadura. El adolescente tiene la vida ante sí, y el otro tras de sí, pero ambos se enfrentan con rápidas transformaciones de su físico. Se produce una crisis de identidad. (... ) En cuanto a su sentimiento de inutilidad, es otra fuente de horrores, porque súbita o progresivamente desaparecen gran parte de su autoconocimiento y del sentido que tuvo su vida.

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