Frases de Historia de un caracol que descubrió la importancia de la lentitud

Historia de un caracol que descubrió la importancia de la lentitud

13 frases de Historia de un caracol que descubrió la importancia de la lentitud de Luis Sepúlveda... Historia de rebelde, un caracol que emprende un viaje para saber por qué son tan lentos. En su aventura, en la que estará en juego la vida de sus camaradas, conocerá la importancia de la memoria y la verdadera naturaleza del valor.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Luis Sepúlveda son: aceptarnos como somos, libertad de elección, búsqueda de sentido, luchar por un sueño, búsqueda de la libertad, saber lo que quieres, verdadera amistad, verdadera felicidad.

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Frases de Historia de un caracol que descubrió la importancia de la lentitud Luis Sepúlveda

01. Pues me iré, y regresaré solamente cuando sepa por qué somos tan lentos, y cuando tenga un nombre.


02. Cuando las estrellas aconsejaron detener la marcha y entregarse al reposo, pararon para comer antes de ponerse a dormir.


03. Alguien, aunque no recuerdo quién, me dijo que los humanos dedican sus vidas a repetir cosas, movimientos y conductas que ellos llaman costumbres -señaló un caracol viejo.


04. Los caracoles confiaban en él y eso le produjo mucho miedo, mas entonces recordó a Memoria diciendo que un verdadero rebelde sentía miedo pero lo superaba, y andando despacio, muy despacio, siguió avanzando sobre la hierba.


05. De...Acuerdo..., Rebelde...-contestó la tortuga, y girando su cuerpo lenta, muy lentamente, le indicó que volverían sobre sus pasos, pues quería mostrarle algo importante. Algo que le haría entender que iban por el mismo camino desde antes de conocerse.


06. -Aquí estoy -susurró el caracol. -Lo sé -contestó el búho. - ¿No abres los ojos para verme? -volvió a susurrar el caracol. -Los abro por la noche y veo todo lo que hay, durante el día los cierro y así veo todo lo que hubo.


07. Y la tortuga, buscando las palabras en el pozo de sus recuerdos, le explicó que esos humanos estaban construyendo las casas en las que vivirían otros humanos, adultos y crías, que llegarían cargando sus pertenencias sobre grandes animales de patas circulares, fuertes, veloces e impulsados por corazones de metal.


08. Rebelde, el caracol que ya tenía un nombre y empezaba a conocer los motivos de su lentitud, estaba exhausto y decidió reposar antes de seguir su camino al encuentro de los suyos, que, ajenos al peligro, estarían entregados a la costumbre de comer en grupo bajo las hojas del acanto.


09. No -empezó a susurrar Rebelde-, no os he traído, pero en este viaje que empezó cuando quise tener un nombre he aprendido muchas cosas. He aprendido la importancia de la lentitud y, ahora, he aprendido que el País del Diente de León, a fuerza de desearlo tanto, estaba dentro de nosotros mismos.


10. Pensaba que tal vez había cometido un error al abandonar el grupo y la seguridad de la planta de acanto, pero, al mismo tiempo, algo, una voz que no era la suya, le repetía que la lentitud debía de tener alguna explicación, y que tener un nombre que sólo fuera de él, nada más que de él, un nombre que lo hiciera único e inconfundible, debía de ser formidable.


11. Sabían que eran lentos y silenciosos, muy lentos y muy silenciosos, y también sabían que esa lentitud y ese silencio los hacían vulnerables, mucho más vulnerables que otros animales capaces de moverse con rapidez y de dar voces de alarma. Para no tener miedo a causa de su lentitud y de su poca capacidad para hacer ruido, preferían no hablar de eso, y aceptaban ser como eran con lenta y silenciosa resignación.


12. Se dispusieron a pasar la primera noche en ese nuevo hogar, ignorando si sería definitivo o apenas un sitio de descanso para seguir adelante más tarde. Antes de meter su cuerpo en la concha, Rebelde atisbó la estela de babas que brillaba sobre la escarcha, y esta vez pensó que si bien era la huella del dolor, también lo era de la esperanza, y llamó a sus compañeros para que miraran esa huella y no la olvidaran jamás.


13. No me parece mal la costumbre de comer -opinó otro caracol, y los demás movieron sus cuernecitos indicando que estaban de acuerdo, esa costumbre de comer en grupo les parecía estupenda. A partir de ese día abandonaron el hábito de comer solos y a cualquier hora, impelidos nada más que por el hambre, y decidieron hacerlo juntos y al ocaso, reunidos bajo las gruesas hojas del acanto. Para hacer más grata la costumbre, se turnaban entre los que hacían las preguntas susurrando, y los que, también entre susurros, daban las respuestas.

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