Frases del libro "El malestar en la cultura" de Sigmund Freud

El malestar en la cultura

Disfruta de estas 26 frases de "El malestar en la cultura"... Los pensamientos de esta obra indagan en el efecto que sobre las pulsiones del individuo ha tenido el desarrollo de la civilización, como moldeadora pero también como represora del comportamiento humano.

Índice

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en las frases y pensamientos de "El malestar en la cultura", de Sigmund Freud son: sexualidad, sentimientos, búsqueda de la felicidad, autoridad, civilización, desarrollo personal, objeto del deseo, deseo, belleza estética, crítica a la religión, angustia existencial, búsqueda de la libertad, moralidad, evolución cultural, neurosis, cultura occidental, relación entre la sexualidad y el poder, despertar sexual.

Frases de "El malestar en la cultura"

01. El goce de la belleza posee un particular carácter emocional, ligeramente embriagador.


02. La conciencia más severa y vigilante sería su rasgo distintivo del hombre moral.


03. Mientras la virtud no se recompense ya en la tierra, la ética predicará en vano.


04. El origen de la actitud religiosa puede rastrearse con claros perfiles hasta el sentimiento de desamparo infantil.


05. (...) La estructura económica de la sociedad influye también sobre la medida de la libertad sexual restante.


06. El mandamiento es imposible de cumplir: una inflación tan grandiosa del amor sólo puede menguar su valor, no eliminar la necesidad.


07. La belleza no tiene utilidad evidente ni es manifiesta su necesidad cultural, y, sin embargo, la cultura no podría prescindir de ella.


08. Jamás nos hallamos tan a merced del sufrimiento como cuando amamos; Jamás somos tan desamparadamente infelices como cuando hemos perdido el objeto amado a su amor.


09. Los juicios de valor de los seres humanos los guían sin excepción sus deseos de felicidad, es decir, son un intento de proteger sus ilusiones con argumentos.


10. La relación entre el superyó y el yo es el retorno, deformado por el deseo, de relaciones reales entre el yo aún indiviso y un objeto exterior.


11. El tabú, la ley y la costumbre imponen ulteriores restricciones que afectan tanto a los hombres como a las mujeres. No todas las culturas van igual de lejos en esto.


12. La religión viene a perturbar este libre juego de elección y adaptación, al imponer a todos por igual su camino único para alcanzar la felicidad y evitar el sufrimiento.


13. El sentimiento de felicidad provocado por la satisfacción de una pulsión instintiva silvestre, no domada por el yo, es incomparablemente más intenso que el provocado al saciar un instinto amansado.


14. Un amor que no discrimina nos parece que pierde una parte de su propio valor, pues comete una injusticia con el objeto. Y, además, no todos los seres humanos merecen ser amados.


15. Lo que en una comunidad humana se agita como ansia de libertad puede ser sublevación contra una injusticia vigente y, por tanto, favorecer un desarrollo ulterior de la cultura, resultar compatible con la cultura.


16. El hombre ha llegado a ser por así decirlo, un dios con prótesis: bastante magnífico cuando se coloca todos sus artefactos; pero éstos no crecen de su cuerpo y a veces aun le procuran muchos sinsabores.


17. La neurosis aparecía como el desenlace de una lucha entre los intereses de la autoconservación y las exigencias de la libido, una lucha en la que el yo había triunfado pero al precio de graves sufrimientos y renuncias.


18. Lo que consume para fines culturales se lo sustrae en gran medida a las mujeres y a la vida sexual; el contacto constante con varones, su dependencia de las relaciones con estos lo enajenan incluso de sus tareas como esposo y padre.


19. Al entrar la juventud a la vida con tan errónea orientación psicológica, la educación se conduce como si se enviara a una expedición polar a gente vestida con ropa de verano y equipada con mapas de los lagos italianos.


20. El ser humano predominantemente erótico antepondrá los vínculos sentimentales con otras personas, el narcisista más bien autosuficiente buscará las satisfacciones esenciales en sus procesos anímicos internos, el hombre de acción no se apartará del mundo exterior en el que puede probar su fuerza.


21. ¿Acaso Dios no nos creó a imagen de su propia perfección? Pues por eso nadie quiere que se le recuerde cuán difícil resulta conciliar la existencia del mal - innegable, pese a todas las protestas de la Christian Science- con la omnipotencia y la soberana bondad de Dios.


22. El hecho de que oculte a los jóvenes el papel que la sexualidad habrá de desempeñar en su vida, no es el único reproche que se puede aducir contra la educación actual. Además, peca por no prepararlos para las agresiones cuyo objeto están destinados a ser.


23. En origen, la renuncia a los instintos es en efecto la consecuencia de la angustia frente a la autoridad externa; se renuncia a satisfacciones a fin de no perder su amor. Si uno consigue esta renuncia, está por así decir en paz con ella, no debería quedar ningún sentimiento de culpa.


24. Conocemos, pues, dos orígenes del sentimiento de culpa: la angustia frente a la autoridad y la posterior angustia frente al superyó. La primera obliga a la renuncia a la satisfacción de los instintos; la otra, dado que no se puede ocultar al superyó la persistencia de los deseos condenados, compele además al castigo.


25. La cultura actual da claramente a entender que sólo permitirá relaciones sexuales basadas en una unión única e indisoluble de un hombre con una mujer, que no acepta la sexualidad como fuente independiente de placer y sólo está dispuesta a tolerarla como fuente hasta ahora no sustituida para la multiplicación de los seres humanos.


26. (...) Me refiero a aquella orientación de la vida que hace del amor el centro de todas las cosas, que deriva toda satisfacción del amar y ser amado. Semejante actitud psíquica nos es familiar a todos; una de la formas en que el amor se manifiesta -el amor sexual- nos proporciona la experiencia placentera más poderosa y subyugante, estableciendo así el prototipo de nuestras aspiraciones de felicidad.

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