Frases de Trópico de Capricornio

Trópico de Capricornio

43 frases de Trópico de Capricornio (Tropic of Capricorn) de Henry Miller... Historia del despertar espiritual del autor, que gira en torno a sus años conflictivos con su mujer June Miller, y el proceso de encontrar su voz como escritor.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Henry Miller son: peor enemigo, crecimiento espiritual, crueldad, ser uno mismo, hacerse cargo de uno mismo, hacer que suceda, problemas de pareja.

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Frases de Trópico de Capricornio Henry Miller

01. (...) Era el peor enemigo de mí mismo.


02. (...) Era el producto maligno de un suelo maligno.


03. ¿Qué es un polvo, cuando, lo que busco es amor?


04. Era el pasado, que es el único que abarca la eternidad.


05. No se podía saber si era un monstruo o un santo.


06. La gente es idiota por naturaleza, perezosa por naturaleza, cobarde por naturaleza.


07. Nunca me sentía solo, y menos que nunca cuando estaba solo.


08. Los resultados de una buena acción, de una palabra amable, son incalculables.


09. La sagaz inteligencia de un zorro y...La total crueldad de un chacal.


10. (...) Pues no pertenecer a algo duradero es la peor de las agonías.


11. La acción es importante, aun cuando entrañe una actividad fútil.


12. Son los justos los que nunca han conocido el secreto de la confraternidad humana.


13. Dios es la suma de todos los espermatozoides, que han alcanzado la conciencia plena.


14. Siempre creía en algo y, por eso, me metía en líos.


15. Confusión es una palabra que hemos inventado para un orden que no se entiende


16. La sonrisa era tan dolorosamente rápida y fugitiva, que era como el destello de un cuchillo.


17. ¿Y acaso no es por mis delitos por lo que me siento tan unido a mi prójimo?


18. El vacío es una plenitud discordante, un mundo atestado de fantasmas en que el alma hace un reconocimiento.


19. La superficie de tu ser está desintegrándose constantemente; sin embargo, por dentro te vuelves duro como un diamante


20. Siempre que llegas al límite de lo que te exigen, te enfrentas con el mismo problema: ¡Ser tú mismo!


21. Entretejidos con su charla sobre el otro mundo iban el cuerpo entero y la textura de la obra de Lawrence.


22. En la ópera, la música carece de sentido; aquí, en la calle, presenta el tono demente preciso que le infunde intensidad.


23. Estamos bailando en el hueco de la taza de la nada. Somos de una sola misma carne, pero estamos separados como estrellas


24. Descubrí que lo que había deseado toda mi vida no era vivir -si se llama vida a lo que otros hacen- , sino expresarme.


25. (...) Tenía un ojo microscópico para la mancha, para la vena de fealdad que para mí constituía la única belleza del objeto.


26. Esto es la danza de la vida helada en el hueco de un átomo, y cuanto más bailamos, más se enfría.


27. ¿De qué servía demostrar que podía ser lo que se esperaba de mí, si no quería ser ninguna de esas cosas?


28. La noche de nuevo, la noche incalculablemente desierta, fría, mecánica de Nueva York, en la que no hay paz, ni refugio, ni intimidad.


29. Nunca he envidiado a nadie ni nada. Al contrario, lo único que he sentido ha sido compasión hacia todo el mundo y por todo.


30. No queremos morir, eso es lo malo que tenemos. Eso es lo que da sentido a Dios y a la olla de grillos de nuestra azotea.


31. No hay absolutamente ninguna transición desde este sueño, el más agradable que conozco, hasta el meollo de un libro llamado "La evolución creadora".


32. Todos los que me rodeaban eran unos fracasados, o, si no, ridículos. Sobre todo, los que habían tenido éxito. Estos me aburrían hasta hacerme llorar.


33. Me sobraba inteligencia, pero inspiraba desconfianza. Dondequiera que fuese fomentaba la discordia; no porque fuera idealista, sino porque era como un reflector que revelaba la estupidez y futilidad de todo.


34. La gente me habría apreciado precisamente porque no me habría entendido; pero habría comprendido que no había que entenderme. Eso habría sido un alivio, como mínimo.


35. Y así sucesivamente por el puente dentro de la jaula de cristal, todos apiñados, gusanos, hormigas, saliendo a rastras de un árbol muerto y sus pensamientos saliendo también a rastras


36. (...) Pero un hombre que esté en completo desacuerdo con el resto del mundo o bien padece una colosal hipertrofia del yo o bien su yo está tan hundido, que es prácticamente inexistente.


37. La música no es Bach ni Beethoven, la música es el abrelatas del alma. Te hace tranquilizarte terriblemente por dentro, te hace tomar conciencia de que hay un techo para tu ser.


38. Desde el principio toda era caos, como he dicho. Pero a veces llegué a estar tan cerca del centro, del núcleo de la confusión, que me asombraba que no explotara todo a mi alrededor.


39. En todos los sitios donde hace frío hay gente que se mata a trabajar y, cuando tienen hijos, les predican el evangelio del trabajo, que, en el fondo, no es sino la doctrina de la inercia.


40. Todo se hacía pensando en el mañana, pero el mañana nunca llegaba. El presente sólo era un puente, y en él siguen gimiendo, como el mundo, y ni a un solo idiota se le ocurre volar el puente.


41. ¡Caos! ¡Un caos tremendo! No es necesario escoger un día concreto. Cualquier día de mi vida -allá, al otro lado del charco- serviría. Cualquier día de mi vida, mi minúscula, microcósmica vida, era un reflejo del caos exterior.


42. Lo que ahora me parece la prueba más maravillosa de mi aptitud o ineptitud para con los tiempos es el hecho de que nada de lo que la gente escribía o hablaba tenía el menor interés para mí. Lo único que me obsesionaba era el objeto, la cosa separada, desprendida, insignificante.


43. Pierdo el recuerdo de las palabras, incluso de su nombre que pronuncié como un monomaníaco. Olvidé qué aspecto tenía, qué sensación producía, cómo olía, mientras penetraba cada vez más profundamente en la noche de la caverna insondable. La seguía hasta el agujero más profundo de su ser, hasta el osario de su alma, hasta el aliento que todavía no había expirado de sus labios. Busqué incansablemente a aquella cuyo nombre no estaba escrito en ninguna parte, penetré hasta el altar mismo y no encontré nada.

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