Frases del libro "Tótem y tabú" de Sigmund Freud

Tótem y tabú

Disfruta de estas 18 frases de "Tótem y tabú"... Obra filosófica y antropológica, cuyos fragmentos tocan cuatro temas: temor al incesto, tabú y la ambivalencia de las emociones, Animismo, magia, y la omnipotencia de los pensamientos y regresión infantil del totemismo.

Índice

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en las frases y pensamientos de "Tótem y tabú", de Sigmund Freud son: psicoanálisis, opresión, represión, sociedad de consumo, paranoia, psicología, culpabilidad, duelo psicológico, sueños, pecado, sociedad capitalista, inconsciente colectivo, neurosis, individuo y sociedad, inconsciente, pecado original, interpretación de los sueños, neurótico, libido.

Frases de "Tótem y tabú"

01. ¿Mas por qué la actitud afectiva hacia el soberano comporta un elemento tan poderoso de hostilidad inconsciente?


02. No debemos olvidar, sin embargo, que el tabú no es una neurosis, sino una formación social.


03. Pero la proyección no es únicamente un medio de defensa. La observamos asimismo en casos en los que no existe conflicto.


04. Si las malas inclinaciones no existieran, no habría crímenes, y si no hubiera crímenes, no habría tampoco necesidad de prohibirlos.


05. Pero a este duelo sigue una regocijada fiesta en la que se da libre curso a todos los instintos y quedan permitidas todas las satisfacciones.


06. El proceso patológico de la paranoia utiliza realmente el mecanismo de la proyección para resolver estos conflictos surgidos en la vida psíquica.


07. ¿Cómo explicaremos ahora esta inesperada nobleza del neurótico que no teme nada por sí mismo y lo teme todo por la persona amada?


08. Los objetos de que un hombre se sirve constantemente, sus vestidos, sus útiles de trabajo y sus armas, son también tabú para los demás.


09. Lo esencial en el sueño son las ideas latentes, y estas ideas poseen siempre un sentido, son coherentes y se hallan dispuestas conforme a un cierto origen.


10. El proceso termina más bien con la intervención de un mecanismo psíquico particular, designado habitualmente en el psicoanálisis con el nombre de proyección.


11. La posesión de estos objetos equivale al dominio de la persona de que provienen, la cual experimenta todos los efectos del mal que se inflige a los mismos.


12. En el mito cristiano, el pecado original de los hombres es indudablemente un pecado contra Dios Padre. Ahora bien: si Cristo redime a los hombres del pecado original sacrificando su propia vida, habremos de deducir que tal pecado era un asesinato.


13. No es cierto que los neuróticos obsesivos, que en nuestros días sufren la presión de una supermoral, no se defiendan sino contra la realidad psíquica de las tentaciones y se castiguen tan sólo por impulsos no traducidos en actos.


14. El hombre permanece hasta cierto punto narcisista, aun después de haber hallado para su libido objetos exteriores; pero los revestimientos de objeto que lleva a cabo son como emanaciones de la libido que reviste su yo y pueden volver a él en todo momento.


15. La sociedad reposa entonces sobre la responsabilidad común del crimen colectivo, la religión sobre la consciencia de la culpabilidad y el remordimiento, y la moral, sobre las necesidades de la nueva sociedad y sobre la expiación exigida por la consciencia de la culpabilidad.


16. La magia responde a fines muy diversos, tales como los de someter los fenómenos de la Naturaleza a la voluntad del hombre, protegerlo de sus enemigos y de todo género de peligros y darle el poder de perjudicar a los que le son hostiles.


17. El psicoanálisis nos ha enseñado, en efecto, que el hombre posee en su actividad espiritual inconsciente un aparato que le permite interpretar las reacciones de los demás; esto es, rectificar y corregir las deformaciones que sus semejantes imprimena la expresión de sus impulsos afectivos.


18. Soñamos durante la noche, y hemos aprendido a interpretar nuestros sueños. Sin renegar de su naturaleza, pueden los sueños mostrarse confusos e incoherentes, pero pueden también imitar el orden de las impresiones de la vida real, deduciendo un suceso de otro y estableciendo una correlación entre diferentes partes de su contenido, aunque nunca hasta el punto de no presentar algún absurdo o alguna incoherencia.

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