Frases de Relatos de Sebastópol

Relatos de Sebastópol

18 frases de Relatos de Sebastópol (Sevastopolskiye rasskazy) de León Tolstói... Tres relatos cortos dónde Tolstói documenta sus experiencias durante el sitio de Sebastopol (1854-1855), en plena Guerra de Crimea (1853-1856). Estos textos forman la base de muchos capítulos de su obra maestra, Guerra y paz.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de León Tolstói son: memorias, venganza, vanidad, consecuencias de la guerra, historia de rusia, historia militar, guerra de crimea, flota del mar negro de la armada de rusia, disputa entre rusia y ucrania.

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Frases de Relatos de Sebastópol León Tolstói

01. Era notable su energía, pero ésta no recibía impulso sino del amor propio.


02. En Sebastópol no me convertí en un general de las armas, sino de las letras.


03. La pólvora y la sangre no consiguen resolver una cuestión que los diplomáticos no supieron zanjar.


04. - ¿Está usted herido? -le preguntó el Emperador. -Con permiso de Vuestra Majestad, ¡estoy muerto! -respondió el ayudante, que cayendo del caballo expiró en el sitio.


05. (...) Había tenido tiempo de habituarse a la idea de que sería irremisiblemente muerto y de que no pertenecía ya al mundo de los vivos.


06. Oíd sus dichos, fijaos en su animación, y descubriréis en ellos sentimientos que tal vez no esperabais encontrar: el del odio al enemigo, el de la venganza.


07. La expresión de su rostro, francamente feo, no revela gran capacidad intelectual; pero la buena fe, el buen sentido, la honradez y el amor al orden se leen en él con claridad.


08. ¿Por qué los Homeros y los Shakespeare hablan de amor, de gloria y de sufrimientos mientras que la literatura de nuestro siglo abarca sólo la interminable historia del esnobismo de la vanidad?


09. ¡Vanidad, vanidad y sólo vanidad ¡Hasta junto al ataúd y entre gentes prontas a morir por una idea elevada! ¿No será, la vanidad el rasgo característico, la enfermedad que distingue al siglo actual?


10. (...) Veréis en cada uno de ellos un Napoleón en pequeño, un monstruo presto a cometer una batalla, a matar una centena de hombres para obtener alguna estrella más o una mejora de sueldo.


11. Y ante la idea de que estáis asimismo, en el propio Sebastopol, sentís, invadida el alma por una sensación de orgullo y valentía, y la sangre circula con mayor rapidez en vuestras venas.


12. El subteniente Koseltzoff que acababa de interrogarlo, no era un oficial adocenado ni de aquellos que viven de cierto modo porque los demás vivan y obren así. Su naturaleza hallábase dotada con abundancia de cualidades relativamente superiores.


13. El héroe de mis relatos, aquel a quien amo con todas las fuerzas de mi espíritu; el que he tratado de reproducir con toda su hermosura; el que ha sido y es y será siempre bello, ¡es la verdad!


14. (...) Los principales elementos de que se compone la fuerza de Rusia, la simplicidad de espíritu y de obstinación, veréis asimismo, que el peligro, las miserias y las penalidades de la guerra, han impreso en aquellas fisonomías la conciencia de su dignidad, de una idea elevada, de un sentimiento noble.


15. Ved a los defensores de la plaza, en el lugar mismo de la defensa, o mejor aún, entrad directamente en aquel edificio a cuya, puerta están los camilleros, y contemplaréis a esos defensores de Sebastopol, y presenciaréis espectáculos horribles y tristísimos, grandiosos y cómicos, pero conmovedores y propios para elevar el alma.


16. ¿Por qué no existen en nuestros días más que tres clases de hombres: unos que aceptan la vanidad como un hecho existente, necesario, y por consecuencia justo, y que se someten a él libremente; otros que la consideran como un elemento nefasto, pero imposible de destruir, y los últimos que obran bajo su influencia con inconsciente servilismo?


17. Tal vez hubiera, sido mejor callar, pues quizá lo que dije esté en el número de las verdades perniciosas, obscuramente sepultadas en el alma de cada cual, y que para proseguir siendo inofensivas no deben ser reveladas, así como no hay que agitar el vino viejo por miedo de que los posos no se revuelvan y suban y el líquido se enturbie.


18. Algo más lejos, un veterano se muda de ropa. Su rostro y su cuerpo aparecen de idéntico atezado color y con demacración de esqueleto. Fáltale un brazo, desarticulado por el hombro; se halla sentado sobre la cama; está ya restablecido, pero en su mirada sin brillo, sin vida, en su espantosa delgadez, en su faz arrugada, comprendéis que aquel pobre ser pasó ya la parte mejor de su existencia padeciendo.

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