Frases de Levantado del suelo - 3

81. Esto es lo que parece útil sobre la caballería, pero lo que vuestra majestad mande disponer será lo más conveniente.


82. Es la guerra aquel monstruo que antes de devorar a los hombres les vacía los bolsillos, uno a uno, moneda tras moneda.


83. Por estas carencias o por otras semejantes inventamos historias de tesoros escondidos, o ya las encontramos inventadas, señal de mucha necesidad antigua.


84. Vendrá la guardia a Monte Lavre para llevarlos, a rastras por las orejas y a patadas en el culo, son descomedimientos del lenguaje.


85. Pagaba el administrador el salario, y con esto había que gobernar los cuerpos y reponer fuerzas donde todos los días se gastaban.


86. La muerte es un gran rasero que pasa sobre el celemín de la vida y echa fuera lo que está de más.


87. Esta tierra es amplia y plana, lisa como la palma de la mano, aunque muchas de éstas, por designio de la vida, tienden a cerrarse.


88. El diablo no existe, no hace tratos, eso de jurar y prometer es hablar en vano, lo que no consigue el trabajo no lo consigue nada.


89. Todavía era un chiquillo que mira aún los árboles más como sostén de nidos que como productores de corcho, bellotas o aceitunas.


90. En cuestión de amores, tanto despuntan en solitarios de cristal tras las ventanas, como florecen bravos entre la carrancas, sólo el lenguaje es diferente.


91. Y un día, mucho más tarde, cada cosa a su tiempo, irá a Francia a cambiar años de vida por moneda mas fuerte.


92. El diablo no existe, no hace tratos, eso de jurar y prometer es hablar en vano, lo que no consigue el trabajo no lo consigue nada.


93. Un capataz es, en primer lugar, un criado, con privilegios y remuneración acordes con el exceso de trabajo que es capaz de arrancar a la cuadrilla.


94. Sara de la Concepción, mujer de Domingo, madre de Juan, se quedó atenta, mirando al fuego, como quien espera que le repitan un recado mal entendido.


95. Dé vuestra majestad un litro de su sangre, roja o azul tanto da, que tras estar derramada en el suelo media hora, del color del suelo acaba.


96. Salieron las visitas, pasó la hora, y nadie vino a ver a Juan Maltiempo, se burlan de él los compañeros, son maneras de virilidad estúpida.


97. Cuando se hacen bodas en el campo, a veces viene ya un hijo en la barriga. Echa el cura la bendición a dos y cae sobre tres.


98. La vida no sólo es nacer, trabajar y morir, a veces tenemos también que rebelarnos, y es de eso de lo que os voy a hablar.


99. Cuando la tierra ya no pueda con tanta agua, no merecerá la pena saber si es el cielo quien nos moja, o si es la tierra quien nos encharca.


100. La gran paciencia del tiempo, y otra, no menor, del dinero, que, excepto el hombre, es la más constante de todas las medidas, incluso variando como las estaciones.


101. Por todas las haciendas corrían vientos de insurrección, un roznido de lobo acorralado y hambriento que gran daño causaría si acaba en ejercicio de dientes.


102. Dios les dé mejor destino, porque del progenitor sólo mal puede decirse, entre el vino y el aguardiente, entre el martillo y la tachuela, iba cada vez peor.


103. Son palabras que se dicen siempre en estas y parecidas circunstancias, no hay que tomarlas en serio ni unas ni otras, tanto las que acusan como las que quieren absolver.


104. Se cuentan las horas de trabajo con los dedos de las tres manos, cuando no hay que ir a la cuarta mano de la bestia para enumerar lo que falta.


105. La bendición, abuelo, cómo se encuentra, está mejor, y yo hago un gesto con la mano, es lo que resta de las bendiciones, ya nadie cree en ellas.


106. Los padres no pueden hacerlo todo. Los padres ponen a los hijos en el mundo, hacen por ellos lo poco que saben, y quedan a la espera de que lo mejor ocurra.


107. Minúscula es la barca de la familia Maltiempo, chato su fondo, y sólo por azar y por necesidad de esta historia no han naufragado ya todos cuanto en ella van.


108. Hay gente que se vende por muy poco. Venderse por poco o por mucho no es diferente, lo malo no está en que sea por un céntimo o por un millón.


109. No es que uno quera mal a las religiones, pero cómo va este hombre predicando por ahí la salvación de los hombres todos cuando no supo salvar a sus camaradas pocos.


110. Recibió un balazo en la cabeza y al principio ni se lo creía, sacudió la cabeza como si le hubiera picado un bicho, pero luego comprendió, Ah, malditos, me habéis matado.


111. Parecería inconveniente estar cerca cuando un hombre ya con canas llora como un chiquillo, qué destino nos toca. Son escrúpulos que haremos bien en aceptar sin mayor análisis o discusión.


112. Se ha levantado ya, enciendo el fuego,empuja la tiznada cafetera para calentar café, que es el nombre que se sigue dando a esta mixtura de cebada, o achicoria, o altramuces quemados y molidos.


113. Da el mar un topetazo en la costa, es una manera de decir y no todos van a ser capaces de entenderlo, porque por estos lados abundan los que jamás han ido tan lejos.


114. La mirada muy azul del hijo, insólita luz clara que desde la cuna solía mirarlo, transparente y severa, como alguien que se sintiera exiliado entre ojos oscuros, castaños, en qué familia he nacido.


115. No se puede creer en el cura Agámedes que viene e su almuerzo dominical en casa de Floriberto, y buen almuerzo que fue, como se comprueba por el eructo que resuena en todo el latifundio.


116. Las dos luciérnagas, que habían estado a la espera, se ponen de nuevo a volar, pegadas al suelo, con tal claridad que los centinelas de los hormigueros gritaron adentro que estaba saliendo el sol.


117. El destino. Ha estado aquí esperándonos con las piernas cruzadas, éste es el gran defecto de los destinos, no hacen nada, se ponen a la espera, a ver, y somos nosotros quienes tenemos que hacerlo todo.


118. Se cometen grandes injusticias por culpa de las apariencias, y una fue el caso de la madre de Manuel Espada, mujer que parecía de granito y que por la noche se derramaba dulce en la cama.


119. La recién nacida está tendida sobre la sábana, la golpearon en cuanto vino al mundo y ni de tanto precisaba porque en su garganta voluntariamente se estaba ya formando el primer grito de su vida.


120. Para entrar en la vida nueva con barba de quince días. Estas caras, que la mayor parte del tiempo andan barbadas, cuando les entra la navaja quedan como inocentes indefensas, nos oprime el corazón tanta fragilidad.

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