Frases de La sonrisa etrusca

La sonrisa etrusca

24 frases de La sonrisa etrusca de José Luis Sampedro... Enfermo de cáncer, Salvatore Roncone es trasladado por su hijo Renato a Milán para recibir tratamiento médico. Cuando conoce a su nieto Bruno, aparece en él algo que creía extinto.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de José Luis Sampedro son: resistencia, importancia de la familia, lucha contra la enfermedad, amor por la naturaleza, cáncer, vida rural, relación abuelos-nietos, complicidad.

Frases de José Luis Sampedro Libros de José Luis Sampedro

Frases de La sonrisa etrusca José Luis Sampedro

01. Solo vale la serenidad, cuando debajo hay fuego.


02. Qué importa mi boca cerrada, ¡Cuando piensas con alma te oyen!


03. La felicidad, tan intensa que le duele, anega sus palabras.


04. Duerme tranquilo (...) El aire huele a mies recién cortada y es dulce, dulce respirar, estar vivo...


05. No es un matorral ardiendo; sino un manantial para siempre. No hay sed que no apague.


06. Manos de hombre, manos para todo: salvar y matar...


07. Ya está dado el paso definitivo, ya el recuerdo deja de ser nostalgia para ser liberación...


08. En un súbito impulso se abrazaron, se abrazaron, se abrazaron. Metiendo cada uno en su pecho el del otro hasta besarse con los corazones.


09. Si el niño no estuviera tan profundamente dormido sentiría en su moflete de nardo la lágrima resbalada desde la vieja mejilla de cuero.


10. En la conducta humana lo que no es orgánico es social. (...) Nuestra conducta es genes, adrenalina, etcétera, combinados con la educación y los condicionamientos sociales.


11. "Aunque me mientas, dime que me quieres". Yo se lo repetía, y muchas cosas dulces...(...) Seguramente era feliz, sí, seguramente...Era bonito, ¿Sabes? ; hacer feliz es bonito...


12. (...) Sereno ante la puerta que pronto traspasará, porque ya sabe como vencer al destino, atrincherándose en lo indestructible: el momento presente. Viviendo el ahora en todo su abismo.


13. Recuerda bien lo que te digo, hijito; no lo olvides: las mujeres te sorprenderán siempre. Crees que ya conoces toda la baraja, desde la reina a la sota, y te sale carta nueva.


14. A veces, al pasar con los platos a espaldas de la tía, Simonetta dedica al viejo risueñas muecas de complicidad. Así su presencia juvenil hace florecer unas lilas en el corazón cansado.


15. El viejo se sorprende a sí mismo estrujando contra su pecho el cuerpecillo cálido y, asustado, afloja el brazo por temor a ahogarle, para volver a estrecharlo en el acto, no se le vaya a caer...


16. ¿Cuánto tiempo aún podrá contemplar ese rostro invulnerable que siempre le inspiró seguridad? La vida les ha distanciado, llevándoles a mundos diferentes y, sin embargo, ¡Cómo echará de menos la sombra protectora del viejo roble!


17. Allí se levantaría enseguida, para su ronda matinal: pisar la tierra húmeda todavía del relente nocturno, respirar aire recién nacido, ver ensancharse la aurora por el cielo, escuchar los pájaros... Allí sí, pero aquí...


18. Nunca estarás solo, Brunettino mío; todas mis noches son tuyas. Tengo mucho que contarte, todo lo que te conviene saber; lo que yo tardé en aprender, pues tengo la cabeza dura, y hasta lo que no he sabido hasta ahora contigo.


19. Y los silencios lo cantan todo, son la vida entera de cada uno resucitando, reconstruyéndose y requiriendo a la otra para completarse; son las existencias de ambos abrazándose en un trenzado de anhelos y esperanzas. Por eso tras de cada silencio fluyen las revelaciones...


20. A la mañana siguiente Andrea acaba transigiendo, después de consultar su maldito libro de criar niños, donde dice a qué hora exacta deben despertarse y cuándo han de tener hambre ¡Como si eso no lo supieran de siempre las madres que no saben leer!


21. Ella ofrece su mejilla como cuando él le llevó las rosas y él se quita el sombrero y la besa en las dos. Cuando se aleja, después de verla entrar, se lleva consigo una suavidad en los labios, un roce de cabellos en su frente, un sereno perfil en su memoria.


22. Se detienen ante un quiosco. Le fascinan las portadas de las revistas; como a los niños las estampas. ¡Qué culos, qué tetas! Ahora lo enseñan todo. De gusto, los ojos no envejecen... Pero también cabrea. ¡Pura mentira de papel nada más! Calentarse y no tocar; ¡Hace falta ser tan frío como los milaneses para aguantarlo!


23. Dios no hizo bien las cosas: deberíamos vivir tantas veces como los árboles, que pasado un año malo echan nuevas hojas y vuelven a empezar. Nosotros sólo una primavera, sólo un verano y al hoyo...Por eso has de echar bien tus ramas desde ahora. Yo nací en pedregal y no me quejo, llegué a enderezarme solo. Pero pude haber florecido mejor...


24. Experiencia trivial, me diréis. Pero, pensadlo bien: ¿Acaso no es milagro la luna, el mar, una rama en la brisa, todo lo cotidiano? ¿No es mágica la palabra? ¿No os asombra que yo, ahora mismo, mediante sencillos signos, esté reviviendo para vosotros el temblor de aquella emoción? Llamamos trivial al milagro que nos pasa inadvertido, pero yo aquella noche tuve suerte. La vida me dio clarividencia y el niño se me hizo futuro germinando en mis brazos, dispuesto a colmarse de gentes y experiencias, pasiones y secretos. Me vi ya muerto, pero recordado en él. Me deleité en ser viejo porque así paladeaba mejor aquel instante inmortal. Me hice simple cuna de su puro existir, sentí como carne mía la suya en mis brazos...

Obras similares

Obras que comparten tramas, ideas o sucesos históricos con "La sonrisa etrusca" de José Luis Sampedro.

Libros parecidos

Síguenos