Frases de La peste

La peste

45 frases de La peste (La peste) de Albert Camus... Historia de unos doctores que descubren el sentido de la solidaridad en su labor humanitaria en la ciudad argelina de Orán, mientras esta es azotada por una plaga.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Albert Camus son: sentido de la vida, solidaridad, poder del amor, plaga, dignidad del ser humano, existencialismo, ficción con médicos, voluntad inquebrantable, búsqueda de consuelo, belleza de la vida, labor humanitaria, pandemia, ciudad de orán (argelia), situación límite.

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Frases de La peste Albert Camus

01. Mentir cansa mucho.


02. La estupidez insiste siempre.


03. Hoy la verdad es una orden.


04. Sucede que aveces se sufre durante mucho tiempo sin saberlo.


05. Todas las desgracias de los hombres provienen de no hablar claro.


06. Uno se cansa de la piedad, cuando la piedad es inutil.


07. Pero los religiosos no tienen amigos. Lo tienen todo puesto en Dios.


08. Las hipótesis, en la ciencia como en la vida, son siempre peligrosas.


09. En el hombre hay más cosas dignas de admiración que de desprecio.


10. El hábito de la desesperación es peor que la desesperación misma.


11. Pero allí donde unos veían la abstracción, otros veían la realidad.


12. Hay una cosa que se desea siempre y se obtiene a veces: la ternura humana.


13. El gran deseo del corazón inquieto es el de poseer interminablemente al ser que ama.


14. Por falta de tiempo y de reflexión, se ve uno obligado amar sin darse cuenta.


15. ¿Quién podría afirmar que una eternidad de dicha puede compensar un instante de dolor humano?


16. Cuando yo era joven vivía con la idea de mi inocencia, es decir, sin ninguna idea.


17. Todo lo que el hombre puede ganar al juego (...) de la vida es el conocimiento y el recuerdo.


18. Ha habido en el mundo tantas pestes como guerras y, sin embargo, pestes y guerras cogen a las gentes siempre desprevenidas.


19. Bien sé que el hombre es capaz de acciones grandes, pero si no es capaz de un gran sentimiento no me interesa.


20. (...) Es incapaz de sufrir o de ser feliz largo tiempo. Por lo tanto, no es capaz de nada que valga la pena.


21. Todo lo que el hombre puede ganar al juego de la peste y de la vida es el conocimiento y el recuerdo.


22. Algo que se aprende en medio de las plagas: que hay en los hombres cosas más dignas de admiración que de desprecio.


23. Y, en fin de cuentas, uno ve que nadie es capaz de pensar realmente en nadie, ni siquiera durante la mayor de las desgracias.


24. Nada en el mundo merece que se aparte uno de los que ama. Y sin embargo, yo también me aparto sin saber por qué.


25. Al convertirse la peste en el deber de unos cuantos se la llegó a ver realmente como lo que era, esto es, cosa de todos


26. El modo más cómodo de conocer una ciudad es averiguar cómo se trabaja en ella, cómo se ama y cómo se muere.


27. Hay los que tienen miedo y los que no lo tienen. Pero los más numerosos son los que todavía no han tenido tiempo de tenerlo.


28. Llegué a tener la convicción de que la sociedad en que vivía reposaba sobre la pena de muerte y que combatiéndola, combatía el crimen.


29. Desde el principio de toda historia el azote de dios pone a sus pies a los orgullosos y a los ciegos. Meditad en esto y caed de rodillas.


30. ¿Cómo sugerir, por ejemplo, una ciudad sin palomas, sin árboles y sin jardines, donde no pueden haber aleteos ni susurros de hojas, un lugar neutro, en una palabra?


31. Hace ocho años que no puedo decir que murió; solamente se borró un poco más que de costumbre, y cuando me volví a mirarla ya no estaba allí.


32. Pero veía que no era capaz de expresarse más que en el lenguaje convencional con el que los hombres intentan expre­sar todo lo que les une a la humanidad.


33. Cuando la historia misma empezó a estar escasa de profecías, se las encargaron a los periodistas, que en este punto, por lo menos, resultaron tan competentes como sus modelos de los siglos pasados.


34. Pero sabía también que llega a suceder que la abstracción resulta a veces más fuerte que la felicidad y que entonces, y solamente entonces, es cuando hay que tenerla en cuenta.


35. La prensa, tan habladora en el asunto de las ratas, no decía nada. Porque las ratas mueren en la calle y los hombres en sus cuartos y los periódicos sólo se ocupan de la calle.


36. Estoy harto de la gente que muere por una idea (...) he llegado a convencerme que el fondo es criminal. Lo que me interesa es que uno viva o muere por lo que ama (...) el hombre no es una idea.


37. Sentía que su madre lo quería y pensaba en él en ese momento. Pero sabía también que querer a alguien no es gran cosa o, más bien, que el amor no es nunca lo suficientemente fuerte para encontrar su propia expresión.


38. La primera mitad de la vida de un hombre era una ascensión y la otra mitad un descenso; que en el descenso los días del hombre ya no le pertenecían, porque le podían ser arrebatados en cualquier momento, que por lo tanto no podía hacer nada con ellos y que lo mejor era, justamente, no hacer nada. (...) Seguramente Dios no existía porque, si existiese, los curas no serían necesarios.


39. Pregunta: ¿Qué hacer para no perder el tiempo? Respuesta: sentirlo en toda su lentitud. Medios: pasarse los días en la antesala de un dentista en una silla inconfortable; vivir el domingo en el balcón, por la tarde; oír conferencias en una lengua que no se conoce; escoger los itinerarios del tren más largos y menos cómodos y viajar de pie, naturalmente; hacer la cola en las taquillas de los espectáculos, sin perder su puesto, etc., etc.


40. Cuando me metí en este oficio lo hice un poco abstractamente, en cierto modo, porque lo necesitaba, porque era una situación como otra cualquiera, una de esas que los jóvenes eligen. (...) Y después he tenido que ver lo que es morir. ¿Sabe usted que hay gentes que se niegan a morir? ¿Ha oído usted gritar: " ¡Jamás! " a una mujer en el momento de morir? Yo sí. Y me di cuenta en seguida de que no podría acostumbrarme a ello.


41. Todo aquel tiempo fue como un largo sueño. La ciudad estaba llena de dormidos despiertos que no escapaban realmente a su suerte sino esas pocas veces en que, por la noche, su herida, en apariencia cerrada, se abría bruscamente. Y despertados por ella con un sobresalto, tanteaban con una especie de distracción sus labios irritados, volviendo a encontrar en un relámpago su sufrimiento, súbitamente rejuvenecido, y, con él, el rostro acongojado de su amor. Por la mañana volvían a la plaga, esto es, a la rutina.


42. El resto de la historia, (...), era muy simple. Es lo mismo para todos: la gente se casa, se quiere todavía un poco de tiempo, trabaja. Trabaja tanto que se olvida de quererse. (...) El cansancio era la causa, él se había abandonado, se había callado cada día más y no había mantenido en su mujer, tan joven, la idea de que era amada. Un hombre que trabaja, la pobreza, el porvenir cerrándose lentamente, el silencio por las noches en la mesa, no hay lugar para la pasión en semejante universo.


43. El mal que existe en el mundo proviene casi siempre de la ignorancia, y la buena voluntad sin clarividencia puede ocasionar tantos desastres como la maldad. Los hombres son más bien buenos que malos, y, a decir verdad, no es esta la cuestión. Sólo que ignoran, más o menos, y a esto se le llama virtud o vicio, ya que el vicio más desesperado es el vicio de la ignorancia que cree saberlo todo y se autoriza entonces a matar. El alma del que mata es ciega y no hay verdadera bondad ni verdadero amor sin toda la clarividencia posible.


44. Cuando estalla una guerra, las gentes se dicen: "Esto no puede durar, es demasiado estúpido". Y sin duda una guerra es evidentemente demasiado estúpida, pero eso no impide que dure. La estupidez insiste siempre, uno se daría cuenta de ello si uno no pensara siempre en sí mismo. Nuestros conciudadanos, a este respecto, eran como todo el mundo; pensaban en ellos mismos; dicho de otro modo, eran humanidad: no creían en las plagas. La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar.


45. Hombres que se creían frívolos en amor, se volvían constantes. Hijos que habían vivido junto a su madre sin mirarla apenas, ponían toda su inquietud y su nostalgia en algún trazo de su rostro que avivaba su recuerdo. Esta separación brutal, sin límites, sin futuro previsible, nos dejaba desconcertados, incapaces de reaccionar contra el recuerdo de esta presencia todavía tan próxima y ya tan lejana que ocupaba ahora nuestros días. (...) Era ciertamente un sentimiento de exilio aquel vacío que llevábamos dentro de nosotros, aquella emoción precisa; el deseo irrazonado de volver hacia atrás o, al contrario, de apresurar la marcha del tiempo, eran dos flechas abrasadoras en la memoria.

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