Frases de La encantadora de Florencia

La encantadora de Florencia

21 frases de La encantadora de Florencia (The enchantress of Florence) de Salman Rushdie... Fragmentos de una encantadora historia... A finales del siglo XVI, un extranjero llega a la corte de Akbar el Grande, emperador del Imperio mongol. Es el portador de un secreto que podría proporcionarle la mayor de las fortunas o costarle la vida.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Salman Rushdie son: ficción histórica, maldición, realismo mágico, sabiduría, fábula, tener grandes sueños, renacimiento, belleza de la vida, imperio mogol.

Frases de Salman Rushdie Libros de Salman Rushdie

Frases de La encantadora de Florencia Salman Rushdie

01. (...) Resultaba ser ese accidente feliz: un mito necesario.


02. Nuestras vidas son vidas de fábula y extremos.


03. Nosotros somos el sueño de ellos (...), y ellos son el nuestro.


04. ¿Por qué borrar lo excepcional solo para que lo distinguido pareciese mejor de lo que era?


05. La maldición de la raza humana no es que seamos tan distintos unos de otros, sino que seamos tan parecidos.


06. La brujería no requiere pociones, espíritus familiares ni varitas mágicas. Con un pico de oro, el uso del lenguaje permite encantamientos de sobra.


07. Esa bien podría ser la maldición de la especie humana -respondió Mogor-. No que seamos tan distintos unos de otros, sino que seamos tan parecidos.


08. Sin agua, nada somos. Hasta un emperador, privado de agua, se vería pronto reducido a polvo. El agua es el auténtico monarca y todos somos sus esclavos.


09. Había adquirido las lenguas del mismo modo que los marineros adquirían las enfermedades; las lenguas eran su gonorrea, su sífilis, su escorbuto, su paludismo, su peste.


10. El ruido es vida, y el exceso de ruido es señal de que la vida es buena. Ya tendremos tiempo de guardar silencio cuando estemos muertos y libres de todo mal.


11. Si el poder era un grito, las vidas humanas se vivían en el eco de los gritos de los demás. El eco de los poderosos ensordecía a los desvalidos.


12. De pronto, se produjo una extraña circunstancia, una circunstancia de esas que determinan el destino de las naciones, porque cuando una multitud pierde el miedo a un ejército, el mundo cambia.


13. El calor del día arreciaba. Sin el lago, la ciudad era un cascarón reseco y encogido. El agua siguió menguando. La muerte del lago era también la muerte de Sikri.


14. Despacio, tímidamente, con gran inquietud, y repitiendo muchas veces que no era por naturaleza un hombre viajero, Ago empezó a hablar de los viajes de descubrimiento de su primo con el almirante Doria.


15. Dondequiera que residiese la bondad, no era en la obediencia ritual y reflexiva ante una deidad, sino más bien, quizá, en el descubrimiento lento, torpe y plagado de errores de un camino individual o colectivo.


16. Todos los verdaderos creyentes tienen buenas razones para no creer en ningún dios excepto el propio -adujo Birbal-, y son ellos por tanto quienes, entre todos, me dan las razones para no creer en ninguno.


17. El palacio de la memoria era de una belleza excepcional y había que tratarla con delicadeza. Puede que no fuera más que una esclava en la casa de una cortesana, pero ese respeto lo recibiría.


18. Un "niño" es un ser mimado y libre de peligros, resguardado de las verdades del mundo, autorizado a desperdiciar los años en simples juegos: una criatura que cree que la sabiduría puede adquirirse en el colegio.


19. Viajar carecía de sentido. Nos apartaba del lugar donde nuestra presencia tenía un significado, y al que conferíamos un significado consagrándole la vida, y nos transportaba a mundos de fantasía donde éramos, tanto nosotros como nuestro aspecto, francamente absurdos.


20. Si ese poderoso héroe pudo ser abatido por una cobarde jabalina, también él podía sucumbir en cualquier momento a una flecha lanzada desde la oscuridad, volando como vuela el cuervo, siniestra, mortífera y negra. Si un cuervo podía atravesar todas las defensas de su guardia y aletear en su cara, ¿Acaso no podría hacer lo mismo un asesino?


21. El pasado era una luz que, debidamente orientada, iluminaba el presente con más intensidad que cualquier lámpara contemporánea. La grandeza era como la llama sagrada del Olimpo, entregada en mano por un gran hombre a otro. Alejandro tomó como modelo a Aquiles; César siguió los pasos de Alejandro, y así sucesivamente. La comprensión era otra llama como esa. El conocimiento nunca nacía sin más en la mente humana; siempre renacía. El relevo de la sabiduría de una era a otra, ese ciclo de renaceres: eso era la sabiduría.

Obras similares

Obras que comparten tramas, ideas o sucesos históricos con "La encantadora de Florencia" de Salman Rushdie.

Libros parecidos

Síguenos