Frases de La balsa de piedra - 3

81. Siendo el mundo lo que sabemos que es, ingenuos seríamos si esperásemos de él otra cosa.


82. Tan sin importancia, como un pelo que silenciosamente cae, por simple voluntad de Dios, es lo que dicen.


83. Bien cierto es lo que dice el sabio, mientras no llega tu última hora, todo puede suceder, no desesperes.


84. El presidente dio un puñetazo en la mesa que hizo saltar el sonriente retrato de la primera dama.


85. Esas máquinas con sus movimientos simultáneos, recuerdan a la tierra en el espacio, rotación, traslación.


86. La gasolina es un producto sensible, volátil, cuando hay crisis es el primero que da la alarma general.


87. Las vidas no empiezan cuando las personas nacen, las vidas empiezan más tarde, cuántas veces demasiado tarde.


88. Ocurre muchas veces, uno se duerme y eso hace cambiar las cosas, somos los mismos y no nos reconocemos.


89. Para que las cosas existan es necesario dos condiciones, que el hombre las vea y que les ponga nombre.


90. Pero hay quien carga sobre sus hombros obligaciones más pesadas, y de ellas no se les permite huir.


91. Si uno, para que otro le guste, tuviera que esperar a conocerlo, no le bastaría la vida entera.


92. A las cosas les ocurre como a las personas, cuando no sirven se acaban, se acaban cuando dejan de servir.


93. Es en las preguntas que haces donde mientes, porque ya sabías por anticipado la respuesta. Habló la voz desconocida.


94. Este es el efecto conocido desde los ríos de la infancia de quien en la infancia tuvo ríos.


95. Pasados quince minutos, que, según la frase, parecieron quince siglos, aunque nadie haya vivido tantos siglos como para comparar.


96. Por un gran esfuerzo de transformar por la palabra lo que quizá sólo por la palabra pueda ser transformado.


97. También los inevitables saqueadores, en general aislados, que las catástrofes siempre sacan de sus cubiles o huevos serpentinos.


98. Encontraron un caballo atado, no había sido Dios quien lo puso allí para enriquecer el catálogo de sus milagros.


99. Los animales descansaban ahora más porque los humanos habían perdido el humano vicio de la impaciencia y la prisa.


100. Oiga, si se demorara por aquí, entonces sí, en poco tiempo le averiguarían la vida pasada y el destino futuro.


101. La objetividad del narrador es cosa invención moderna, basta ver que ni Dios Nuestro Señor la quiso en su Libro.


102. No todas las cosas nacen unas para otras, respondió Joana Carda, lo que, pese a ser obvio, encierra no poca filosofía.


103. Todos saben que en Marte los hombres son verdes, mientras que en la Tierra los hay de todos los colores menos ése.


104. Dijo José, Os hierve la sesera en tan poca agua, No es que sea poca el agua, sino el fuego mucho, respondió Pedro.


105. Entre el nieto que fuiste y el abuelo que serás, qué padre habrás sido, Pues ya ves, aunque malo, pero necesario.


106. La luna y el sol, El sol es de otra naturaleza y está vivo, no muerto como la luna, ésa es la diferencia.


107. No significa que no tengamos sueños y deseos, lo malo es morir antes de poder y saber vivir una parte de ellos.


108. Son animales domésticos habituados a mesa puesta y quedan ahora a la gracia de Dios, si no a las artes del diablo.


109. Dios mío, la felicidad existe, dijo la voz desconocida, y puede que no sea más que esto, mar, luz y vértigo.


110. Lo que había ocurrido es que los ricos habían abandonado el país, cuando los ricos faltan inmediatamente sufren las estadísticas.


111. Me voy aunque sea a Estambul, al infierno, ese turista era de los distraídos, estuvo en el pueblo y no vio las casas.


112. Tal vez en las últimas horas se pinten y se preparen para recibir dignamente a la muerte, la vida, al acabarse, no merece tanto.


113. Cae la tarde, el día se aleja y deja sombras dentro de los árboles, ya se ha hecho diferente el canto de las aves.


114. Coincidencias es lo que más se encuentra y se prepara en este mundo, si no son las coincidencias la propia lógica del mundo.


115. Dios Nuestro Señor, como en el tiempo en que andaba por el mundo disfrazado de pobre de pedir, probando la bondad de los hombres.


116. Pero eso no significa que no tengan sueños y deseos, lo malo es morir antes de poder y saber vivir una parte de ellos.


117. Porque, como se sabe, por la forma se llega al fondo, por el continente al contenido, por el sonido de la palabra a su significado.


118. Tienen la piel tan dura que bien podríamos volver a las palabras viejas, llamarle a la piel cuero y nos ahorramos más explicaciones.


119. El hombre es quién aún no ha conseguido aprender cómo se repiten los ciclos, con él es una vez para nunca más.


120. El sentimiento de la envidia es quizá el único que no elige clases sociales y el de más asidua manifestación en el alma humana.

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