Frases de Historia de una gaviota y el gato que le enseñó a volar

Historia de una gaviota y el gato que le enseñó a volar

19 frases de Historia de una gaviota y el gato que le enseñó a volar de Luis Sepúlveda... Aventuras de Zorbas, un gato "grande, negro y gordo", cuyo inquebrantable sentido del honor lo conduce un día a comprometerse a criar un polluelo de Kenagh, una hermosa gaviota que muere a causa de un derrame de petróleo.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Luis Sepúlveda son: tolerancia, ecología, solidaridad, compromiso, convivencia, valor de la amistad, gaviota, valorar las diferencias, historia sobre animales, sentido del honor, ficción con gatos.

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Frases de Historia de una gaviota y el gato que le enseñó a volar Luis Sepúlveda

01. Vas a volar. Todo el cielo será tuyo.


02. Sólo vuela el que se atreve a hacerlo.


03. Nunca se vuela al primer intento, pero lo conseguirás.


04. Y si todo esto es un sueño, qué importa. Me gusta y quiero seguir soñándolo.


05. Los humanos son, por desgracia, imprevisibles. Muchas veces con las mejores intenciones causan los peores daños.


06. A veces me pregunto si algunos humanos se han vuelto locos, porque intentan hacer del océano un enorme basurero.


07. Los humanos son generalmente incapaces de aceptar que un ser diferente a ellos los entienda y trate de darse a entender.


08. ¡Terrible! ¡Terrible! Si las cosas siguen así, dentro de muy poco la palabra contaminación ocupará todo el tomo tres, letra "C" de la enciclopedia.


09. -Sí, al borde del vacío comprendió lo más importante. - ¿Ah, sí? ¿Y qué es lo que comprendió? -Que sólo vuela el que se atreve a hacerlo.


10. (...) Seguía rigurosamente el código de honor de los gatos de puerto. Había prometido a la agonizante gaviota que enseñaría a volar al pollito, y lo haría.


11. - ¿Y qué te lleva a pensar que ese humano sabe volar? - Tal vez no sepa volar con alas de pájaro, pero al escucharlo siempre he pensado que vuela con sus palabras.


12. Con toda la paciencia que caracteriza a los gatos habían esperado a que la joven gaviota les comunicara sus deseos de volar, porque una ancestral sabiduría les hacía comprender que volar es una decisión muy personal.


13. (...) Permaneció allí contemplándola, hasta que no supo si fueron las gotas de lluvia o las lágrimas las que empañaron sus ojos amarillos de gato grande, negro y gordo, de gato bueno, de gato noble, de gato de puerto.


14. El gato grande, negro y gordo tomaba el sol en el balcón, ronroneando y meditando acerca de lo bien que se estaba allí, recibiendo los cálidos rayos panza arriba, con las cuatro patas muy encogidas y el rabo estirado.


15. - ¿Y por qué debo volar? -graznaba Afortunada con las alas muy pegadas al cuerpo. -Porque eres una gaviota y las gaviotas vuelan -respondía Sabelotodo-. Me parece terrible, ¡terrible! , que no lo sepas. -Pero yo no quiero volar. Tampoco quiero ser gaviota -discutía Afortunada-. Quiero ser gato y los gatos no vuelan.


16. Me da mucha pena dejarte solo -dijo el niño acariciando el lomo del gato grande, negro y gordo. (...) Era difícil decidir qué llevarse para las vacaciones y qué dejar en casa. El gato grande, negro y gordo lo miraba atento, sentado en el alféizar de la ventana, su lugar favorito.


17. -Me da miedo volar -graznó Afortunada incorporándose. -Cuando eso ocurra yo estaré contigo -maulló Zorbas lamiéndole la cabeza-. Se lo prometí a tu madre. La joven gaviota y el gato grande, negro y gordo empezaron a caminar. El lamía con ternura su cabeza, y ella le cubrió el lomo con una de sus alas extendidas.


18. Sentimos que también nos quieres, que somos tus amigos, tu familia, y es bueno que sepas que contigo aprendimos algo que nos llena de orgullo: aprendimos a apreciar, respetar y querer a un ser diferente. Es muy fácil aceptar y querer a los que son iguales a nosotros, pero hacerlo con alguien diferente es muy difícil y tú nos ayudaste a conseguirlo.


19. En el preciso momento en que giraba perezosamente el cuerpo para que el sol le calentara el lomo, escuchó el zumbido provocado por un objeto volador que no supo identificar y que se acercaba a gran velocidad. Alerta, dio un salto, se paró sobre las cuatro patas y apenas alcanzó a echarse a un lado para esquivar a la gaviota que cayó en el balcón.

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