Frases de El reino de este mundo

El reino de este mundo

32 frases de El reino de este mundo de Alejo Carpentier... Novela cuyo tema principal, lo real maravilloso, recrea de forma incomparable los acontecimientos que, a caballo entre los siglos XVIII y XIX, precedieron y siguieron a la independencia haitiana.

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Frases de El reino de este mundo Alejo Carpentier

01. ¡Escuchemos en nosotros mismos la llamada de la libertad!


02. Todos los intentos de protesta habían sido acallados en sangre.


03. Obras que sólo habían sido vistas, hasta entonces, en las arquitecturas imaginarias...


04. Todas las jerarquías burguesas de la colonia habían caído.


05. No le bastaba ser ganso para creerse que todos los gansos fueran iguales.


06. El silencio demasiado prolongado de una ciudad que ha dejado de creer en el silencio.


07. Ninguna tiranía de blancos ni de negros parecía amenazar su libertad.


08. (...) La esposa respetable se daba al adulterio con entusiasmo de inventor.


09. Nadie hacía caso de los relojes, ni las noches terminaban porque hubiera amanecido.


10. El Dios de los blancos ordena el crimen. Nuestros dioses nos piden venganza.


11. El desgarrado gemir de los pueblos llevados al exilio para construir mausoleos, torres e interminables murallas.


12. ¿Pero qué es la historia de América toda sino una crónica de lo real maravilloso?


13. ¿Pero acaso una persona culta podía haberse preocupado por las salvajes creencias de gentes que adoraban una serpiente?


14. El hombre ansía siempre una felicidad situada más allá de la porción que le es otorgada.


15. (...) Dejándose despeinar por un viento que le pegaba el vestido al cuerpo, revelando la soberbia apostura de sus senos.


16. La ciudad es buena. (...) En una ciudad siempre hay prostitutas de corazón generoso que dan limosnas a los ancianos.


17. Mujeres desnudas, aunque casi siempre provistas de velos justamente llevados, por una brisa imaginaria, a donde los reclamara la decencia.


18. Ahora se arrepentía de haberse burlado tan a menudo de las cosas santas por seguir las modas del día.


19. Esta vez la letra entraría con fuego y no con sangre, y ciertas luminarias, encendidas para ser recordadas, resultaban sumamente dispendiosas.


20. Para empezar, la sensación de lo maravilloso presupone una fe. Los que no creen en santos no pueden curarse con milagros de santos.


21. En el África, el rey era guerrero, cazador, juez y sacerdote; su simiente preciosa engrosaba, en centenares de vientres, una vigorosa estirpe de héroes.


22. En sus oídos crecía un ritmo que tanto podía ser el de sus propias venas como el de los tambores golpeados en la montaña.


23. Sus ataduras cayeron, y el cuerpo del negro se espigó en el aire, volando por sobre las cabezas, antes de hundirse en las ondas negras de la masa de esclavos.


24. En América Latina, lo maravilloso se encuentra en vuelta de cada esquina, en el desorden, en lo pintoresco de nuestras ciudades... En nuestra naturaleza... Y también en nuestra historia.


25. Los que nada habían podido salvar se regodeaban en su desorden, en su vivir al día, en su ausencia de obligaciones, tratando, por el momento, de hallar el placer en todo.


26. Nunca estaba solo aunque estuviese solo. Desde hacía mucho tiempo había adquirido el arte de conversar con las sillas, las ollas, o bien con una vaca, una guitarra, o con su propia sombra.


27. Todos los árboles se acostaron, de copa al sur, sacando las raíces de la tierra. Y durante toda la noche, el mar, hecho lluvia, dejó rastros de sal en los flancos de las montañas.


28. Hacia la ciudad del Cabo el cielo se había vuelto de un negro de humo de incendios como la noche en que habían cantado los caracoles de la montaña y de la costa.


29. Abajo, cada vez más apretados y sudorosos, los negros esperaban un espectáculo que había sido organizado para ellos; una función de gala para negros, a cuya pompa se habían sacrificado todos los créditos necesarios.


30. Cierta tarde en que lo amenazaban con meterle una carga de pólvora en el trasero, el fula patizambo acabó por hablar. El manco Mackandal, hecho un houngán del rito Radá, investido de poderes extraordinarios por varias caídas en posesión de dioses mayores, era el Señor del Veneno.


31. Lo maravilloso comienza a serlo de manera inequívoca cuando surge de una inesperada alteración de la realidad (el milagro), de una revelación privilegiada de la realidad, de una iluminación inhabitual o singularmente favorecedora de las inadvertidas riquezas de la realidad, de una ampliación de las escalas y categorías de la realidad, percibidas con particular intensidad en virtud de una exaltación del espíritu que lo conduce de un modo de "estado límite".


32. Y comprendía, ahora, que el hombre nunca sabe para quién padece y espera. Padece y espera y trabaja para gentes que nunca conocerá, y que a su vez padecerán y esperarán y trabajarán para otros que tampoco serán felices, pues el hombre ansía siempre una felicidad situada más allá de la porción que le es otorgada. Pero la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es. En imponerse tareas.

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