Frases del libro "El Lobo Hombre" de Boris Vian

El Lobo Hombre

Disfruta de estas 15 frases de "El Lobo Hombre"... Breve fábula en la que un lobo vegetariano, sumamente educado y culto, sufre una sorprendente transformación en humano.

Índice

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en las frases y pensamientos de "El Lobo Hombre", de Boris Vian son: sentido de la vida, recuerdos, absurdo, surrealismo, hombre lobo, fábulas de animales.

Frases de "El Lobo Hombre"

01. El oficio de asesino no resulta, en verdad, nada descansado.


02. Los días volvieron a pasar tan idénticos como diversos.


03. Era de carnes firmes como una barra de hielo pero su temperatura era muy otra.


04. Dejó su maleta al cuidado de la servidumbre y salió acto seguido a comprar una bicicleta.


05. El mal proviene (...) de que no siempre se da un número impar de posibles soluciones.


06. Su piel, puesta a punto de caramelo por efecto de los rayos de sol, suscitaba deseos de morder.


07. (...) El terreno de lo posible es muy amplio cuando no hay temor a que la luz se encienda.


08. Él, tan apacible y tranquilo de ordinario, había visto evaporarse en el aire tanto sus buenos principios como su mansedumbre.


09. Era cojonudo escuchar el ruido de los neumáticos de un gran automóvil sobre el pavimento. Hacían un ruido hueco y rotundo.


10. ¿A qué se debió la caída de Adán y Eva? Nadie supo responder, pues en el campo no es pecado hacer el amor.


11. El éxito de un autor depende de su mayor o menor capacidad para identificarse sobre el papel con un imbécil -confió a sus amigos.


12. Y leyó: "Si quieres avanzar por la senda de la sabiduría, no te importe pasar por imbécil e insensato en las cosas de este mundo". -Y viceversa...


13. (...) De repente, ante los viajeros, apareció una colina. El automóvil la abordó como una tromba. Llovía a cántaros. Los relámpagos enviscaban el cielo con pegajosos resplandores. La colina, creciendo paulatinamente, se convirtió en montaña.


14. Se aseó cuidadosamente, cepillándose los dientes con vigor y sonándose la nariz con los dedos. A continuacion se vistió. Los domingos comenzaba por la corbata y terminaba por los zapatos, lo cual constituía un excelente ejercicio.


15. También le gustaba, en las tardes de estío, merodear por las espesuras para sorprender a los impacientes enamorados en su lucha con el enredo de las cintas elásticas que, desgraciadamente, complican en la actualidad lo esencial de la lencería.

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