Frases de El ardor en la sangre

El ardor en la sangre

13 frases de El ardor en la sangre (Chaleur du sang) de Irene Némirovsky... La vida de un anciano se ve convulsionada tras una muerte trágica, cuando emergen uno tras otro los secretos del pasado.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Irene Némirovsky son: amante, muerte por accidente, secretos de familia, confesiones, triángulo amoroso, intrigas, pueblo chico.

Frases de Irene Némirovsky Libros de Irene Némirovsky

Frases de El ardor en la sangre Irene Némirovsky

01. Qué tontos somos de jóvenes...


02. ¡Y qué hermosas locuras, las del amor!


03. Si es por nosotros, adelante, no te apures. Vuestras historias de amor no nos interesan...


04. Cada día que pasa y que has perdido para el amor es una tragedia.


05. A mi edad, la sangre se ha apagado; lo que se siente es frío.


06. Dios mío, si a los veinte años supieras lo sencilla que es la vida...


07. Y las largas horas pasadas frente al fuego, sin hacer nada, sin leer, sin beber, sin siquiera soñar.


08. El amor conyugal tiene un poder sobrehumano. Como dice la Iglesia, es un gran misterio. No es lo único misterioso en el amor.


09. La sangre me ardía en las venas cuando pensaba en aquel mundo inmenso que vivía la vida mientras yo seguía aquí.


10. En ningún sitio es tan cierto como aquí el proverbio oriental que dice que los días se arrastran y los años vuelan.


11. Si su propia juventud volviera a aparecer ante ellos, les horrorizaría o simplemente no la reconocerían; pasarían de largo y dirían: "Ese amor, esos sueños, esa pasión, no tienen nada que ver con nosotros".


12. Lo mejor para que llegue, y me refiero a un amor auténtico, limpio y sano, es no pensar demasiado en él, no llamarlo. Si no, te equivocas. Le pones la máscara del amor a la primera cara vulgar que se presenta.


13. La forma en que un hombre bebe en compañía no tiene ningún significado; pero cuando lo hace a solas revela, sin que él lo sepa, el fondo mismo de su alma. Hay un modo de hacer girar el vaso entre los dedos, una manera de inclinar la botella y mirar cómo cae el vino, de llevarse el vaso a los labios, de sobresaltarse y dejarlo bruscamente en la mesa cuando te llaman, de volver a cogerlo con una tosecilla afectada, de apurarlo cerrando los ojos, como si se bebiera olvido a tragos, que es la de un hombre intranquilo, agobiado por las preocupaciones o por un terrible problema.

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