Frases del libro "Al sur de la frontera, al oeste del sol" de Haruki Murakami

Al sur de la frontera, al oeste del sol

Disfruta de estas 26 frases de "Al sur de la frontera, al oeste del sol"... El encuentro casual con su Shimamoto, antiguo amor platónico hace que Hajime se replantee toda su vida y descubra que diez segundos duró su verdadera felicidad.

Índice

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en las frases y pensamientos de "Al sur de la frontera, al oeste del sol", de Haruki Murakami son: primer amor, búsqueda de la felicidad, fin del amor, vida en pareja, pasión prohibida, amor platónico, comenzar de nuevo, reencuentro, amistad a través de los años, dejarlo todo por amor.

Frases de "Al sur de la frontera, al oeste del sol"

01. "Quizás" es una palabra cuyo peso no se puede calcular.


02. Hay palabras que quedan para siempre en el corazón de las personas.


03. Acciones que tengan un beneficio garantizado no existen en ninguna parte del mundo.


04. -Pensaba que no volverías -dije. Cada vez que me ves dices lo mismo.


05. Por una temporada -repetí- son palabras cuya duración no puede medir la persona que espera.


06. Era demasiado egoísta para llorar por los demás, demasiado viejo para llorar por mí.


07. En el instante en que ella bajó del coche, mi mundo perdió de golpe todo sentido.


08. Es así. Hay muchas maneras de vivir. Hay muchas maneras de morir. Pero eso no tiene ninguna importancia.


09. Todo lo que tiene forma desaparece antes o después. Sin embargo, hay un tipo de sentimientos que permanecen para siempre.


10. Lo que le había dicho, en sí, tal vez fuera correcto. Pero yo no era nadie para hablarle de aquella forma.


11. Hay muchas maneras de vivir. Hay muchas maneras de morir. Pero eso no tiene ninguna importancia. Al final sólo queda el desierto.


12. A veces pensaba que llorar me produciría alivio. Pero no sabía por qué llorar. No sabía por quién llorar...


13. Existe una línea, hay quien puede cruzarla y hay quien no. Por eso, si encuentras a alguien con talento, trátalo bien para que no se vaya.


14. La mañana siguiente, la situación no podía sino complicarse más aún. Porque yo estaba enamorado. Y ya tenía una esposa. Y dos hijas.


15. Al mismo tiempo, yo también quería saberlo todo sobre ella. Cualquier detalle insignificante. Qué comía. Cómo era su habitación. Qué se veía desde su ventana.


16. (...) No sabía que era capaz de herir a alguien tan hondamente que jamás se repusiera. A veces, hay personas que pueden herir a los demás por el mero hecho de existir.


17. (...) He investigado mucho, he practicado horas y horas. Pero mis mezclas no pueden compararse a las suyas. Aunque ponga exactamente el mismo licor y agite la coctelera exactamente el mismo tiempo, el sabor es distinto.


18. Seguía siendo una hermosa melodía. Pero nada más. Y a mí no me apetecía escuchar una vez tras otra una hermosa melodía que era, en sí misma, un cadáver.


19. (...) Hiero sin más a quienes me rodean y, de rebote, me hiero a mí mismo. Hago daño a los otros y me lo hago a mí. No es que quiera obrar así. Es que no puedo evitarlo.


20. Incluso hoy, al recordarla, imagino una plácida mañana de domingo. Un domingo tranquilo, despejado, recién estrenado. Un domingo sin deberes, libre para satisfacer cualquier capricho. A menudo, ella me hacía sentir como esas mañanas de domingo.


21. Siempre me ha perseguido algo. A medianoche me despierto sobresaltada, anegada en sudor. Son ellas. Las cosas que abandoné y que me persiguen. Tú no eres el único acosado. No eres el único que ha abandonado algo, que ha perdido algo.


22. - ¿De verdad te parezco bonita? -Preguntó Shimamoto. -Claro. Pero seguro que todo el mundo te lo dice. Shimamoto sonrió. -No creas. Además, para serte sincera, a mí no me acaba de gustar mi cara. Así que me alegra que me lo digas.


23. Me sentía lleno de felicidad. Aquel dulce tacto me caldeó el corazón durante muchos días. Pero, al mismo tiempo, me turbó, me confundió, me angustió. ¿Qué diablos tenía que hacer con aquella felicidad? ¿Hacia dónde debía conducirla?


24. Al despedirse, Izumi me había dicho: "Estoy muy contenta. Gracias". Yo también lo estaba, claro. Que una chica me permitiera besarla me parecía casi un milagro. No es que no estuviera contento. Pero me sentía incapaz de aceptar aquella dicha sin reservas.


25. Me acostumbré a ir a la biblioteca y a leer cuanto caía en mis manos. Cada vez que empezaba un libro, no podía dejarlo. Era como una droga. Leía durante las comidas, en el tren, en la cama hasta el amanecer, leía a escondidas durante las clases.


26. Contemplando ese paisaje, se me ocurrió que estaba escrito que yo debía ver esta escena algún día. No se trataba de un deja vu. No era la sensación de haberlo visto antes, sino el presentimiento de que algún día encontraría un paisaje como aquél.

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