Frases de Un amor

Un amor

20 frases de Un amor (Un amore) de Dino Buzzati... El aspecto de Antonio Dorigo y su trabajo en una oficina lo confinan a una vida gris y monótona... Hasta que conoce a Laide. ¿Quién, en algún momento, no ha sufrido por amor?.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Dino Buzzati son: sexualidad, obsesión, enamorarse, soledad, celos, prostitución, dinero, pasión prohibida, paso del tiempo, vacío existencial, capricho.

Frases de Dino Buzzati Libros de Dino Buzzati

Frases de Un amor Dino Buzzati

01. También el ejército derrotado respira cuando ha acabado la batalla.


02. Ni siquiera podía preguntar ni indagar por miedo a arruinarlo todo.


03. El amor le había hecho olvidar completamente que existía la muerte.


04. ¿Por qué no habría debido creerme? No todos son como tú precisamente.


05. ¿No se puede querer a un hombre sin irse a la cama con él?


06. Si hay algo que detesto, ¡Es hablar de nuestras cosas en presencia de extraños!


07. (...) Algo absurdo e idiota y, sin embargo, tan verdadero e intenso, que ya no encontraba sosiego.


08. (...) Hasta entonces no se había dado cuenta por fin del secreto. Un secreto muy sencillo: el amor.


09. No había vuelto a pensar en ella, la turbadora figurita olvidada y sepultada en los profundos subterráneos de la memoria.


10. ¡Qué mezquina sería nuestra exaltación espiritual, si sólo nos incumbiera a nosotros y no pudiese transmitirse a otra persona!


11. Él la quería por sí misma, por lo que representaba de hembra, de capricho, juventud, autenticidad popular, picardía, desvergüenza, descaro, libertad, misterio.


12. Era uno de tantos días grises de Milán, pero sin lluvia, con ese cielo incomprensible que no se sabía si eran nubes o sólo niebla.


13. Era el símbolo de un mundo plebeyo, nocturno, alegre, vicioso, perversamente intrépido y seguro de sí que fermentaba con vida insaciable en torno al tedio y a la respetabilidad de los burgueses.


14. ¿O sería que la violenta atracción ejercida sobre él por aquélla dependía de que en aquel momento, en aquel lugar, hubiera resultado una criatura inalcanzable, mientras que ésta estaba a su completa y fácil disposición?


15. ¿Qué placer puede dar la posesión de una mujer, cuando se sabe que se entrega sólo por el dinero? ¿Qué satisfacción podía sentir el hombre, aparte de la exclusivamente física, tan rápida y en el fondo tan discutible? La vieja objeción.


16. Era lo desconocido, la aventura, la flor de la ciudad antigua que brota en el patio de una vieja casa de mala fama entre los recuerdos, las leyendas, las miserias, los pecados, las sombras y los secretos de Milán, y, aunque muchos hubieran pasado por encima de ella, seguía lozana, delicada y perfumada.


17. Los álamos de la llanura, al desplazarse en procesión, con las espaldas curvadas, parecían decirle: detente, hombre, da media vuelta, no pienses más en ella y síguenos, no corras a tu ruina. Nosotros te conduciremos al remoto paraíso de los árboles, donde sólo existe bienestar, canto de pájaros y paz del alma. No te obstines.


18. Todo lo que nos fascina del mundo inanimado, los bosques, las llanuras, los ríos, las montañas, los mares, los valles, las estepas, más, más, las ciudades, los palacios, las piedras, más, el cielo, los ocasos, las tormentas, más, la nieve, más, la noche, las estrellas, el viento, todas esas cosas, en sí mismas vacías e indiferentes, se cargan de significado humano, porque, sin que lo sospechemos, contienen un presentimiento de amor.


19. "¿Sabes lo que soy?", le dijo (... ). "Soy una nube. Soy un rayo. Soy un arco iris. Soy una niña deliciosa". Estaba desnuda, arrodillada en la cama, abierta delante de él, lo miraba fijamente con ojos impertinentes y adelantaba los labios, con aquella mueca suya característica, sus pequeños y finos labios: provocación y desafío infantiles. Mientras tanto, Antonio, con todo su ridículo instrumental literario en la azotea, la miraba fijamente y con adoración, intimidado por tanta sabiduría instintiva.


20. El baile era -comprendió- un símbolo maravilloso del acto sexual. La regla, la disciplina, la férrea y con frecuencia cruel imposición a los miembros de movimientos difíciles y dolorosos, el constreñimiento de aquellos jóvenes cuerpos virginales para que mostraran las perspectivas más recónditas en posiciones extremadamente tensas y abiertas, la liberación de las piernas, del torso, de los brazos en su disponibilidad máxima: todo eso era para la satisfacción del hombre, a la que las bailarinas se abandonaban con ímpetu, sufrimiento y sudor. Y la belleza radicaba precisamente en ese abandono apasionado e impúdico.

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