Frases de Seda

Seda

24 frases de Seda (Seta) de Alessandro Baricco... Un hombre que atraviesa el mundo, y acaba con un lago que permanece inmóvil, en una jornada de viento. El hombre se llama Hervé Joncour. El lago, no se sabe.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Alessandro Baricco son: amante, historia de amor, objeto del deseo, nostalgia, ruta de la seda, vacío existencial, sensualidad, desengaño, viaje a japón, cultura oriental.

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Frases de Seda Alessandro Baricco

01. Somos todos maravillosos, y todos damos asco.


02. ¿Qué le hace pensar que es tan rico que puede acostarse conmigo?


03. Sus ojos la miraban fijamente, y ella entendió que eran ojos bellísimos.


04. Tarde o temprano, de todos modos, tendrás que decirle a alguien la verdad.


05. Tenía la inatacable serenidad de los hombres que se sienten en su lugar.


06. Es un dolor extraño. Morir de nostalgia por algo que no vivirás nunca.


07. Era como ver ganar al manco, en el último golpe, cuatro bandas; una geometría imposible.


08. (...) Volaban lentos, bajando y subiendo en el cielo, como si quisieran borrarlo, meticulosamente, con sus alas.


09. ¿Y en dónde queda, exactamente, ese tal Japón? -Siempre derecho hacia allá. Hasta el fin del mundo.


10. La última cosa que vio, antes de salir, fueron los ojos de ella fijos en los suyos, perfectamente mudos.


11. Lo que era para nosotros, ya lo hemos hecho y tú lo sabes. Créeme: lo hemos hecho para siempre.


12. Se habrá notado que ellos observan su propio destino del modo en que la mayoría suele observar un día de lluvia.


13. Una vez había tenido entre los dedos un velo tejido con hilo de seda japonés. Era como tener entre los dedos la nada.


14. Recordó haber leído en un libro que los hombres orientales, para honrar la fidelidad de sus amantes, no acostumbraban regalarles joyas: sino pájaros refinados y bellísimos.


15. Reclinada junto a él, con la cabeza apoyada en su regazo, había una mujer. Sus ojos no tenían sesgo oriental y su rostro era el rostro de una muchacha.


16. Parecía un catálogo de huellas de pequeños pájaros, compilado con meticulosa locura. Era sorprendente pensar que, por el contrario, eran signos, es decir, cenizas de una voz quemada.


17. La amó durante horas, con gestos que no había hecho nunca, dejándose enseñar una lentitud que no conocía. En la oscuridad era fácil amarla sin amarla a ella.


18. (...) Dejaré que tu sexo cierre a medias mi boca, entrando entre mis labios, y empujando mi lengua, mi saliva bajará por tu piel hasta tu mano, mi beso y tu mano, uno dentro de la otra, sobre tu sexo..


19. Hervé Joncour permaneció inmóvil, mirando aquel enorme brasero apagado. Tenía tras de sí un camino de ocho mil kilómetros. Y delante de sí la nada. De repente vio algo que creía invisible. El fin del mundo.


20. Telas maravillosas, seda, todo en torno a la litera, mil colores, naranja, blanco, ocre, argento, ni una hendidura en aquel nido maravilloso, sólo el rumor de esos colores ondulantes en el aire, impenetrables, más ligeros que la nada.


21. De vez en cuando, en los días de viento, Hervé Joncour bajaba hasta el lago y se pasaba horas mirándolo, puesto que dibujado en el agua le parecía ver el inexplicable espectáculo, leve, que había sido su vida.


22. (...) Hasta que al final te bese en el corazón, porque te quiero, morderé la piel que late sobre tu corazón, porque te quiero, y con el corazón entre mis labios tú serás mío, de verdad, con mi boca en tu corazón tu serás mío para siempre...

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