Frases de Santa Catalina de Siena - 2

15. Compara la memoria con un cántaro de agua lleno con las impresiones que recibimos a través de la vida de los sentidos. Si lo llenamos de nada, el cántaro vacío fácilmente se rompe o emite un sonido fuerte si se le da un golpe. Si lo llenamos de realidad, de amor de Dios, entonces es como un cántaro lleno de agua del pozo que aguanta un golpe sin romperse o sin emitir ruido.


16. Fue demasiado para hombres débiles y de escasa voluntad, que en su corazón sabían que el Papa tenía razón y que debían colaborar con él, que el Papa con palabras duras e irritadas les exigiese que en un solo día cambiasen de vida y renunciasen a todas las pequeñas y corrientes comodidades a que se habían acostumbrado para vivir una vida de abnegación propia de los ascetas más austeros.


17. Encontró un refugio en la soledad de un bosque, en un lugar donde vivían algunos ermitaños. Se ha supuesto que esta hermandad era la de los ermitaños de Vallombrosa, fundada por el santo Giovanni Gualberto, aquel que perdonó la vida a su enemigo mortal por ser Viernes Santo y después se dirigió a la iglesia más cercana y se postró a los pies del Crucificado como embriagado ante aquella nueva aventura de perdonar. Y el Salvador se inclinó y le besó.


18. Si yo fuese fiel, estoy convencida de que Dios sería para mí lo mismo que fue para los mártires, de que su poder no ha disminuido, de que Él podría y sabría y se preocuparía de darme todo lo que necesito. Pero como no lo amo, no confío debidamente en Él; el temor físico que yo sé que hay en mí demuestra cuán tibio es mi amor, que la luz de la fe está velada en mí por mi infidelidad a mi Creador y por mi presunción.


19. El sabio franciscano le entregó a Catalina la llave de su celda con el ruego de que enviase allí a alguien con el fin de que la vaciase de todo lo superfluo y se lo diese a los pobres. Fra Giovanni Tantucci hizo lo mismo. Fue éste después uno de los amigos más íntimos de Catalina, siguiéndola a Aviñón y a Roma. Cuando el Papa ordenó que hubiese siempre tres sacerdotes en compañía de Catalina, a fin de poder confesar y administrar los sacramentos a los pecadores que ella convertía, Fra Giovanni Tantucci fue uno de los tres.


20. (...) Ella compara a Cristo con una nodriza que toma la medicina amarga que su niño de pecho no puede tolerar, por ser demasiado pequeño y débil; el chiquitín tiene que tomarla a través de la leche de la nodriza. En la leche del amor divino tomamos nosotros, pobres hijitos de Dios, la amarga medicina que es la pasión de Cristo en la cruz, único remedio contra nuestra enfermedad de la muerte: el pecado. Compara también a Cristo con un caballero que fue a luchar por nosotros; por nuestra culpa bajó del cielo para combatir y vencer al diablo. La corona de espinas es su yelmo; su carne azotada, su coraza; los clavos de las manos y de los pies, sus manoplas y espuelas. Por consiguiente, nosotros tenemos que seguir a nuestro caballero y cobrar nuevo valor en nuestras pruebas y tribulaciones.

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