Frases del libro "Paraíso inhabitado" de Ana María Matute

Paraíso inhabitado

Disfruta de estas 25 frases de "Paraíso inhabitado"... Historia de Adriana, una niña que poco a poco descubre el mundo de los adultos, aunque sin llegar a entenderlo del todo y se crea un mundo fantástico creado en su imaginación.

Índice

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en las frases y pensamientos de "Paraíso inhabitado", de Ana María Matute son: sentimientos, soledad, conciencia de la muerte, convivencia, conflictos familiares, familia burguesa, infancia, don de la fantasía, valor de la amistad, segunda república española, mayoría de edad.

Frases de "Paraíso inhabitado"

01. Nací cuando mis padres ya no se querían.


02. Me senté en un rincón, esperando un trocito de silencio donde introducirme.


03. Nunca hubiera podido imaginar que una ausencia ocupara tanto espacio, mucho más que cualquier presencia. Y fui consciente de mi gran soledad. Y este conocimiento aumentaba la tristeza que ya había descubierto. Sólo que ahora era mucho mayor.


04. Me empujaba un deseo inconcreto, en donde era menos emocionante el hallazgo que la búsqueda.


05. (...) Me produjo la extraña sensación de no pisar en tierra firme, algo como una gran laguna escondida bajo las apacibles campiñas de sus palabras.


06. Se es de donde se quiere ser, y se pertenece a quienes se desea pertenecer...


07. Uno de mis recuerdos más lejanos se remonta a la noche en que vi correr al Unicornio que vivía enmarcado en la reproducción de un famoso tapiz. Con asombrosa nitidez, le vi echar a correr y desaparecer por un ángulo del marco, para reaparecer enseguida y retomar su lugar; hermoso, blanquísimo y enigmático.


08. Pero sí guardo en mi memoria el gran vacío que dejó cuando se fue. Y tuvo que pasar mucho tiempo antes de que volviéramos a encontrarnos. No sólo había desaparecido ella, también habían desaparecido el calor, la curiosidad y las ganas de conocer que me había despertado. Nunca hubiera podido imaginar que una ausencia ocupara tanto espacio, mucho más que cualquier presencia. Y fui consciente de mi gran soledad. Y este conocimiento aumentaba la tristeza que ya había descubierto. Sólo que ahora era mucho mayor.


09. Has crecido demasiado para esconder la cara en mi delantal... Has de comprender que ya no eres... Como antes.


10. Más que entrar, salíamos, y fue como sumergirse en una blanca, inmensa luz. Colgaban por todas partes sábanas, bamboleándose en los tendederos, empapadas de agua, con centelleo de nieve, levantando oleadas de blancura. Como si una fantasmal flota de veleros hubiera invadido el terrado. Ya no era el terrado, era un revivir de lecturas: La isla del tesoro, Robinson, Peter Pan y el País de Nunca Jamás... En el aire se respiraba el mar, al mismo tiempo que se oía.


11. Mamá tenía entre los dedos un papel, y llevaba puestas las gafas, lo que le daba un aire aún más severo: -Te he llamado porque aquí me cuentan que no te portas bien en el colegio. El primer día, te dormiste en la misa y, además, lloraste. Eso me extraña, porque yo estaba orgullosa de ti, precisamente porque eres una niña que no llora sin motivo.


12. Era una habitación, no en la llamada parte "noble" de la casa, sino en la zona del cuarto de estudio, el de las Tatas, el de la plancha, la cocina...


13. No puedo recordar exactamente cuándo empecé a saltar de la cama y recorrer el mundo nocturno de la casa. Suponía a todos dormidos. Y lo estaban, o no estaban, o estaban en algún lugar muy alejado de mí. Pero la casa, no. La casa despertaba precisamente entonces.


14. Nunca supe por qué razón el Unicornio había intentado escapar del cuadro y durante mucho tiempo me intrigó, y aun me atemorizó un poco.


15. "Los Pobres". Algo así como una tribu asentada al otro lado de las murallas, vagamente amenazadora, a la que había que aplacar de Navidad en Navidad con ropas usadas, latas de conservas y juguetes con los que ya nadie se divertía.


16. Y en la cocina, también existía otro retazo del mundo en que yo habitaba. Andersen me había dicho que las tazas, las teteras, los tenedores y hasta las sartenes tienen también su vida nocturna.


17. Eran los armarios de siempre, pero ahora aparecían misteriosos, paradójicamente más resplandecientes. Y me pareció que los circundaba algo semejante a una aureola. O mejor dicho, como si la misma oscuridad, cada vez más transparente, fuera una enorme lupa que aumentaba y a la vez aproximaba a mí cuanto me rodeaba: algo parecido a cuando, en soledad y silencio, poco a poco, me invadía otra oscuridad luminosa: aquélla en la que me sumergía cuando iba adentrándome en las páginas de un libro.


18. (...) A mi izquierda pasaban a ráfagas campos mortecinos, apenas vistos bajo la luz crepuscular. Me pareció que las temblorosas copas de cristal brillaban de una forma extraña, cada una como un mundo resplandeciente, independiente de la luz, como yo no había visto antes, o no había sabido ver.


19. Y entonces sentí un gran deseo de comunicar la paz o la felicidad, esa peligrosa palabra que no debe pronunciarse y que de pronto había llegado a mí. Pero sólo se me ocurrió apretarle la mano. Lo hice una sola vez, y casi al instante él me devolvió el apretón: y lo hizo dos veces. Los dos mirábamos hacia el cielo casi blanco, y con otro apretón de manos volví a decirle que le quería. Me respondió de la misma forma. Creo que nunca, ni antes ni después, he mantenido con nadie una conversación más íntima, más explícita. Ni tan bella.


20. Quiero estar siempre en el cine, quiero vivir en el cine...


21. Tal vez la infancia es más larga que la vida.


22. Por primera vez en mi vida, sentí lo que puede ser una atracción. Algo así como aquella vez que se desparramaron por el suelo todos los alfileres del costurero de Tata María, y vino Fabián, y con un diminuto imán que usaban Jerónimo y él cuando armaban el Meccano y se les caían piezas al suelo, los recogió todos.


23. No se qué edad tenía -nunca lo supe- pero todo él respiraba paz, sosiego, casi felicidad. Si la felicidad existiera, él la conocía.


24. (...) Me inundaron de paz, de bienestar. Hacía mucho, mucho tiempo que no sentía una paz y un bienestar parecidos. "La felicidad...", Me dije, como una palabra oída, o leída, y hasta aquel momento sin sentido. Una especie de sonrisa múltiple que por primera vez conocía e inundaba todo cuanto miraba. Como si sonriera con todo mi ser.


25. A veces, los recuerdos se parecen a algunos objetos, aparentemente inútiles, por los que se siente un confuso apego. Sin saber muy bien por qué razón, no nos decidimos a tirarlos y acaban amontonándose al fondo de ese cajón que evitamos abrir, como si allí fuéramos a encontrar alguna cosa que no se desea, o incluso se teme vagamente.

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