Frases de Los aires difíciles

Los aires difíciles

47 frases de Los aires difíciles de Almudena Grandes... Historia de dos extraños que huyen de su pasado y se instalan en una urbanización de la costa gaditana (Cádiz). A cientos de kilómetros de Madrid, intentan rehacer su vida. Sara, que lo tuvo todo y lo perdió, y Juan, que huye de una tragedia familiar.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Almudena Grandes son: afrontar el dolor, ausencia, comenzar de nuevo, desesperanza, destino, enamorarse, escapar, esencia de la vida, fuerza de la pasión, madrid, razón y pasión, tormentoso pasado, verdades a medias.

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Frases de Los aires difíciles Almudena Grandes

01. Parecía un hombre triste.


02. Aquel gesto desató el primer escalofrío.


03. No me vas a dejar, ¿verdad? Dime que no...


04. Dime por lo menos si estabas enamorado de mí.


05. Ambos caminaban en sentido opuesto, como si tuvieran previsto encontrarse.


06. Se equivocaba, pero las equivocaciones maduran despacio, como las personas.


07. Presintió que iba a enamorarse de aquel hombre sin remedio.


08. Quizás ni siquiera existían verdaderos motivos para tener miedo.


09. Besos como túneles, como puentes, como lazos con dos nudos.


10. Porque nos hemos equivocado, o me he equivocado yo, mejor dicho.


11. Siempre había tenido muy buen gusto, poco tiempo y menos dinero.


12. Aquella pasión, alimentada a partes iguales por su fe y su desesperanza.


13. Deberíamos olvidarlo ahora mismo, comportarnos como si ya lo hubiéramos olvidado.


14. Le gustó mucho, sin que de entrada pudiera precisar muy bien por qué.


15. Ninguno le había gustado de verdad, ninguno como aquél, que era imposible.


16. Soy tu opuesto, tu igual y tu contrario. Como un reflejo tuyo en un espejo.


17. Qué estaba pasando en todos aquellos años en los que parecía que no pasaba nada.


18. El cansancio de ser siempre necesario, la necesidad de no poder reconocer jamás que estaba cansado.


19. No se puede escapar del infierno, dejarlo atrás, confundirlo, negarse a él, negarlo, negarse a uno mismo.


20. Ya no le quedaban lágrimas, ni miedo, ni rabia, ni piedad, ni rencor, ni odio, ni nostalgia.


21. Ella era la única persona con la que estaba a gusto sin sentir la necesidad de hacer nada.


22. Dile que yo también me acuerdo de él...Al fin y al cabo, ésa es la verdad.


23. Su amor le bastaba, le consolaba, le alimentaba y le absolvía de sus errores, de su ansiedad.


24. Adoptar el gesto imperturbable de un buen jugador de póquer para encajar con sobriedad aquel grueso sarcasmo del destino.


25. No me voy a librar de ti tan fácilmente, sería demasiado sencillo, demasiado casual, demasiado atroz, es imposible, imposible.


26. Sumergida a partes iguales por el rencor y por el deseo en el espejismo de una libertad que no tenía.


27. No podía saber qué había ganado y qué había perdido cuando le asignaron un destino que no le correspondía.


28. ¿Sabes lo que me gustaría de verdad? Borrarlo. Darle a una tecla y que desapareciera. Que no hubiera aparecido nunca, mejor dicho.


29. Le obligaba a comparar lo que le convenía con lo que deseaba, y a comprender que prefería quedarse con lo que deseaba.


30. Eso es lo único que te pido, que no me mientas. Ya me han mentido bastante en mi vida, ¿Sabes? No necesito más.


31. No es más que viento pero a mí me da mucho miedo...Me da miedo que acabemos todos locos, igual que los pájaros.


32. Y ya no se acordaba de cuánto tiempo había pasado desde que alguien le había dicho por última vez que la quería.


33. La exacta cronología de su ausencia, el plazo del dolor, y el de aquel secuestro imaginario que no producía al cabo sino más dolor.


34. Conjugaba a gritos la forma pronominal de la segunda persona del imperativo del verbo dar, que jamás fuera tan pronominal, jamás yan imperativa como entonces.


35. Conocía bien ese pánico, ese cansancio de la inmovilidad, del aburrimiento grave y profundo que suele embozarse en nombres más sonoros, hastío, angustia, desesperanza.


36. Si viviéramos juntos, dejarías de quererme, no me soportarías, estoy segura, lo he pensado muchas veces. Es mejor así, hazme caso, es mucho mejor así.


37. Se preguntó si todo aquello, una nueva casa, un nuevo trabajo, un nuevo lugar para vivir, no habría sido un error. Aún era demasiado pronto para saberlo.


38. Nunca lograría reconstruir con precisión el momento exacto en el que despertó, pero sí estuvo segura de no habérselo debido a ningún beso de nadie.


39. Por eso me gustan. Porque no retroceden ante los obstáculos, sino que los rodean, que es una manera distinta de huir. Son astutos, pero no cobardes, ¿Te das cuenta?


40. Había llegado a dirigir con éxito hasta sus propios sentimientos, y sin embargo, un día empezó a darle todo igual y ya no se dio cuenta de nada.


41. Con el tiempo comprendería que aquel episodio había nacido de sí misma, de su propia confusión, sus propias dudas, como ninguna acción que hubiera emprendido conscientemente antes.


42. Se besaron durante mucho rato sin dejar de mirarse, como si los dos pudieran adivinar al mismo tiempo lo raro y lo bueno que cada uno de ellos era para el otro.


43. Miedo de que me guste, porque en el fondo no me apetece que me guste, y miedo de que no me guste, porque entonces lo dejaré, y a lo mejor ya no hay más.


44. Algunos trenes circulan tan despacio que parece que no avanzan, que nunca han llegado a abandonar la estación, pero se mueven. Con ese ritmo pasan los años oscuros, insensibles fragmentos de un tiempo engañoso.


45. No podía recordar nada más que imágenes sueltas en blanco y negro, como siluetas recortadas de viejas fotografías sin contraste y sin relieve, figuras y objetos del color de las cosas que sólo existen a medias.


46. Y la besó. Sabía que estaba jugándose la vida en aquel gesto, y se la jugó a una carta que no era la mejor, que quizás ni siquiera era buena, pero que era la única que había llevado siempre en los bolsillos.


47. La ambigüedad de una relación que era pública pero también era secreta, que era un noviazgo pero era un adulterio, un amor confuso que había ido creciendo y complicándose a la vez para medrar y hacerse fuerte en sus contradicciones.

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