Frases de Las cosas que no nos dijimos

Las cosas que no nos dijimos

33 frases de Las cosas que no nos dijimos (Toutes ces choses qu'on ne s'est pas dites) de Marc Levy... Cuatro días antes de su boda, Julia recibe una llamada del secretario personal de Anthony Walsh, su padre, que siempre estuvo ausente. No podrá asistir a la boda, ha muerto. ¿Cómo recuperar el tiempo?.

Frases de Marc Levy Libros de Marc Levy

Frases de Las cosas que no nos dijimos Marc Levy

01. Es perfecto, bueno, no, tú eres perfecta, no el vestido.


02. ¡Te preocupa demasiado lo que los demás piensan de ti!


03. Aprende a no tener miedo de las palabras. Las palabras adecuadas son importantes.


04. Cuando se le presta atención, la vida nos ofrece señales asombrosas.


05. Lo que más daño hace en el amor es la cobardía.


06. Por muchas burradas que nos soltemos, eres mi mejor amiga, y yo también te quiero.


07. Demasiado tarde es un concepto que sólo se aplica a las cosas que ya son definitivas.


08. Aprovecha bien estos pocos días: ¡los viajes que uno hace de joven lo marcan para toda la vida!


09. Basta a veces algo insignificante, un objeto recuperado, un olor, para que vuelva a nuestra memoria alguien que ya no está.


10. (...) El beso fue largo, semejante al de dos adolescentes que se aman hasta el punto de olvidarse del resto del mundo.


11. Y nuestros gritos se mezclaban con los vuestros, para animaros, para apagar el miedo, para deciros que estábamos ahí, con vosotros.


12. Tenías todo ese mundo nuevo que se te ofrecía y me mirabas fijamente, como si un hilo invisible uniera nuestras miradas.


13. No veo el motivo de mantener secretos innecesarios. Si él es la persona con quien querías compartir tu vida, ¡Confía en él!


14. ¿De qué me sirve ir de país en país cuando la mujer a la que amo no está en ninguno de ellos?


15. ¡No sabes lo que te pierdes! -Le gritó éste, mientras ella seguía acelerando. La bóveda representa un cielo cuajado de estrellas, ¡Es preciosa!


16. Cada vez que viajaba en avión, buscaba tu rostro entre las nubes, me imaginaba tus rasgos en esas formas que se estiraban en el cielo.


17. Había olvidado tu voz, tus hoyuelos, tu sonrisa, hasta este momento en que veo un dibujo que se te parece y te trae a mi memoria.


18. A veces ello nos impulsa a actuar, a tratar de iluminaros el camino, quizá sea mejor equivocarse por torpeza, por exceso de amor, que quedarse sin hacer nada.


19. Sus notas de música también abrieron una brecha en el Muro. Ta, la, si, una melodía que viajaba hacia vosotros, pentagramas en los que flotaban melodías de libertad.


20. Ibas de un lado a otro de la ciudad, recorriendo sus calles hacia tu libertad, y yo caminaba hacia ti, sin saber ni comprender qué era esa fuerza que me impulsaba a seguir avanzando.


21. La enfermedad no había mermado en nada su aplomo. Conservó su sentido del humor hasta su última frase. -¿Cuál fue esa frase? -Preguntó Julia tomando la mano de Stanley entre las suyas. - ¡Te quiero!


22. Incluso en mis ausencias no estaba tan lejos de ti como creías; Aunque sea torpe, aunque no se me dé bien, te quiero. Sólo me queda una cosa que pedirte: prométeme que serás feliz.


23. Abrirle tu corazón a un desconocido no es como abrírselo a alguien cercano, no hace que la verdad sea irreversible, no es más que un abandono que se puede borrar con la goma de la ignorancia.


24. Me contó una leyenda preciosa. Según parece, si uno salta en medio de un charco en el que se refleja la luna llena, su espíritu te lleva de inmediato junto a las personas a las que añoras.


25. Nunca recibí tu carta, Tomas, la que me habría hecho saber que estabas vivo. Ignoro lo que me escribías en ella. Fue hace casi veinte años, y tengo la extraña sensación de que me la mandaste ayer.


26. - ¿Por qué? ¿Para qué? - Preguntó Julia, estupefacta. - Que podamos disfrutar de estos últimos días que nunca tuvimos, unas horas más robadas a la eternidad, sólo para que tú y yo podamos al fin decirnos todas las cosas que no nos dijimos.


27. Cuentan que cuando te llega la muerte, vuelves a ver en tu cabeza toda tu vida. Cuando la muerte te atrapa con esa fuerza, no se ve nada de eso. En el delirio que acompañaba mi fiebre, yo sólo veía tu rostro.


28. El Muro, con sus miles de soldados y de perros policía patrullando día y noche, había separado a los que se amaban, a los que vivían juntos y esperaban sin atreverse ya a creer en ello el momento en que por fin se reunirían de nuevo.


29. Te amé tal y como eras, y jamás querría que fueras de otra manera, te amé sin comprenderlo todo de ti, convencido de que el tiempo me daría la manera de hacerlo; quizá en medio de todo ese amor olvidara a veces preguntarte si me amabas hasta el punto de abrazar todo lo que nos separa.


30. No te equivoques, Julia, la vida no se vive en recuerdos que se confunden con anhelos. La felicidad necesita algunas certezas, por pequeñas que sean. Ahora te corresponde a ti, y sólo a ti, elegir. Yo ya no estaré aquí para decidir por ti, y de hecho hace ya mucho tiempo que no lo hago. Pero cuidado con la soledad, es una compañía peligrosa.


31. Dondequiera que vaya ahora, llevo conmigo el recuerdo de un amor infinito, mi amor por ti. ¿Recuerdas esa leyenda china, esa historia tan bonita que narraba las virtudes de un reflejo de luna en el agua? Hacía mal en no creer en ella, también eso era sólo cuestión de paciencia; mi deseo se habrá cumplido al final, puesto que esa mujer que tanto esperaba ver reaparecer en mi vida eras tú.


32. No te preocupes, no te arrepientas de nada, he esperado vivir este momento tantas veces que ya no puedo contarlas, y ha sido magnífico, amor mío. Poder llamarte así una vez más, una sola vez nada más, era algo con lo que ya no me atrevía a soñar. Has sido y serás siempre la mujer más hermosa de mi vida, la que me dio mis recuerdos más bellos, y eso ya es mucho. Sólo te pido una cosa: júrame que serás feliz.


33. No olvidaré jamás el rostro maravilloso que la vida me regaló una tarde de noviembre, una tarde en que, habiendo recuperado la esperanza, trepé a un muro para caer en tus brazos, yo que venía del este, y tú, del oeste. Eres, y seguirás siendo en mi memoria, lo más hermoso que me ha pasado en la vida. Me doy cuenta ahora de cuánto te amo al escribirte estas palabras. Hasta pronto, quizá. De todas maneras, estás aquí, siempre estarás aquí. Sé que, en alguna parte, respiras, y eso ya es mucho. Te amo.

Obras similares

Obras que comparten tramas, ideas o sucesos históricos con "Las cosas que no nos dijimos" de Marc Levy.

Libros parecidos

Síguenos