Frases de En el jardín de las bestias

En el jardín de las bestias

26 frases de En el jardín de las bestias (In the garden of beasts: love, terror, and an american family in hitler's berlin) de Erik Larson... William E. Dodd es nombrado embajador de Estados Unidos en Alemania. Instalado en Berlín junto a su familia, sueños y debilidades se mezclan con la inminencia del horror más puro.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Erik Larson son: holocausto, segunda guerra mundial, mentiras, conspiración, alemania nazi, espionaje, basado en hechos reales, falsas apariencias, corrupción política, berlín.

Frases de Erik Larson Libros de Erik Larson

Frases de En el jardín de las bestias Erik Larson

01. Por todas partes incertidumbre, fermento, secretos.


02. (...) Todo el mundo susurraba y traficaba con rumores frescos.


03. Ningún sistema que implique el control de la sociedad por los que buscan privilegios ha acabado nunca de otro modo que con una catástrofe.


04. Había llegado el momento, proclamó, "de silenciar a los fanáticos doctrinarios".


05. Era "el auténtico prototipo e imagen de los posteriores comandantes de los campos de concentración".


06. Era gente complicada moviéndose en una época complicada, antes de que los monstruos revelasen su verdadera naturaleza.


07. El objetivo del gobierno, no importa lo que se diga (...): eliminar a los judíos de la vida alemana.


08. Una vez dijo que yo tenía una ingenuidad y un idealismo que él no podía comprender fácilmente.


09. Recordando su primera impresión de Hitler, hanfstaengl escribió: "Hitler parecía un peluquero de las afueras en su día libre".


10. Lo único que entendían Hitler y sus hombres era el poder.


11. Lo que más atraía su atención era el panorama torturado de su rostro (...), "la cara más siniestra y desfigurada que he visto jamás".


12. Nadie sabía lo que iba a ocurrir a continuación, y todo el mundo tenía la sensación de que algo terrible estaba en el aire.


13. A fin de cuentas Dodd resultó ser exactamente lo que quería Roosevelt, un faro solitario de libertad y esperanza americanas en una tierra cada vez más oscura.


14. Aquí no hay héroes, al menos no como los de la lista de Schindler, pero sí que hay destellos de heroísmo y personas que se comportan con una gracia inesperada.


15. "Tolerancia significa debilidad", escribió Eicke en la introducción a sus normas. "A la luz de ese concepto, el castigo se aplicará implacablemente allí donde los intereses de la patria lo requieran".


16. Debemos tener presente, creo yo, que cuando Hitler dice algo, de momento se convence a sí mismo de que es cierto. En general es sincero, pero al mismo tiempo, es un fanático.


17. La humanidad está en grave peligro, pero los gobiernos democráticos parecen no saber qué hacer. Si no hacen nada, la civilización occidental, la libertad religiosa, personal y económica están en grave peligro.


18. Con pocas excepciones, los hombres que dirigen este gobierno tienen una mentalidad que ustedes y yo no podemos comprender. Algunos de ellos son auténticos psicópatas, que en otro lugar cualquiera estarían recibiendo tratamiento.


19. Los norteamericanos que vengan a Alemania se encontrarán rodeados por influencias del gobierno, y su tiempo estará tan ocupado con agradables entretenimientos que tendrán pocas oportunidades de enterarse de cuál es la auténtica situación.


20. (...) Ella empezó por primera vez a atemperar un poco su idealista visión de la revolución nazi. "Empezó a aparecer ante mis románticos ojos...Una red vasta y compleja de espionaje, terror, sadismo y odio, de la cual nadie, oficial o soldado, podía escapar".


21. Buscó en su bolsillo y sacó una bolsita de caramelos de frutas. (...) -Toma uno -dijo Hanfstaengl-. Los hacen especialmente para el Führer. Y ella cogió uno. Justo cuando se lo metía en la boca vio que llevaba grabada una esvástica. Hasta los caramelitos de frutas estaban "coordinados".


22. Viajando por la ciudad aquel día, Dodd se sorprendió de nuevo por la "extraordinaria" tendencia alemana a las decoraciones navideñas. Vio árboles de navidad por todas partes, en todas las plazas públicas y en todas las ventanas. "Uno pensaría", escribió, "que los alemanes creían en Jesucristo o practicaban sus enseñanzas".


23. Los gobiernos que están encima de todo fracasan tan a menudo como los que están debajo de todo, y cada gran fracaso trae consigo una triste reacción social, miles y millones de hombres indefensos pierden la vida en el desgraciado proceso. ¿Por qué los estadistas no estudian el pasado para evitar tales catástrofes?


24. Las infracciones menores tenían como castigo palizas con un bastón y períodos de confinamiento solitario. Hasta la ironía salía cara. Se administrarían ocho días de aislamiento y "veinticinco golpes" a "cualquiera que hiciese comentarios despectivos o irónicos a un miembro de las SS, omitiese deliberadamente las marcas de respeto prescritas, o demostrase de cualquier otra forma su falta de voluntad para someterse a las medidas disciplinarias".


25. La Gestapo incrementó su negra imagen manteniendo en secreto sus operaciones y sus fuentes de información. De repente, como salidas de la nada, la gente recibía unas tarjetas pidiéndoles que se presentaran para interrogarles. Eran terroríficas. A pesar de su forma prosaica, tales convocatorias no podían ser descartadas ni ignoradas. Ponían a los ciudadanos en la situación de tener que presentarse ellos mismos en el más espantoso de los edificios y responder a unas acusaciones o cargos de los cuales probablemente no tenían ni la menor idea, con la posibilidad (a menudo imaginaria, pero en muchos casos bastante real) de encontrarse al final de aquel mismo día en un campo de concentración, bajo "custodia preventiva".


26. A menudo me paro, cuando voy paseando a mi oficina, y les dirijo unas palabras a un par de hermosos caballos que esperan mientras descargan su carro. Están tan limpios y gordos y felices que uno siente que casi se van a echar a hablar. "Llamaba a esta sensación "felicidad equina", y había notado el mismo fenómeno en Núremberg y Dresde. En parte, ya lo sabía, su felicidad se debía a la ley alemana, que prohibía la crueldad con los animales y castigaba a los infractores con la prisión, y ahí Dodd encontraba la más profunda de las ironías. "En una época en la que se mataba a cientos de hombres sin juicio ni prueba alguna de culpabilidad, y en la cual la población literalmente temblaba de miedo, los animales tenían garantizados unos derechos que ni hombres ni mujeres podían soñar con tener." Y añadía: "¡Uno casi deseaba ser un caballo!".

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