Frases de El tambor de hojalata

El tambor de hojalata

23 frases de El tambor de hojalata (Die blechtrommel) de Günter Grass... Relato de la vida de Oscar Matzerath, un niño que vive durante la época de la Segunda Guerra Mundial y los momentos decisivos que lo llevarán a ser internado en un sanatorio psiquiátrico.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Günter Grass son: nazismo, realismo mágico, absurdo, segunda guerra mundial, infierno, felicidad, secuelas infancia infeliz.

Frases de Günter Grass Libros de Günter Grass

Frases de El tambor de hojalata Günter Grass

01. Mi obra era, pues, de destrucción.


02. Cuando se desea un milagro, hay que saber esperar.


03. Contra toda ciencia quería yo la felicidad, contra todo mi escepticismo, que no lograba atemperar mi afán de felicidad.


04. Incluso los malos libros son libros, y por lo tanto sagrados.


05. Sólo los auténticos perezosos son capaces de hacer inventos para ahorrar trabajo.


06. Si Jesús hubiera sido jorobado, difícilmente lo habrían crucificado.


07. Nos besamos en plena calle, lo que en París, sin embargo, nada significaba.


08. Y permanecía de todos modos descontento, si no insatisfecho, cual corresponde a un verdadero artista.


09. Sois malo y vanidoso, cual corresponde a un genio.


10. Hoy ya sé que todo nos espía, que nada pasa inadvertido y que aun el papel pintado de las paredes tiene mejor memoria que los hombres.


11. No tengo ganas...Cuando Satanás no las tiene, triunfa la virtud. Al cabo, alguna vez tendría Satanás derecho a no tenerlas.


12. Las impresiones peores son aquellas que sólo se sueñan, pero no se hacen, y si se hacen, no se revelan.


13. Ya no volvió. Del hecho de que antes de irse vaciara de un solo trago su vaso de refresco puede deducirse que el vaciar el vaso significa adiós.


14. Si yo tuviera interés en dar otro nombre a la tentación, me atrevería a proponer el de picaporte, ya que dicho apéndice tangible está pidiendo que lo agarren.


15. (...) Pero la felicidad bien puede ser también un sustituto, y hasta es posible que la felicidad sólo se dé como sustituto: la felicidad sustituye a la felicidad y se va sedimentando.


16. Como ustedes habrán tenido ya ocasión de observar anteriormente, la forma más cómoda de considerar las cosas, o sea mi ángulo de comparación, hallábalo yo desde debajo de la mesa.


17. Si algún día vamos al infierno, uno de los tormentos más refinados consistirá sin duda en encerrar juntos en una misma pieza al hombre tal cual y las fotos enmarcadas de su tiempo.


18. Y si, en cuanto embrión sólo me había escuchado imperturbablemente a mí mismo y había contemplado mi imagen reflejada en las aguas maternas, con espíritu tanto más crítico atendía ahora a las primeras manifestaciones espontáneas de mis padres.


19. Cuando por primera vez Rosvita y yo miramos desde el pie a lo alto de la Torre Eiffel -yo con mis noventa y cuatro centímetros, y ella con sus noventa y nueve-, pudimos darnos cuenta, uno del brazo del otro, de nuestra singularidad y de nuestra grandeza.


20. Y sólo cuando el anochecer exprimió el cielo de octubre de una llovizna oblicua y un crepúsculo color de tinta cuando la emprendieron una vez más de prisa y sin gana, contra un mojón lejano que se abnegaba en la oscuridad y, liquidado éste, abandonaron la partida.


21. Mi obra era pues, de destrucción. Y lo que no lograba destruir con mi tambor, lo deshacía con mi voz. Así vine a iniciar, al lado de mis empresas de día contra la simetría de las tribunas, mi actividad nocturna: durante el invierno del treinta y seis al treinta y siete jugué al tentador.


22. Así, pues, nada se movía en el bote. Se veían claramente dos botas vacías. Y revoloteando sobre la herrumbre algunas gaviotas que de vez en cuando se posaban y llenaban de polvo la cubierta y los zapatos, pero, ¿Qué más dan las gaviotas? El tiempo prometía mejorar. Me fui de nuevo, y como suele decirse, para casa. Mi madre me ayudó a hacer la maleta de cartón.


23. ¿Quién me escribiría ahora un buen final? Porque lo que empezó con el gato y el ratón me atormenta hoy en forma de garza moñuda en charcos rodeados de juncos. Y si rehuyó la naturaleza, son las películas documentales las que me muestran esas hábiles aves acuáticas... Bajan unos hombres con cascos relucientes ligeramente abollados y vuelven a subir: se tienden brazos hacia ellos, se desatornilla la escafandra y se quitan el casco... Pero no es nunca el Gran Mahlke el que enciende un cigarrillo en la pantalla centelleante: siempre son otros los que fuman... Durante una de las pausas te hice llamar desde el tablado de la banda por el teniente que mandaba el personal de guardia: -Se llama a la entrada al Suboficial- Pero tú no quisiste salir a la superficie.

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