Frases de Como una novela

Como una novela

27 frases de Como una novela (Comme un roman) de Daniel Pennac... ¿Cómo fomentar este amor por la lectura? Pues buscando el placer. Para competir con otros placeres como la televisión e internet, el placer de leer... Ensayo sobre la lectura.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Daniel Pennac son: educar a los hijos, importancia de la educación, búsqueda de placer, placer de leer, búsqueda de conocimiento, libros sobre libros.

Frases de Daniel Pennac Libros de Daniel Pennac

Frases de Como una novela Daniel Pennac

01. El secreto consiste en estar preparado.


02. Cada lectura es un acto de resistencia.


03. Amar, a fin de cuentas, es regalar nuestras preferencias a los que preferimos. Y estos repartos pueblan la invisible ciudadela de nuestra libertad.


04. Una lectura bien llevada salva de todo, incluido uno mismo.


05. ¡Qué pedagogos éramos cuando no estábamos preocupados por la pedagogía!


06. Las cosas más hermosas que hemos leído se las debemos casi siempre a un ser querido. Y a un ser querido será el primero a quien hablemos de ellas.


07. Un libro es un objeto contundente y es un bloque de eternidad.


08. Releer no es repetirse, es ofrecer una prueba siempre nueva de un amor infatigable.


09. El deber de educar consiste, al enseñar a los niños a leer, al iniciarlos en la literatura, en darles los medios de juzgar libremente si sienten o no la "necesidad de los libros".


10. En la lectura hay que imaginar todo eso... La lectura es un acto de creación permanente.


11. La lectura no depende de la organización del tiempo social, es, como el amor, una manera de ser.


12. El auténtico placer de la novela reside en el descubrimiento de esta intimidad paradójica: el autor y yo...


13. Pero, contrariamente a las buenas botellas, los buenos libros no envejecen. Nos aguardan en nuestros estantes y somos nosotros quienes envejecemos.


14. Es inmensamente triste, una soledad en la soledad, ser excluido de los libros..., incluso de aquellos de los que se puede prescindir.


15. Una curiosidad no se fuerza, se despierta.


16. Leer, leer, y confiar en los ojos que se abren, en las caras que se alegran, en la pregunta que nacerá, y que arrastrará otra pregunta.


17. El problema no está en saber si tengo tiempo de leer o no (tiempo que nadie, además, me dará), sino en si me regalo o no la dicha de ser lector.


18. ¡Gran placer del lector, este silencio de después de la lectura!


19. El tiempo para leer, al igual que el tiempo para amar, dilata el tiempo de vivir.


20. Un niño no siente gran curiosidad por perfeccionar un instrumento con el que se le atormenta; pero conseguid que ese instrumento sirva a su placer y no tardará en aplicarse a él a vuestro pesar.


21. ¿Quién tiene tiempo de estar enamorado? ¿Se ha visto alguna vez, sin embargo, que un enamorado no encontrara tiempo para amar? Yo jamás he tenido tiempo para leer, pero nada, jamás, ha podido impedirme que acabara una novela que amaba.


22. (...) Un gran peligro les acecha si no deciden por sí mismos lo que está a su alcance saltándose las páginas que elijan: otros lo harán en su lugar. Se apoderarán de las 150 grandes tijeras de la imbecilidad y cortarán todo lo que consideren demasiado "difícil" para ellos.


23. Una vez vencido el temor de no entender, las nociones de esfuerzo y de placer actúan poderosamente la una en favor de la otra, porque, en este caso, mi esfuerzo me asegura el incremento de mi placer, y el placer de comprender me sume hasta la ebriedad en la ardiente soledad del esfuerzo.


24. El tiempo para leer siempre es tiempo robado (al igual que el tiempo para escribir, por otra parte, o el tiempo para amar). ¿Robado a qué? Digamos que al deber de vivir. Ésta es, sin duda, la razón de que el metro -símbolo arraigado de dicho deber- resulte ser la mayor biblioteca del mundo.


25. Es de sabios reconciliarnos con nuestra adolescencia; Odiar, despreciar, negar o simplemente olvidar el adolescente que fuimos es en sí una actitud adolescente, una concepción de la adolescencia como enfermedad mortal. De ahí la necesidad de acordarnos de nuestras primeras emociones de lectores, y de levantar un altarcito a nuestras antiguas lecturas. Incluidas las más "estúpidas". Desempeñan un papel inestimable: conmovernos de lo que fuimos riéndonos de lo que nos conmovía.


26. Los libros no han sido escritos para que mi hijo, mi hija, la juventud, los comente, sino para que, si el corazón se lo dice, los lean. Nuestro saber, nuestra escolaridad, nuestra carrera, nuestra vida social son una cosa. Nuestra intimidad de lector y nuestra cultura otra. Hay que fabricar bachilleres, licenciados, catedráticos y enmarcas, la sociedad lo pide, y es algo que no se discute..., Pero es mucho más esencial abrir todas las páginas de todos los libros.


27. Una escolaridad literaria bien llevada depende tanto de la estrategia como de la buena comprensión del texto. Y, con mayor frecuencia de lo que se cree, un "mal alumno" es un chaval trágicamente desprovisto de aptitudes tácticas. Sólo que, en su pánico de no ofrecer lo que esperamos de él, no tarda en confundir escolaridad con cultura. Dejado a un lado por la escuela, se cree inmediatamente un paria de la lectura. Se imagina que "leer" es en sí un acto elitista, y se priva de libros durante toda su vida por no haber sabido hablar de ellos cuando se le pedía.

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