Frases de Calle de las tiendas oscuras

Calle de las tiendas oscuras

17 frases de Calle de las tiendas oscuras (Rue des Boutiques obscures) de Patrick Modiano... Guy Roland es una persona que no conoce su pasado. Trabaja en una agencia de detectives. Cuando el dueño de la agencia se jubila, Guy comienza un apasionante viaje al pasado tras la pista de su propia identidad perdida.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Patrick Modiano son: segunda guerra mundial, amnesia, búsqueda de la identidad, investigador privado, viaje, pérdida de recuerdos, trampas de la memoria, recordar, secreto de su pasado.

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Frases de Calle de las tiendas oscuras Patrick Modiano

01. ¿Por qué algunas cosas del pasado surgen con precisión fotográfica?


02. ¿Acaso no se esfuman en el crepúsculo nuestras vidas con la misma rapidez que un disgusto infantil?


03. Tenía usted razón cuando me decía que, en la vida, lo que cuenta no es el porvenir, sino el pasado.


04. Busqué en vano la palabra exacta, pero no tenía importancia alguna, porque ella me sonreía y esa sonrisa indicaba que mi proceder no le extrañaba.


05. Hasta ahora, todo me ha parecido tan caótico, tan fragmentario... Retazos, briznas de cosas me volvían de repente según investigaba... Pero, bien pensado, a lo mejor una vida es eso...


06. Qué lejos les parecería aquella habitacioncita del Hotel Castille, con la nieve, la oscuridad, el París de aquel invierno lúgubre, las componendas en que había que caer para salir del paso.


07. No soy nada. Sólo una silueta clara, aquella noche, en la terraza de un café. Estaba esperando que dejara de llover, un chaparrón que empezó en el preciso momento en que Hutte se iba.


08. El tren resbalaba por un paisaje blanco de nieve. Qué suave era el paisaje aquel, y qué amistoso. Notaba una embriaguez y una confianza, que hasta ahora nunca había sentido, al ver todas aquellas casas dormidas.


09. La miré y un presentimiento volvió a oprimirme el corazón. Quise abrir la portezuela y pedirle que se bajara. Nos habríamos ido los dos. Pero me dije que era de natural desconfiado y me estaba imaginando cosas.


10. Creo que en los portales de los edificios se oyen aún los pasos de quienes tenían costumbre de cruzarlos y, luego, desaparecieron. Algo sigue vibrando después de que pasaran ellos, ondas cada vez más débiles, pero que captamos si estamos atentos.


11. Surgen un buen día de la nada y a la nada regresan tras haber brillado con unas cuantas lentejuelas. Reinas de belleza. Gigolós. Mariposas. La mayoría no tenían, ni siquiera en vida, mayor consistencia que un vapor que nunca habrá de condensarse.


12. Una niña vuelve de la playa, al anochecer, con su madre. Llora por nada, porque habría querido seguir jugando. Se aleja. Ya ha doblado la esquina de la calle. ¿Y acaso no se esfuman en el crepúsculo nuestras vidas con la misma rapidez que ese disgusto infantil?


13. Y que esas guías y esos anuarios formaban la más preciada y la más emotiva biblioteca con que pudiera contar nadie, pues sus páginas recogían multitud de seres y multitud de cosas y de mundos desaparecidos, de los que ya sólo esos tomos daban testimonio.


14. Me lo preguntaba con tono tan acuciante que, por primera vez, noté que me invadía el desaliento; y, aún más que el desaliento, esa desesperación que se apodera de nosotros cuando nos damos cuenta de que, pese a nuestros esfuerzos, nuestros méritos y toda nuestra buena voluntad, nos topamos con un obstáculo insalvable.


15. El chalet era para nosotros. Me gustaría volver a vivir algunas noches claras en las que mirábamos el pueblo, allá abajo, recortándose con nitidez sobre la nieve, y habríase dicho un pueblo en miniatura, uno de esos juguetes que ponen en Navidad en los escaparates. Aquellas noches todo parecía sencillo y tranquilizador y soñábamos con el porvenir.


16. Al fin y al cabo, si nos fuera concedida la posibilidad de recordar todo aquello que hemos olvidado, ¿Es tan seguro que aceptar fuera la opción más conveniente? Los buenos momentos olvidados que podríamos revivir, ¿Compensarían aquellos olvidos que por nada del mundo quisiéramos recordar? ¿Estaríamos tan seguros de la integridad del ovillo como para tirar despreocupadamente del hilo?


17. Una estación pequeña y antigua, amarilla y gris, con parapetos de cemento calado a ambos lados, y detrás de esos parapetos, el andén en el que me bajé del ómnibus. La plaza de la estación habría estado desierta a no ser por un niño que patinaba bajo los árboles del terraplén. Yo también jugué aquí, hace mucho, pensé.

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