Frases de Seda

Seda

24 frases de Seda (Seta) de Alessandro Baricco, libro de 1996.... Un hombre que atraviesa el mundo, y acaba con un lago que permanece inmóvil, en una jornada de viento. El hombre se llama Hervé Joncour. El lago, no se sabe.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Alessandro Baricco son: amante, cultura oriental, desengaño, historia de amor, nostalgia, objeto del deseo, ruta de la seda, sensualidad, vacío existencial, viaje a japón.

Frases de Alessandro Baricco Libros de Alessandro Baricco

Frases de Seda Alessandro Baricco

01. Tenía la inatacable serenidad de los hombres que se sienten en su lugar.

serenidad


02. La amó durante horas, con gestos que no había hecho nunca, dejándose enseñar una lentitud que no conocía. En la oscuridad era fácil amarla sin amarla a ella.

amar con locura


03. (...) Hasta que al final te bese en el corazón, porque te quiero, morderé la piel que late sobre tu corazón, porque te quiero, y con el corazón entre mis labios tú serás mío, de verdad, con mi boca en tu corazón tu serás mío para siempre...

piel


04. Tarde o temprano, de todos modos, tendrás que decirle a alguien la verdad.

saber la verdad


05. ¿Qué le hace pensar que es tan rico que puede acostarse conmigo?

acostarse


06. Es un dolor extraño. Morir de nostalgia por algo que no vivirás nunca.

nostalgia


07. Una vez había tenido entre los dedos un velo tejido con hilo de seda japonés. Era como tener entre los dedos la nada.

japonés


08. (...) Volaban lentos, bajando y subiendo en el cielo, como si quisieran borrarlo, meticulosamente, con sus alas.

volar


09. ¿Y en dónde queda, exactamente, ese tal Japón? -Siempre derecho hacia allá. Hasta el fin del mundo.

japón


10. La última cosa que vio, antes de salir, fueron los ojos de ella fijos en los suyos, perfectamente mudos.

mirarse


11. Lo que era para nosotros, ya lo hemos hecho y tú lo sabes. Créeme: lo hemos hecho para siempre.

amor eterno


12. Japón es un país antiguo, ¿Sabes? Su ley es antigua: dice que existen doce crímenes por los cuales resulta lícito condenar a un hombre a muerte. Y uno es llevar un mensaje de amor de su ama...-No llevaba mensajes de amor con él. -Él era un mensaje de amor.

japón


13. Sus ojos la miraban fijamente, y ella entendió que eran ojos bellísimos.

admirar


14. Recordó haber leído en un libro que los hombres orientales, para honrar la fidelidad de sus amantes, no acostumbraban regalarles joyas: sino pájaros refinados y bellísimos.

joyas


15. Reclinada junto a él, con la cabeza apoyada en su regazo, había una mujer. Sus ojos no tenían sesgo oriental y su rostro era el rostro de una muchacha.

rostro


16. Parecía un catálogo de huellas de pequeños pájaros, compilado con meticulosa locura. Era sorprendente pensar que, por el contrario, eran signos, es decir, cenizas de una voz quemada.

cenizas


17. Somos todos maravillosos, y todos damos asco.

asco


18. (...) Dejaré que tu sexo cierre a medias mi boca, entrando entre mis labios, y empujando mi lengua, mi saliva bajará por tu piel hasta tu mano, mi beso y tu mano, uno dentro de la otra, sobre tu sexo..

erótico


19. Hervé Joncour permaneció inmóvil, mirando aquel enorme brasero apagado. Tenía tras de sí un camino de ocho mil kilómetros. Y delante de sí la nada. De repente vio algo que creía invisible. El fin del mundo.

fin del mundo


20. Telas maravillosas, seda, todo en torno a la litera, mil colores, naranja, blanco, ocre, argento, ni una hendidura en aquel nido maravilloso, sólo el rumor de esos colores ondulantes en el aire, impenetrables, más ligeros que la nada.

seda


21. De vez en cuando, en los días de viento, Hervé Joncour bajaba hasta el lago y se pasaba horas mirándolo, puesto que dibujado en el agua le parecía ver el inexplicable espectáculo, leve, que había sido su vida.

lago


22. Era como ver ganar al manco, en el último golpe, cuatro bandas; una geometría imposible.

ganar


23. Se habrá notado que ellos observan su propio destino del modo en que la mayoría suele observar un día de lluvia.

observar


24. De vez en cuando, en los días de viento, bajaba a través del parque hasta el lago y permanecía allí durante horas en la orilla, mirando como la superficie del agua se agitaba, formando figuras imprevisibles que brillaban sin orden en todas las direcciones. El viento era uno solo, pero sobre aquel espejo de agua parecían miles los que soplaban. De todas partes, Un espectáculo. Leve e inexplicable.

orilla

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