Frases de Vuelo nocturno

Vuelo nocturno

31 frases de Vuelo nocturno (Vol de nuit) de Antoine De Saint-Exupéry... De los tres pilotos que surcan los mares de la noche por el cielo de Sudamérica, uno de ellos no volverá... Epopeya de aquellos pioneros de la aviación que ofrendaron sus vidas en aras del progreso.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Antoine De Saint-Exupéry son: responsabilidad, alcanzar nuestros sueños, personas desaparecidas, ficción sobre pilotos de avión, aviación, correo postal, tempestad, ambientada en argentina, ambientada en francia, ambientada en chile.

Frases de Antoine De Saint-Exupéry Libros de Antoine De Saint-Exupéry

Frases de Vuelo nocturno Antoine De Saint-Exupéry

01. El fracaso fortifica a los fuertes.


02. Los reveses robustecen a los fuertes.


03. Amar, amar únicamente, ¡Qué callejón sin salida!


04. (...) Esos hombres son felices, porque aman lo que hacen.


05. Lo que vos perseguís en vos mismo muere.


06. Ni la acción, ni la felicidad individual admiten particiones: están en conflicto.


07. La vida se contradice tanto, que uno se las arregla como puede con la vida...


08. Si el insomnio de un músico le hace crear hermosas obras, es un hermoso insomnio.


09. ¿Se ha agotado el combustible o el piloto juega su última carta: encontrar tierra sin estrellarse?


10. (...) Medita. No conserva ya ninguna esperanza: esa tripulación naufragará en algún lugar, esta noche.


11. Y también se es rico de las propias miserias y de vivir aquí cual hombre simple.


12. El reglamento...Es como los ritos de una religión, que parecen absurdos pero forman a los hombres.


13. La experiencia es quien nos dará las leyes...El conocimiento de las leyes no precede jamás a la experiencia.


14. En la vida no existen soluciones. Existen sólo piezas en movimiento: es preciso crearlas, y las soluciones vienen detrás.


15. De su pluma goteaba la melancolía por la felicidad perdida en la infancia. Contemplaba su propio pasado con un sentimiento de pérdida.


16. Una vez más, el piloto no experimentaba, en el vuelo, ni vértigo, ni embriaguez, sino el trabajo misterioso de un cuerpo vivo.


17. El hombre era, para él, cera virgen que se debía moldear. Se debía dar un alma a esa materia, crearle una voluntad.


18. Las montañas me dominaban. Cuando quise tomar altura, encontré fuertes remolinos. Usted sabe, cuando no se ve ni pizca... los remolinos... En lugar de remontar, perdí cien metros.


19. La tierra estaba llena de llamadas luminosas; cada casa encendía su estrella, frente a la inmensa noche, del mismo modo que se vuelve un faro hacia el mar.


20. No pedimos ser eternos; pedimos tan sólo no ver que los actos y las cosas pierden de repente su sentido. El vacío que nos envuelve, se hace entonces patente...


21. Le pareció que también la materia se sublevaba. El motor, a cada inclinación, vibraba tan fuerte, que toda la masa del avión se agitaba con un temblor furioso.


22. ¿Victoria? ¿Derrota... ? Estas palabras carecen de significación. La vida está por debajo de esas imágenes y prepara ya otras nuevas. Una victoria debilita a un pueblo, una derrota despierta a otro.


23. No sé si lo que hago está bien. Ignoro el exacto valor de la vida humana, de la justicia, o del dolor. Ignoro con exactitud lo que vale el gozo de un hombre. O una mano que tiembla. O la piedad, o la dulzura...


24. Nueve pasajeros, arrebujados en sus mantas de viaje, apoyaban la frente en su ventanilla, como en un escaparate colmado de joyas, pues las pequeñas ciudades de Argentina desgranaban ya, en la noche, todo su oro, bajo el oro más pálido de las ciudades de estrellas.


25. No sabía cuánto tiempo, cuántos esfuerzos le librarían de aquellas cadenas sombrías. Dudaba casi de verse jamás libre de ellas, pues se jugaba la vida sobre este pequeño papel, sucio y arrugado, que había desplegado y leído mil veces, para alimentar su esperanza.


26. El ingeniero había añadido: "El interés general está formado por los intereses particulares: no justifica nada más". "Y, no obstante -le había respondido más tarde Rivière-, si la vida humana no tiene precio, nosotros obramos siempre como si alguna cosa sobrepasase, en valor, la vida humana...Pero ¿Qué? ".


27. Los secretarios, a escondidas, alzaban sus ojos hacia este rostro. Experimentaba una especie de vergüenza, y miraba, temerosa, a su alrededor: todo aquí le era hostil. Esos hombres, que continuaban su trabajo, como si anduvieran sobre un cuerpo; esos expedientes donde la vida humana, el dolor humano no dejaba otro residuo que el de las duras cifras.


28. La luz no bajaba de los astros, sino que se desprendía, debajo de él, alrededor de él, de esas masas blancas. Las nubes, bajo él, devolvían toda la nieve que recibían de la Luna. Las de derecha e izquierda, altas como torres, hacían lo mismo. La luz era cual leche en la que se bañaba la tripulación.


29. Los tres aviones postales de Patagonia, de Chile y de Paraguay regresaban del Sur, del Oeste y del Norte hacia Buenos Aires. Allí se esperaba su cargamento, para dar salida, hacia medianoche, al avión de Europa. Tres pilotos, cada uno tras su capota, pesada como una chalana, perdidos en la noche, meditaban su vuelo, y, de un cielo tormentoso o pacífico, bajarían lentamente hacia la ciudad inmensa, cual extraños campesinos que descienden de sus montañas.


30. El avión había ganado, de un solo golpe, en el mismo instante de emerger, una calma que parecía extraordinaria. Ningún oleaje lo zarandeaba. Como barca que pasa el dique, entraba en las aguas abrigadas. Había penetrado en una región ignota y escondida del cielo, como la bahía de las islas venturosas. La tempestad, debajo de sí, formaba otro mundo de tres mil metros de espesor, atravesado por ráfagas, trombas de agua y relámpagos, pero presentaba a los astros un rostro de cristal y de nieve.


31. Yo lo salvo del miedo. No es a él a quien atacaba, es, a través de él, a esa resistencia que paraliza a los hombres ante lo desconocido. Si lo escucho, si lo compadezco, si tomo en serio su aventura, creerá volver del país del misterio, y sólo del misterio se tiene miedo. Es preciso que no haya más misterios. Es preciso que los hombres desciendan a ese pozo oscuro y, al remontarlo, digan que no han encontrado nada. Es preciso que ese hombre descienda al más íntimo corazón de la noche, en su espesura, sin siquiera esa pequeña lámpara de minero, que no alumbra más que las manos o el ala, pero que aparta lo desconocido a una braza de distancia

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