Frases de Madame Bovary - 2

21. (...) Al fin y al cabo, se parecía a todas sus demás amantes; Y el encanto de la novedad, al caer poco a poco como un vestido, dejaba al desnudo la eterna monotonía de la pasión, que siempre adopta las mismas formas y parecido lenguaje.


22. Era tal la indiferencia con que consideraba ahora cuanto había a su alrededor, y tenía a un mismo tiempo palabras tan afectuosas, miradas tan altivas y modales tan variados, que ya no era posible distinguir el egoísmo de la caridad, ni la corrupción de la virtud.


23. ¿Acaso ignora usted que hay almas que viven sin cesar atormentadas, almas que necesitan entregarse alternativamente al ensueño y a la acción, a las más puras pasiones y a los goces más desenfrenados, hasta el punto de darse finalmente a toda clase de caprichos y de locuras?


24. ¡No tengo necesidad de ir a una iglesia a besar bandejas de plata y a engordar con mi bolsillo a un hatajo de farsantes que se alimentan mejor que nosotros! Porque a ese dios se le puede honrar de igual modo en un bosque, en el campo, y hasta contemplando la bóveda celeste, como hacían los antiguos.


25. En la ciudad, con el tumulto de las calles, el barullo de los teatros y el esplendor de los bailes, llevarían una de esas existencias en las que el corazón se dilata y se exaltan los sentidos. En cambio, la suya era una vida fría como un desván cuyo tragaluz da al norte y donde el hastío, araña silenciosa, tejía su tela en la sombra por todos los rincones de su corazón.


26. Consideró incómodo todo pudor. La trató sin miramientos. Hizo de ella un ser sumiso y corrupto. Era una especie de sumisión idiota basada en una admiración incondicional por él, y que al mismo tiempo suponía una fuente de voluptuosidad para ella, una especie de beatitud que la enajenaba; De ese modo, su alma se hundía en la embriaguez y se dejaba anegar en ella, encogida, como el duque de clarence en su tonel de malvasía.


27. Creía ella que el amor tenía que llegar de súbito, entre grandes destellos y fulgores, como huracán de los cielos que se desencadena sobre la vida, la trastorna, arranca las voluntades como si fueran hojas y arrastra hacia el abismo el corazón entero. Ignoraba que, en las azoteas de las casas, la lluvia acaba por formar lagos cuando los canalones se obstruyen, y así hubiera permanecido segura de su virtud, de no haber descubierto súbitamente una grieta en la pared.


28. Un hombre, al menos, es libre; puede entregarse a las pasiones, recorrer países, superar obstáculos, gustar las dichas más exóticas. Pero a una mujer todo esto le está continuamente vedado. Inerte y flexible a un mismo tiempo, tiene en contra suya las molicies de la carne, junto con los rigores de la ley. Su voluntad, como el velo de su sombrero sujeto por un cordón, palpita a todos los vientos; siempre hay algún deseo que arrastra y alguna conveniencia social que refrena.


29. Entonces, en la carretera que extendía hasta perderse de vista su interminable cinta de polvo, por los caminos hondos donde los árboles se curvaban formando bóveda, por los senderos donde los trigos le llegaban hasta las rodillas, con el sol sobre su espalda y aspirando la brisa de la mañana, colmado el corazón de las delicias de la noche, tranquilo el ánimo, satisfecha la carne, avanzaba rumiando su felicidad, como quien, después de una comida, sigue saboreando el gusto de las trufas que digiere.


30. Fue así como los apetitos de la carne, la codicia del dinero y las melancolías de la pasión vinieron a confundirse en un mismo sufrimiento; y en vez de desviar su imaginación de él, aún más se aferraba a su recuerdo, excitándose en el dolor y buscando cuantas ocasiones se presentaban para padecerlo. Un plato mal servido o una puerta entreabierta la exasperaban, se lamentaba de los vestidos de terciopelo que no tenía, de la dicha que le faltaba, de sus sueños demasiado elevados, de su casa demasiado exigua.


31. ¿No le indigna acaso esta conjura del mundo? ¿Existe algún sentimiento que no condene? Los instintos más nobles, las simpatías más puras tienen que soportar el verse perseguidas, calumniadas, y cuando, por fin, dos pobres almas se encuentran, todo se halla perfectamente organizado para que no puedan unirse. Ellas, a pesar de todo, lo seguirán intentando, agitarán sus alas, se llamarán. Pero no importa, tarde o temprano, pasados seis meses o diez años, lograrán unirse y amarse, porque el destino así lo exige y ellas nacieron predestinadas la una para la otra.


32. Porque unos labios libertinos o venales le hubieran susurrado frases por el estilo, ahora apenas era capaz de apreciar el candor de las de emma; Habría que erradicar, pensaba, los discursos exagerados que, a fin de cuentas, sólo sirven para encubrir afectos mediocres; Como si la plenitud del alma no se desbordara a veces en metáforas de lo más vanas, ya que nadie puede dar nunca la exacta medida de sus necesidades, conceptos o dolores, siendo como es la palabra humana semejante a un caldero cascado a cuyos sones hacemos bailar a los osos cuando pretendíamos conmover a las estrellas.

Obras similares

Obras que comparten tramas, ideas o sucesos históricos con "Madame Bovary" de Gustave Flaubert.

Libros parecidos

Síguenos