Frases de El diario de la princesa - 2

33. Gracias por los buenos momentos. Gracias por ser tan generoso con todo lo que te has reservado. Gracias por ser un traidor, la espina clavada, el dolor en el culo, el cuchillo clavado en mi espalda, gracias por hacerme una jugarreta y por ser la mosca en la sopa. Mi corazón de Aquiles. Atrapada sin ancla en medio de un remolino, relajándome y hundiéndome tranquilamente por una de las numerosas últimas veces.


34. En ocasiones llamo por teléfono a la gente no solo para comprobar que sigo viva, sino para que ellos, aunque sea de un modo indirecto, me convenzan de que vivir es un estado que me conviene. Porque de vez en cuando no me parece una gran idea. ¿Merece la pena intentar vivir la vida para que un día te brinde algo que merezca la pena, en lugar de que casi siempre te quite cosas que merecen la pena?


35. Eso era lo que yo había estado esperando egoístamente: la oportunidad de dejar de vivir en la misma casa o el mismo país que mi recientemente divorciada y empobrecida madre. Como gratificación, obtuve una experiencia real como actriz, algo que jamás había tenido, en parte porque aún no estaba muy segura de que quería serlo. Pero tal vez fuese algo que podía hacer sin un título o acreditación de ninguna clase: un trabajo en el que me pagarían un sueldo que me permitiría salir al mundo e iniciar lo que, risiblemente, llegaría a llamar "mi propia vida".


36. Por haberme criado en el mundo del espectáculo, sabía que había estrellas y ESTRELLAS. Había celebridades, presentadores de programas de entrevistas, imágenes de marca...Y, después, estrellas de cine: personas con agentes y administradores y publicistas y asistentes y guardaespaldas, que recibían toneladas de cartas de admiradores, podían obtener financiación para una película y que no dejaban de aparecer en las portadas de las revistas. Sus rostros sonrientes y familiares te contemplaban, animándote a informarte sobre su vida personal, sus proyectos y lo mucho que parecían los más llanos de los terrícolas. Harrison pertenecía a esa variedad épica de superestrella, y yo no. ¿Eso me amargaba? Pues no..., o no hasta el punto de que se notara.

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