Frases de Ian Mcewan - Página 17

01. (...) Pero no hay pruebas que vinculen a Irak con el once de septiembre ni con Al Qaeda en general, y tampoco hay pruebas alarmantes de que haya armas de destrucción masiva... ¿Y no se te ha ocurrido pensar que al atacar Irak estamos haciendo exactamente lo que los terroristas de Nueva York querían que hiciésemos: arremeter contra ellos, hacer más enemigos en los países árabes y radicalizar al islam? No sólo eso, sino que les estamos librando de su viejo enemigo, el impío tirano estalinista. "Sábado" (2005)

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02. La adversidad nos impuso conciencia, y funciona, nos lastima cuando nos acercamos demasiado al fuego, cuando amamos demasiado intensamente. Experimentar estas sensaciones es el comienzo de la invención del ego. Y si esto funciona, ¿Por qué no va a darnos asco la mierda, por qué no va a asustarnos el borde de un precipicio, por qué no hemos de temer a los desconocidos, por qué no vamos a recordar insultos y favores, a disfrutar del sexo y de la comida? Dios dijo: Que haya dolor. Y hubo poesía. Al final. "Cáscara de nuez" (2016)

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03. (...) Allí le pusieron las esposas y dio comienzo la tortura. Estaban tan prietas que durante dieciséis horas, hasta que se las quitaron, no pudo pensar en nada más que el dolor. Como consecuencia sus hombros sufren una lesión permanente. Durante los diez meses siguientes fue trasladado de una prisión a otra en la región central de Irak. Ignoraba el motivo de aquellos traslados, y no tenía medios de informar a su mujer de que seguía vivo. Ni siquiera el día en que le liberaron supo de qué lo acusaban. "Sábado" (2005)

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04. (...) No es desde luego el mejor momento para que Occidente entre en guerra con un país árabe. Y no hay un plan a la vista para los palestinos. Pero va a haber guerra, con o sin la ONU, digan lo que digan el gobierno o las manifestaciones masivas. Las armas escondidas, existan o no, no tienen importancia. La invasión va a producirse y los militares van a ganar. Será el fin de Sadam y de uno de los regímenes más odiosos jamás conocidos, y yo me alegraré. -Así que los iraquíes corrientes sufrieron a Sadam y ahora van a sufrir los misiles americanos, pero todo está bien porque tú te alegrarás... "Sábado" (2005)

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05. Es un lugar común de la genética moderna y la crianza de los hijos que los padres tienen poca o ninguna influencia en el carácter de los mismos. Nunca sabes cómo te van a salir. La salud, las oportunidades, las perspectivas, el acento, los modales en la mesa: quizás esté en tu mano moldear estas cosas. Pero lo que determina en realidad la clase de persona que va a vivir contigo es cómo es el esperma y cómo el huevo que encuentra, cómo se eligen las cartas de dos barajas y luego cómo se barajan, cómo se dividen en dos mazos y se ensamblan para recombinarlas. Alegre o neurótico, desprendido o avaro, curioso o soso, expansivo o tímido o cualquier cosa entre medias; la gran cantidad de trabajo que ya llega hecho puede ser una auténtica ofensa al amor propio de un progenitor. Por otra parte, eso quizás te saque del atolladero. Lo entiendes en cuanto tienes un segundo hijo: dos personas completamente distintas provienen de azares más o menos similares en la vida. "Sábado" (2005)

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06. Ya hay en la nevera tres botellas de champán. Da un paso hacia el reproductor de cedes, pero cambia de idea porque nota el tirón, como la gravedad, del inminente telediario. Es una característica de los tiempos, esta compulsión de saber cómo está el mundo y de sumarse a la generalidad, a una inquietud comunitaria. La costumbre se ha vuelto más intensa en los dos últimos años; escenas monstruosas y espectaculares han infundido a las noticias una escala distinta de valores. La posibilidad de que se repitan es un hilo que ensarta los días. La advertencia del gobierno -que es inevitable un ataque contra una ciudad europea o norteamericana- no sólo supone descargarse de responsabilidad, sino que constituye una promesa embriagadora. Todo el mundo lo teme, pero también hay un anhelo más oscuro en la mente colectiva, una repugnancia al autoflagelo y una curiosidad blasfema. Así como los hospitales tienen sus planes para emergencias, así las cadenas de televisión están dispuestas a emitir algo que sus audiencias aguardan. Más grande y más brutal la próxima vez. Por favor, que no suceda. Pero déjame verlo de todos modos, como está sucediendo y desde todos los ángulos, y que yo sea de los primeros en hacerlo. "Sábado" (2005)

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07. La política es enemiga de la imaginación.

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08. Uno tiene que tener el valor de su pesimismo.

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09. Los ritos hogareños y eróticos del matrimonio no resultan fáciles de eliminar.

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10. Al medir el valor humano individual, el novelista revela la plena magnitud de la delincuencia del Estado cuando se establece para aplastar la individualidad.

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11. Fui al sendero y pasé la mano por las hojas que tú habías tocado. Me llevé una impresión al descubrir lo diferentes que eran de las que no habías tocado. Había un fulgor, una especie de combustión en mis dedos al pasarlos por el borde de aquellas hojas húmedas.

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Kazuo Ishiguro

Ian Mcewan

Ian Mcewan
  • 21 de junio de 1948
  • Aldershot, Hampshire, Inglaterra

Escritor, novelista, dramaturgo y guionista inglés, autor de "Amor perdurable" (1997), "Ámsterdam" (1998), "Expiación" (2001), "Sábado" (2005), "Operación Dulce" (2012) y "Cáscara de nuez" (2016).

Sobre Ian Mcewan

Ian Mcewan nace en Aldershot, hijo de David McEwan, militar escocés de origen humilde y Rose Lilian Moore.

Debido a la ocupación del padre, su infancia transcurre en deferentes países del este de Asia, Alemania y África del Norte.

En 1960 la familia regresa a Inglaterra y Ian Mcewan estudia en la "Woolverstone Hall School" y en la Universidad de Sussex, donde estudia Literatura Inglesa.

En 1975 publica su primer libro, la colección de relatos "Primer amor, últimos ritos", seguido por "El jardín de cemento" (1978) y "El placer del viajero" (1981).

En 1997 Ian Mcewan publica el libro "Amor perdurable" (1997), considerado por muchos como una obra maestra acerca de una persona que sufre el síndrome de Clerambault.

Entre sus obras destacan "Ámsterdam" (1998), "Expiación" (2001), "Sábado" (2005), "Chesil Beach" (2007), "Solar" (2010) y "La Ley del menor" (2014).

Recibe además entre otras distinciones los premios Booker (Man Booker Prize, 1998), Helmerich (Helmerich Award, 2010) y Jerusalén (Jerusalem Prize, 2011).

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