Frases de Ernest Hemingway - Página 6

Frases de Ernest Hemingway (página 6 de 8)

121. El fanatismo era una cosa extraña. Para ser fanático hay que estar absolutamente seguro de tener la razón y nada infunde esa seguridad, ese convencimiento de tener la razón como la continencia. La continencia es el enemigo de la herejía. "Por quién doblan las campanas" (1940)

Fanático


122. Leí el Corriere della Sera y los periódicos ingleses y americanos de París. Habían suprimido todos los anuncios, seguramente para impedir comunicarse por este medio con el enemigo. Los periódicos no traían nada bueno. Todo iba muy mal, por todas partes. "Adiós a las armas" (1929)

Guerra mundial


123. Al mirarla y observar su agradable sonrisa, sintió que la muerte se acercaba de nuevo. Esta vez no fue con ímpetu. Fue una ráfaga, como las que hacen vacilar la luz de una vela y extienden su llama con su gigantesca sombra proyectada hasta el techo. "La quinta columna y los primeros cincuenta y nueve relatos" (1938)

Agradable


124. Por lo que se refiere a su apariencia, tenía uno de los rostros más feos que se pudieran encontrar fuera de una jaula de monos, una figura bastante bien proporcionada, varonil, pero basta, y el aire satisfecho de sí mismo de un actor de moda. "Muerte en la tarde" (1932)

Feo


125. El conocimiento del vino y la educación del paladar pueden ser fuente de grandes alegrías durante una vida entera. El paladar, al educarse, aprecia cada vez mejor y el deleite de saborear y conocer un vino no deja de aumentar, aunque los riñones se debiliten "Muerte en la tarde" (1932)

Saborear


126. Éramos jóvenes, y allí nada era sencillo, ni siquiera el ser pobre, ni el dinero ganado de pronto, ni la luz de la luna, ni el bien ni el mal, ni la respiración de una persona tendida a mi lado bajo la luz de la luna. "París era una fiesta" (1964)

Jóvenes


127. - ¿No te dijo nunca nadie que eras un tipo estupendo? -No soy un tipo estupendo. -Oye. Eres un tipo realmente estupendo, y te aprecio más que a nadie en el mundo. En Nueva York no te podía decir eso; hubiera sido como afirmar que era un marica. "Fiesta" (1926)

Nueva york


128. Todo el mundo tiene necesidad de hablar con alguien -dijo la mujer de Pablo-; antes teníamos la religión y otras tonterías. Ahora debiéramos disponer todos de alguien con quien poder hablar francamente; por mucho valor que se tenga, uno se siente cada vez más solo. "Por quién doblan las campanas" (1940)

Soledad


129. Me acordé de ciertas cenas durante la guerra: mucho vino, una tensión latente y la sensación de que se aproximaban cosas que uno no podría evitar que ocurrieran. Bajo los efectos del vino, desapareció aquella sensación desagradable y me sentí feliz. Todos ellos parecían encantadores. "Fiesta" (1926)

Tensión


130. -El cobarde sufre mil muertes, pero el valiente sólo una. -Si. ¿Quién dijo eso? -No lo sé. -Seguramente un cobarde -dijo-. Conozco bien a los cobardes, pero no conozco a los valientes. El valiente sufre tal vez dos mil muertes si es inteligente. Pero no habla de ello. "Adiós a las armas" (1929)

Valiente


131. Por entonces, ya había descubierto que todo, lo bueno y lo malo, deja un vacío cuando se interrumpe. Pero si se trata de algo malo, el vacío va llenándose por sí solo. Mientras que el vacío de algo bueno sólo puede llenarse descubriendo algo mejor. "París era una fiesta" (1964)

Alma en pena


132. Uno puede comprarse vestidos o cuadros...Eso es todo. Hay que ser riquísimo para permitirse ambas cosas a la vez. Dele poca importancia al vestir y no le dé ninguna a la moda, cómprese vestidos cómodos y que duren, y con lo ahorrado en vestir podrá comprar cuadros. "París era una fiesta" (1964)

Comprar


133. (...) De todos los hombres, el borracho es el peor. El ladrón, cuando no roba, es como cualquier hombre. El estafador no estafa a los suyos. El asesino tiene en su casa las manos limpias. Pero el borracho hiede y vomita en su propia cama y disuelve sus órganos en el alcohol. "Por quién doblan las campanas" (1940)

Alcohólico


134. Eres un expatriado. Has perdido contacto con la tierra. Te has vuelto preciosista. Los engañosos esquemas de vida europeos te han destruido. Bebes hasta caer muerto. Te obsesionas por el sexo. Pierdes todo el tiempo en lugar de trabajar. ¿Te das cuenta? Eres un expatriado. Vas haraganeando por los cafés. "Fiesta" (1926)

Holgazán


135. Provocaba siempre emoción y, por fin, aplicándose sin cesar al mejoramiento de su estilo, acabó por ser un artista. Pero, durante todo el último año de su carrera, podía verse que iba a morir. Estaba acechado por una tisis galopante y esperaba morir antes que la temporada terminase. "Muerte en la tarde" (1932)

Fin


136. No te engañes acerca del amor que sientas por alguien. Lo que ocurre es que las más de las gentes no tienen la suerte de encontrarlo...Habrá siempre gentes que digan que eso no existe, porque no han podido conseguirlo. Pero yo te digo que existe y que has tenido suerte, aunque mueras mañana. "Por quién doblan las campanas" (1940)

Verdadero amor


137. Ya que su rabia se había disipado se encontraba excitado placenteramente con la tormenta, como le sucedía siempre con las tormentas. En una nevada, un temporal, un aguacero tropical o una tormenta de verano con muchos truenos en las montañas hallaba siempre una excitación que no se parecía a nada. Era como la excitación de la batalla, pero más limpia. "Por quién doblan las campanas" (1940)

Aguacero


138. -Uno piensa, uno lee. No somos campesinos. Somos mecánicos. Pero ni los campesinos son los bastante torpes para creer en la guerra. Todos odian esta guerra. -Al frente de los países hay gente estúpida que no comprende y no comprenderá nunca nada. -También se enriquecen con ella. -No la mayoría -dijo Passini-. Son muy tontos. Lo hacen por nada...Por pura estupidez. "Adiós a las armas" (1929)

Crímenes de guerra


139. Puede usted protestar, puede usted hablar, puede usted convencer a los otros de su imbecilidad, aunque todo eso sea inútil, si bien las protestas sean necesarias y útiles a su debido tiempo en el ruedo. Pero hay otra cosa que puede usted hacer también, y es distinguir lo que está bien de lo que está mal, saber juzgar lo que es nuevo, sin dejar que nada turbe su juicio. "Muerte en la tarde" (1932)

Juicio


140. Cuando dejé de tomar las carreras como un trabajo serio, me quedé satisfecho, pero con una sensación de vacío. Por entonces, ya había descubierto que todo, lo bueno y lo malo, deja un vacío cuando se interrumpe. Pero si se trata de algo malo, el vacío va llenándose por sí solo. Mientras que el vacío de algo bueno sólo puede llenarse descubriendo algo mejor. "París era una fiesta" (1964)

Carreras


141. (...) Pero si tuviera que cambiar alguna vez, a mí me gustaría cambiarme por ti. Quisiera ser tú; porque te quiero mucho. -Pero yo no quiero cambiar. Es mejor que cada uno sea quien es. -Pero ahora no seremos más que uno, y nunca existirá el uno separado del otro. -Luego añadió -: Yo seré tú cuando no estés aquí. ¡Ay, cuánto te quiero... y tengo que cuidar de ti! "Por quién doblan las campanas" (1940)

Nuestro amor


142. Cuando los individuos se enfrentan con el mundo con tanto valor, el mundo sólo los puede doblegar matándolos. Y, naturalmente, los mata. El mundo quiebra a los individuos, y, en la mayoría, se les forma cal en el lugar de la fractura; pero a los que no quieren dejarse doblegar entonces, a estos, el mundo los mata. Mata indistintamente a los muy buenos y a los muy dulces, y a los muy valientes. "Adiós a las armas" (1929)

Doblegarse


143. París no se acaba nunca, y el recuerdo de cada persona que ha vivido allí es distinto del recuerdo de cualquier otra. Siempre hemos vuelto, estuviéramos donde estuviéramos, y sin importarnos lo trabajoso o lo fácil que fuera llegar allí. París siempre valía la pena, y uno recibía siempre algo a trueque de lo que allí dejaba. Yo he hablado de París según era en los primeros tiempos, cuando éramos muy pobres y muy felices. "París era una fiesta" (1964)

París


144. Morir no tenía importancia ni se hacía de la muerte ninguna idea aterradora. Pero vivir era un campo de trigo balanceándose a impulsos del viento en el flanco de una colina. Vivir era un halcón en el cielo. Vivir era un botijo entre el polvo del grano segado y la paja que vuela. Vivir era un caballo entre las piernas y una carabina al hombro, y una colina, y un valle, y un arroyo bordeado de árboles, y el otro lado del valle con otras colinas a lo lejos. "Por quién doblan las campanas" (1940)

Arte de vivir

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