Frases de Emily Dickinson

01. Todo lo que sabemos del amor es que el amor es todo lo que hay.

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02. Todo mi patrimonio son mis amigos.

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03. Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro.

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04. Ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos en pie.

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05. La buena suerte no es casual, es producto del trabajo; así la sonrisa de la fortuna tiene que ganarse a pulso.

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06. Triste puedo estar solo; para estar alegre necesito compañía.

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07. Ninguna otra fragata nos lleva a todas partes como el libro.

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08. Si puedo evitar que un corazón sufra, no viviré en vano; si puedo aliviar el dolor en una vida, o sanar una herida o ayudar a un petirrojo desmayado a encontrar su nido, no viviré en vano.

+ Frases de Herida


09. El hoy hace que el ayer signifique.

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10. Morir sin morir y vivir sin la vida, es el más arduo milagro propuesto por la fe.

+ Frases de Milagro


11. El corazón sigue sollozando en su sueño.

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12. La vida es para dos. Nunca para un comité.

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Influencias

Autores relacionados

Edgar allan Poe Ralph Waldo Emerson Robert Frost Sylvia Plath Walt Whitman

Emily Dickinson


Poeta estadounidense cuya poesía de alta integridad artesanal, lírica excepcional, naturalista y apasionada la colocan entre las grandes personalidades de la literatura americana.

Sobre Emily Dickinson

Emily Dickinson nació en una familia muy influyente en la sociedad puritana de su pueblo y su casa era frecuentada por la clase dirigente.

En 1940 fue anotada por los padres en la Academia de Amherst, recibiendo una sólida instrucción que incluía griego y latín.

En 1847 abandonó el hogar familiar para estudiar en el Seminario para Señoritas Mary Lyon de Mount Holyoke, donde permaneció menos de un año y abandonó a causa de una enfermedad.

A lo largo de su educación, la poetisa deslumbró por su inteligencia y rapidez mental, además de su humor y carisma arrollador.

Luego de la muerte de dos grandes amigos, Emily Dickinson se retiró de la vida social a los 30 años y durante el resto de su vida vivió como una ermitaña, manteniéndose únicamente en contacto con amigos a través de sus enigmáticas y epigramáticas cartas.

Esta época fue la de mayor inspiración, coincidiendo con la Guerra Civil Estadounidense (1861-1865).

Entre los pocos contactos que mantuvo con el exterior se encuentra su larga correspondencia, iniciada en 1862, con el clérigo y escritor Thomas Wentworth Higginson.

La poesía de Emily Dickinson llena de metáforas, con una sintaxis totalmente innovadora (a través del uso y abuso de guiones y mayúsculas), con un ritmo trepidante, desconcertaban a Higginson, quien le animaba a seguir escribiendo pero le recomendaba que no las publicara pues el público de la época nos las entendería.

Tras la muerte de la poetisa, fueron publicando gradualmente sus poemas, sumamente innovadores y sofisticados.

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