Frases de Carlos Fuentes - Página 9

01. La visión fue tan confusa y poderosa a la vez que se sintió mal y se vio obligado a detenerse, cruzar los brazos sobre el volante y reposar allí la cabeza, cerrar los ojos y repetirse en silencio que desde el inicio de esta aventura había jurado ser totalmente disponible, asumir todas las situaciones, dejarse llevar por cualquier sugestión, estar abierto a todas las alternativas y, esto era lo más difícil, mantener su inteligencia afilada siempre, afinando los accidentes azarosos o voluntarios que los demás crearían en su camino, percibiéndolos pero jamás impidiéndolos o rehusándolos. "La cabeza de la hidra" (1978)

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02. Despertó más tarde, con sobresalto. Ahora no veía nada, nada, por más que intentara perforar la oscuridad de los túneles. Hizo girar febrilmente los ojos en las órbitas secas. Tuvo la horrible sensación de que los globos de la mirada raspaban el lecho de nervios, tejidos y sangre en el que normalmente reposaban, deshebrándose como queso parmesano sobre una lijadura de metal. "La cabeza de la hidra" (1978)

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03. Como la hidra el petróleo renace multiplicado de una sola cabeza cortada. Semen oscuro de una tierra de esperanzas y traiciones parejas, fecunda los reinos de la Malinche bajo las voces mudas de los astros y sus presagios nocturnos. "La cabeza de la hidra" (1978)

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04. (...) Pero secretamente añadí que consideraba a Félix como algo mío, el hermano que vivió el lado difícil de la vida que a mí no me tocó, el amante platónico que todas las noches se tendía junto a mí en la cama convertible y me contaba extraordinarias películas que jamás se filmaron o más bien superpelículas ideales fabricadas de trozos que él amaba particularmente, un rostro, un gesto, una situación, un lugar arrebatados a la muerte por la cámara. "La cabeza de la hidra" (1978)

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05. A las ocho en punto de la mañana, Félix Maldonado llegó al Sanborns de la Avenida Madero. Llevaba años sin poner un pie dentro del famoso Palacio de los Azulejos. Pasó de moda, como todo el viejo centro de la ciudad de México, trazado de mano propia por Hernán Cortés sobre las ruinas de la capital azteca. "La cabeza de la hidra" (1978)

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06. A veces es el pico del águila de Washington el que nos corta la cabeza y se la come; a veces es el pico del águila de Moscú. Pero las tripas de la bestia alada son las mismas y el conducto de evacuación el mismo. Somos las mierdas de ese monstruo. "La cabeza de la hidra" (1978)

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07. Sin saberlo, querámoslo o no, acabamos por servir los fines de una de las dos cabezas de ese monstruo frío. Pero como el cuerpo es el mismo, sirviendo a una servimos a la otra y al revés. No hay escapatoria. "La cabeza de la hidra" (1978)

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08. Ah, la pasión vuelve a levantar su espantosa cabeza de hidra. Corta una y renacerán miles, ¿Verdad? Llámala celos, insatisfacción, envidia, desprecio, miedo, asco, vanidad, terror, escarba en los motivos secretos de todos los que hemos participado en esta comedia de errores, Félix, y ponle a la pasión el nombre que quieras. Nunca acertarás, porque detrás de cada nombre de la pasión hay una realidad oscura, política o personal, da igual, que nadie puede nombrar y que te impulsa a disfrazar de acción, lícita o ilícita, también da igual, lo que sólo es pasión, hambre, padecimiento, deseo, un amor que se alimenta de su odio y un odio que se alimenta de su amor. "La cabeza de la hidra" (1978)

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09. ¿Crees ser subjetivo? Nutres la objetividad. ¿Crees ser objetivo? Nutres la subjetividad. Igual que en una novela, donde las palabras acaban siempre por construir lo contrario de sí mismas. "La cabeza de la hidra" (1978)

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10. El terror es universal, pero la justicia no. Y toda organización de inteligencia, por más que se proponga las metas de la justicia, es pervertida por sus medios, que son los del terror, y termina por ser sierva de la opresión y no instrumento de la justicia que originalmente se propuso. Pequeña célula de estructura fascista, el espionaje acaba por infectar como un cáncer la sociedad en la que se inserta y a la que pretende proteger. "La cabeza de la hidra" (1978)

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11. Todos sus héroes son reaccionarios, de Ulises a James Bond. De allí la fatiga de su heroísmo, tan quebrantado como el rostro de goma de Howard Hunt. "La cabeza de la hidra" (1978)

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12. (...) Sin cambiar de forma o tamaño en él cabían, milagrosamente, todos los recuerdos de una vida, revelando, acaso, un misterio. La memoria no era acumulación material que acabaría reventando por simple cantidad añadida las frágiles paredes del sello. La memoria cabía en el objeto porque era idéntica a su dimensión. La memoria no era algo que se encimaba o entraba con calzador a la forma del objeto; era algo que se destilaba, se transfiguraba con cada nueva experiencia. "Instinto de Inez" (2001)

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Influencias

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Gabriel García Márquez Juan Rulfo Julio Cortázar Mario Vargas Llosa Octavio Paz

Carlos Fuentes


Escritor, ensayista y novelista mexicano nacido en Panamá, autor de "La muerte de Artemio Cruz" (1962), "Aura" (1962), "Cambio de piel" (1967), "Terra Nostra" (1975), "El naranjo" (1994) y "La silla del Águila" (2003).

Sobre Carlos Fuentes

Hijo de un diplomático de carrera, Carlos Fuentes nació en la embajada de México en Panamá y tuvo una infancia cosmopolita debido al trabajo de su padre, viviendo en Panamá, Quito (Ecuador), Montevideo (Uruguay) y Río de Janeiro (Brasil) entre 1928 y 1934.

Tiempo después se trasladan a Estados Unidos y cursa sus estudios primarios en la escuela "Henry D.

Cooke" de Washington DC, vacacionando en México DF para no perder la lengua castellana.

En 1940, Carlos Fuentes se traslada a Chile primero y Argentina después, viviendo la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) con profunda sensibilidad.

En 1944 se traslada con su madre a México, donde termina sus estudios secundarios e ingresa a la Universidad de México para estudiar leyes, abandonando tiempo después.

En 1950, Carlos Fuentes viaja a distintos países de Europa y trabaja como secretario de un miembro mexicano de la Comisión de Derecho Internacional de la ONU.

Vuelve a México en 1952 y reingresa a la Facultad de Derecho y un año después ocupa el cargo de secretario de prensa del Centro de Información de las Naciones Unidas.

Carlos Fuentes junto a Emmanuel Carballo funda y edita la Revista Mexicana de Literatura en 1955.

Tiempo después viaja nuevamente a Europa viviendo en Venecia (Italia), Londres (Inglaterra) y París (Francia).

En 1971 recibe un gran golpe con la muerte de su padre y pasa un tiempo alejado de la escritura.

Acepta el nombramiento de embajador de México en Francia como homenaje a la memoria de su padre en 1975, renunciando dos años después en protesta por el nombramiento del ex presidente Díaz Ordaz como primer embajador de México en España.

En 1983, Carlos Fuentes recibe el doctorado de la Universidad de Harvard y un año después el Premio Nacional de Literatura de México.

Los viajes y estadías en otros países continúan desde 1986, recibiendo numerosas distinciones y premios y conservando siempre la base y plataforma cultural mexicana.

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