Frases de Yo recuerdo

Yo recuerdo

11 frases de Yo recuerdo de Borís Pasternak, libro de 1957.... Boceto autobiográfico del autor, uno de sus textos más extrovertido, dónde recuerda los incidentes e influencias que lo acompañaron en su vida. recuerdos, angustia, infancia, adolescencia, música y más.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Borís Pasternak son: angustia, autobiografía, memorias, pasión por la música, recuerdos, suicidio.

Frases de Borís Pasternak

Frases de Yo recuerdo Borís Pasternak

01. (...) Pero todos sufrieron de un modo indescriptible, sufrieron hasta ese grado en que la angustia se trasforma en enfermedad mental.

Angustia


02. (...) Escribir estos versos, cubrirlos de tachaduras y reescribirlos, era una necesidad profunda de mi ser y me provocaba un placer incomparable que llegaba a las lágrimas.

Verso


03. En la vida es más importante perder que ganar. La simiente no germina si no muere. Hay que vivir sin dejarse llevar, mirar hacia adelante y alimentarse de aquellas provisiones vivas que tanto el olvido como el recuerdo elaboran.

Perder


04. Amo mi vida y estoy contento con ella. No necesito que se le aplique una capa de dorado. Yo no concibo una vida sin secretos y sin purificaciones, una vida brillantemente reflejada en el espejo de un escaparate de exposición.

Estar contento


05. Y estaba ante un joven bien parecido, de aspecto sombrío y voz de bajo profundo, puños de boxeador, un espíritu inagotable y mortífero, alguien intermedio entre un héroe mítico de Alejandro Grin y un torero español.

Torero


06. Leí a Tiutschev, y, por primera vez en mi vida, escribí versos, ya no en forma esporádica sino a menudo y sistemáticamente, tal como se pinta o se compone música. Fue en la espesura de ese árbol donde, durante los dos o tres meses de verano, escribí los versos de mi primer libro.

Verano


07. Por el contrario, mi preocupación constante era el contenido, mi sueño constante era que el poema contuviera algo, un pensamiento nuevo o un cuadro nuevo; que fuera traspasado al libro con todas sus particularidades, que hablara, al correr de las páginas, con su silencio y con todos los colores de sus letras negras e incoloras.

Páginas


08. Pero el sentimiento de la justicia, la modestia, el agradecimiento, no tenían lugar en la juventud de tendencias artísticas izquierdistas: eran considerados signos de sentimentalismo y de falta de vitalidad. Había que darse aires, pavonearse, aparentar y, aunque esto era repugnante, yo seguí la corriente, a pesar de mí mismo, para hacer lo que todo el mundo.

Repugnante


09. No tenemos ni la menor idea de las angustias que se deben padecer antes del suicidio. En el sitio del tormento, a efectos de la tortura física, se pierde la conciencia a cada instante; los sufrimientos del suplicio son tan enormes que ellos mismos, por intolerables, precipitan el fin. Pero el hombre entregado en manos del verdugo no está aún aniquilado; junto con dejar de sentir dolor asiste a su propio fin; si pasado le pertenece, le quedan sus recuerdos, y si quiere puede servirse de ellos: ante la muerte pueden ayudarle en algo.

Suplicio


10. Cuando se llega a pensar en el suicidio, uno se pone una cruz sobre sí mismo, vuelve la espalda al pasado, se declara a sí mismo fracasado y sin recuerdos válidos. Estos recuerdos ya no pueden llegar hasta el hombre, no pueden salvarle ni sostenerle. La continuidad de la existencia interior se quiebra, la personalidad muere.

Suicidio


11. (...) Poco después, hubo una velada memorable. No sé qué clase de música militar -si polkas o marchas- se alzaba lentamente del Oka y avanzaba hacia nosotros a través de la capa de neblina que planeaba sobre los bordes del río. Pronto aparecieron un pequeño remolcador y tres escampavías desde la colina. Sin duda habían visto desde el barco la propiedad en lo alto y decidieron atracar. El remolcador dio media vuelta y condujo las escampavías hacia nuestra orilla. Eran soldados, una importante unidad de granaderos. Desembarcaron e hicieron fogatas al pie de la colina. Se invitó a los oficiales a cenar y a pernoctar en lo alto. Se embarcaron a la mañana siguiente. Fue un episodio de la movilización general. La guerra había comenzado.

Granaderos

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