Frases de Yo, que he servido al rey de Inglaterra


El pecho se me llenó de una inmensa alegría y de pronto me puse a cantar, al principio tímidamente, porque en toda mi vida nunca había cantado, durante décadas nunca me apeteció entonar una canción... Y ahora cantaba, inventaba palabras y frases para llenar las lagunas olvidadas de las tonadas... Y el perro lobo se sentó y se puso a aullar, le di un trozo de longaniza, me rozó las piernas y yo continuaba cantando, en realidad no cantaba, sino que emitía gritos, aullidos, sí, de hecho no hacía otra cosa que aullar igual que un perro, estos aullidos eran un abrir y echar por tierra cajones llenos de papeles viejos y de cartas antiguas y postales amarillentas, desde los labios volaban al viento trozos de antiguos carteles superpuestos, trozos arrancados al azar con textos incoherentes que mezclaban anuncios de exposiciones de pintura y de partidos de fútbol, programas de orquestinas de pueblo y de conciertos de música clásica, todas aquellas cosas que se habían sedimentado en mí como el humo y el alquitrán en los pulmones de un fumador. Cómo me convertí en millonario, frases Yo, que he servido al rey de Inglaterra

Frases de lobos


Mi perro lobo con los pulmones reventados tuvo fuerzas para llegar a casa con la compra, aún pude acariciarlo y darle un terrón de azúcar como recompensa, pero el perro no se lo pudo comer, colocó su cabeza en mi regazo y así se fue muriendo poco a poco; el caballo se inclinaba sobre él desde detrás de mí, lo olfateaba, después se acercaron la cabra y la gata que acostumbraba a dormir con el perro y que no se dejaba acariciar nunca, aunque creo que de todos mis animales la gata era la que más me quería; cuando estaba tumbada, yo le hablaba y ella se retorcía y me miraba llena de agradecimiento y sacaba las uñas de placer como si le acariciara el cuello o la barriga, pero en el momento en que alargaba la mano para hacerlo de verdad, por la fuerza de su timidez salvaje retrocedía lejos del alcance de mis dedos... La gata se acercó y se acurrucó igual que un gusano contra el perro, le acerqué la mano, la gata tenía los ojos fijos en los del perro, intenté acariciarla, ella me miró como si le hubiera hecho algo horrible, cerró los ojos y metió la cabeza entre el pelo de su compañero muerto para no ver aquello que la horrorizaba y a la vez anhelaba... Cómo me convertí en millonario, frases Yo, que he servido al rey de Inglaterra

Frases de duelo


Me encontraba en la estación de Praga, en el andén en dirección a Tábor, la que yo debía tomar para llegar hasta el hotel Plácido, y queriendo mirar el reloj para saber la hora alcé el brazo, y cuando me subía la manga del puño, levanté los ojos un poco y qué es lo que vi: una vez más lo increíble se había hecho realidad y vi a Zdenek, ¡De pie al lado del quiosco! Me quedé boquiabierto, con mi mano inmóvil sobre la manga subida, mientras Zdenek miraba a su alrededor como si esperase a alguien, después levantó el puño, sí, seguramente esperaba a alguien porque él también miraba el reloj; de pronto se me acercaron tres hombres con abrigos de cuero, me cogieron las manos, yo aún tenía la mano sobre el reloj, veía a Zdenek que me miraba alucinando, y lívido observaba cómo aquellos hombres, alemanes, me metían en un coche, mientras yo me preguntaba sorprendido adónde me llevaban y por qué; me llevaron a la cárcel de Pankrác, se abrió la gran puerta, los alemanes me condujeron a una celda donde me tiraron como si fuera un criminal... En un primer momento me quedé confuso, pero después me alegré con mi destino, sí, estaba contento y sólo temía que me soltaran demasiado pronto, deseaba permanecer encarcelado, que me llevasen a un campo de concentración, porque sabía que la guerra acabaría pronto, me felicitaba por haber sido detenido precisamente por los alemanes, y entonces se abrió la puerta y los alemanes me llevaron al interrogatorio; después de darles todos mis datos, el juez de instrucción me preguntó severamente: ¿A quién esperaba? Y yo dije que a nadie, y en aquel momento se abrió la puerta, entraron dos de paisano, se me echaron encima, me rompieron la nariz y dos dientes y me tiraron al suelo para volver a preguntarme a quién esperaba, quién tenía que pasarme mensajes secretos, y yo dije que había llegado a Praga de visita, para dar una vuelta, y uno de ellos me cogió por el pelo y me golpeó la cabeza contra el suelo, el juez de instrucción gritaba que mirar el reloj era una señal convenida y que yo era miembro de una organización comunista clandestina... Y no había manera de encontrar la cabeza, frases Yo, que he servido al rey de Inglaterra

Frases de sonderkommando

Obras relacionadas

Yo, que he servido al rey de Inglaterra

Yo, que he servido al rey de Inglaterra (1971), Bohumil Hrabal
  • Libro, 1971
  • Original: Obsluhoval jsem anglického krále
  • Frases de Yo, que he servido al rey de Inglaterra: Historia de un joven exitoso con habilidad para meterse en problemas en la Praga de la década de 1940, durante la ocupación nazi y el comunismo temprano.
  • Libro esencial

Yo, que he servido al rey de Inglaterra

Autor

Bohumil Hrabal (1914-1997): Escritor, poeta y novelista checo, autor de "Trenes rigurosamente vigilados" (1964), "Yo, que he servido al rey de Inglaterra" (1971), "Una soledad demasiado ruidosa" (1977) y "Bodas en casa" (1986).


Palabras clave

Ficción histórica Absurdo Amantes Segunda guerra mundial Exilio Comunismo Sátira Nazismo Ansia de reconocimiento social Convivencia con el invasor Ocupación Ambientada en Praga (República Checa) Raza aria

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