Frases de Nuestro hogar es Auschwitz

Nuestro hogar es Auschwitz

21 frases de Nuestro hogar es Auschwitz (Bylismy w Oswiecimiu) de Tadeusz Borowski, libro de 1947.... Conjunto de relatos que hablan sobre la vida en los campos de concentración nazi, con el estilo seco, inconmovible, en ocasiones violento y cínico, de sarcástico humor negro que caracteriza al autor.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Tadeusz Borowski son: auschwitz, brutalidad, cámara de gas, campos de concentración, cenizas, indiferencia, nazismo, segunda guerra mundial, sobrevivientes, sonderkommando, verdugos.

Frases de Tadeusz Borowski Libros de Tadeusz Borowski

Frases de Nuestro hogar es Auschwitz Tadeusz Borowski

01. ¿Qué sabrá el mundo de nosotros cuando ganen los alemanes?

Alemanes


02. Creo que la dignidad del hombre reside en sus pensamientos y sentimientos.

Dignidad


03. En este maldito Auschwitz todas las profecías se cumplen, si son malas.

Auschwitz


04. Me sonrío y pienso que el amor siempre hará que el ser humano se reconcilie consigo mismo.

Amor


05. Somos insensibles como árboles, como piedras. Y permanecemos callados, como árboles mientras los talan, como las piedras cuando se rompen.

Insensible


06. ¡Qué pocos hombres quedan en Europa que no hayan matado a otro! ¡Y que pocos hombres quedan a los que otros no quieran matar!

Matar


07. Les ha tocado uno de los más duros, el de Harmeze, porque están gordos y descansados. Es la justicia envidiosa del campo: cuando el fuerte cae, sus antiguos amigos procuran que caiga lo más bajo posible.

Campo de concentración


08. Sabes Tadeusz, me caes muy bien –dijo de forma inesperada-, pero tú no sabes lo que es tener hambre de verdad ¿A qué no? -Depende de lo que se entienda por hambre. -Hambre de verdad es mirar a un hombre como un simple objeto comestible. Yo he tenido hambre de verdad, ¿Entiendes?

Hambre


09. ¿Y qué pasaría si no tuviésemos comida, qué harían los que se encargan de organizar los transportes? ¿Crees que os podríais comer tranquilamente los víveres de vuestros paquetes? No os dejaríamos. - Nos tendríais que dejar; de lo contrario os moriríais de hambre, como los griegos. En el campo, quien tiene la comida tiene la fuerza.

Desnutrición


10. Cuando estaban a punto de liberar el campo, los judíos del Sonderkommando pensaron que los alemanes acabarían con ellos, así que se amotinaron en los crematorios. Después prendieron fuego a los edificios de los crematorios, cortaron la alambrada y echaron a correr a campo traviesa. Los SS les dispararon con sus ametralladoras. No se salvó ninguno. ¡Qué extraña ironía del destino!

Sonderkommando


11. He escuchado con avidez las historias de las cárceles más desconocidas, de las prisiones provinciales de Malkinia, Suwalki, Radom, Pulawy, Lublin, y siempre las misma sofisticada técnica de tortura, desarrollada hasta la monstruosidad. Es impensable que haya surgido espontáneamente de la mente de un hombre, como Minerva de la cabeza de Júpiter. No puedo entender esta repentina borrachera de muerte, este atavismo desbordado, que creíamos superado por el progreso humano.

Tortura


12. Trabajamos bajo tierra y sobre la tierra, bajo techado y a la intemperie, usando palas, picos y palancas. Trabajamos en la plataforma del tren, cargando sacos de cemento, colocando ladrillos o raíles del ferrocarril, vallando fincas, allanando el terreno con nuestros pies... Ponemos los cimientos de una civilización nueva y terrible. Ahora sé qué elevado precio pagaron otros en la Antigüedad. ¡Qué crimen espantoso fueron las pirámides de Egipto, los templos y estatuas griegas!

Pirámides


13. En el pasado observaba el mundo con los ojos bien abiertos y llenos de asombro, poniendo los cinco sentidos cuando transitaba por las calles, como un gato joven caminando sobre el antepecho de una ventana. Ahora, sin embargo, puedo dejarme llevar con total indiferencia por la multitud en movimiento y restregarme con cuerpos calientes femeninos sin sentir la más mínima emoción, inmune a la seducción de las muchachas, a la desnudez de sus rodillas y a sus cabellos aceitosos e intrincadamente rizados.

Indiferencia

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