Frases de Nocturno hindú

Nocturno hindú

16 frases de Nocturno hindú (Notturno indiano) de Antonio Tabucchi, libro de 1984.... Una persona en busca de un amigo desaparecido en la India... Una historia que refleja el lado nocturno y oculto de las cosas con irónico despego y mórbida impasibilidad, un escritor se busca a sí mismo a través de su obra.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Antonio Tabucchi son: búsqueda de sentido, fotografía, india, libros sobre libros, recuerdos, ser escritor.

Frases de Antonio Tabucchi

Frases de Nocturno hindú Antonio Tabucchi

01. Ayudaría a alumbrar este nocturno en que se busca una sombra...

Sombra


02. Hurgo en viejos archivos, busco crónicas antiguas, cosas devoradas por el tiempo, yo lo llamo ratones muertos.

Muertos


03. A las seis es algo tarde para comer y algo temprano para cenar.

Comer


04. Él era bueno, su voluntad era buena, pero su naturaleza tenía un destino triste.

Triste


05. La India también era esto: un universo de sonidos romos, indiferenciados, indistinguibles.

India


06. Hay otro que me está buscando, pero yo no tengo ninguna intención de dejar que me encuentre.

Intención


07. Debe ser algo así como su fotografía, la ampliación falsea el contexto, hay que ver las cosas desde lejos.

Contexto


08. "Qué hacemos dentro de estos cuerpos" dijo el señor que se disponía a acostarse en la cama contigua a la mía.

Acostarse


09. Me pareció extraño aquel niño solo en un lugar como aquél con su mono, aunque en la India no es raro encontrar niños solos con animales.

India


10. Al salir estuve a punto de entrar en el English Bar del vestíbulo, pero luego consideré que mi cansancio no necesitaba una ayuda alcohólica y subí a mi habitación.

Bar


11. (...) Tal vez busque un pasado, una respuesta a algo. Tal vez desee aferrar algo que antes no supo ver. Quiero decir, es como si se buscase a sí mismo, al buscarme a mí.

Respuesta


12. Intenté imitar aquel gesto de resignación que ella había hecho al hablar de su trabajo. "También a mí me pagan por eso". Ella sonrió e introdujo la llave en la puerta.

Imitar


13. Él volvió a sonreír con su sonrisa triste y culpable, y yo comprendí que me había equivocado de nuevo, que no era un don tener mucha memoria en un lugar como aquél.

Triste


14. No recuerdo quien dijo que en la pura actividad del mirar hay siempre algo de sadismo. Intenté inútilmente recordar quién fue, pensé que había algo de verdad en aquella frase: y así miré incluso con mayor voluptuosidad, con la perfecta sensación de ser sólo dos ojos que miraban mientras yo estaba en otro lugar, sin saber dónde.

Mirar


15. Era la primera vez que sentía despertarse en mí una fuerte irritación. Aquella sala inhóspita, oscura, cerrada, con los bustos de bronce alineados a lo largo de las paredes y las vitrinas llenas de libros; aquel hindú sabihondo y presuntuoso que estaba dirigiendo la conversación a su antojo; su manera de comportarse, entre la condescendencia y la astucia; todo ello me provocaba un malestar que estaba transformándose rápidamente en cólera.

Cólera


16. Por esos azares que tiene la vida, uno puede encontrarse durmiendo en el hotel Zuari. Lo cual, en el momento mismo, podrá parecer una experiencia no demasiado afortunada; pero en el recuerdo, como siempre en los recuerdos, depurada de las sensaciones físicas inmediatas, de los olores, del color, de la contemplación de aquel bichito bajo el lavabo, la circunstancia asume la vaguedad que mejora la imagen. La realidad pasada es siempre menos mala de lo que fue efectivamente: la memoria es una formidable falsaria. Se producen contaminaciones, incluso sin querer. Hoteles así habitaban ya nuestro universo imaginario: los hemos encontrado en los libros de Conrad o de Maugham, en alguna película americana extraída de las novelas de Kipling o de Bromfield: nos parecen casi familiares.

Hotel

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