Frases de Nada

Nada

23 frases de Nada de Carmen Laforet, libro de 1945.... Novela de carácter existencialista, donde la autora a través de la joven Andrea, refleja el estancamiento y la pobreza en la que se encontraba la España de la posguerra y la lenta desaparición de la pequeña burguesía.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Carmen Laforet son: adaptada al cine, barcelona, decadencia social, existencialismo, familia burguesa, guerra civil española, independencia, manipulación, posguerra.

Frases de Carmen Laforet

Frases de Nada Carmen Laforet

01. (...) En aquellas heladas horas hubo algunos momentos en que la vida rompió delante de mis ojos todos sus pudores y apareció desnuda, gritando intimidares tristes, que para mí eran sólo espantosas.

Desnuda


02. ¡Cuántos días sin importancia! Los días sin importancia que habían transcurrido desde mi llegada me pesaban encima, cuando arrastraba los pies al volver de la Universidad. Me pesaban como una cuadrada piedra gris en el cerebro.

Ocio


03. El sentimiento de ser esperada y querida me hacía despertar mil instintos de mujer; Una emoción como de triunfo, un deseo de ser alabada, admirada, de sentirme como la cenicienta del cuento, princesa por unas horas, después de un largo incógnito.

Princesa


04. Me estaba dando cuenta yo, por primera vez, de que todo sigue, se hace gris, se arruina viviendo. De que no hay final en nuestra historia hasta que llega la muerte y el cuerpo se deshace...

Gris


05. En realidad, mi pena de chiquilla desilusionada no merecía tanto aparato. Había leído rápidamente una hoja de mi vida que no valía la pena recordar más. A mi lado, dolores más grandes me habían dejado indiferente hasta la burla...

Indiferente


06. (...) Antes de entrar en el automóvil alcé los ojos hacia la casa donde había vivido un año. Los primeros rayos del sol chocaban contra sus ventanas. Unos momentos después, la calle de Aribau y Barcelona entera quedaban detrás de mí.

Barcelona


07. Porque entonces era lo suficientemente atontada para no darme cuenta que aquél era uno de los infinitos hombres que nacen sólo para sementales y junto a una mujer no entienden otra actitud que ésta. Su cerebro y su corazón no llegan a más.

Actitud


08. Hablaba conmigo en cuclillas junto a la cafetera, que estaba en el suelo, y entonces parecía en tensión, lleno de muelles bajo los músculos morenos. Luego, inopinadamente, se tumbaba en la cama, fumando, relajadas las facciones como si el tiempo no tuviera valor, como si nunca hubiera de levantarse de allí. Casi como si se hubiera echado para morir fumando.

Tensión


09. Sobre fondo negro habían pintado en blanco, con grandes letras: "Demos gracias al cielo de que valemos infinitamente más que nuestros antepasados. - Homero". La firma era imponente. Tuve que reírme. Me encontraba muy bien allí; la inconsciencia absoluta, la descuidada felicidad de aquel ambiente me acariciaban el espíritu.

Inconsciencia


10. Porque a mí me gusta que los hombres se enamoren, ¿Sabes? Me gusta mirarlos por dentro. Pensar... ¿De qué clase de ideas están compuestos sus pensamientos? ¿Qué sienten ellos al enamorarse de mí? La verdad es que razonándolo resulta un juego un poco aburrido, porque ellos tienen sus añagazas infantiles, siempre las mismas. Sin embargo, para mí es una delicia tenerles entre mis manos, enredarles con sus propias madejas y jugar como los gatos con los ratones...Bueno, el caso es que tengo a menudo ocasiones para divertirme, porque los hombres son idiotas y les gusto yo mucho...

Delicia


11. Yo no busco en las personas ni la bondad ni la buena educación siquiera..., aunque creo que esto último es imprescindible para vivir con ellas. Me gustan las gentes que ven la vida con ojos distintos que los demás, que consideran las cosas de otro modo que la mayoría...Quizá me ocurra esto porque he vivido siempre con seres demasiado normales y satisfechos de ellos mismos...

Normales


12. Yo tuve que sonreírme. En pocos días la vida me aparecía distinta a como la había concebido hasta entonces. Complicada y sencillísima a la vez. Pensaba que los secretos más dolorosos y más celosamente guardados son quizá los que todos los de nuestro alrededor conocen. Tragedias estúpidas. Lágrimas inútiles. Así empezaba a aparecerme la vida entonces.

Tragedia


13. Aún era yo la criatura encogida y amargada a la que le han roto un sueño.

Criatura


14. ¿Quién puede entender los mil hilos que unen las almas de los hombres y el alcance de sus palabras?

Hilo


15. Llegaba a mi casa, de la que ninguna invitación a un veraneo maravilloso me iba a salvar, de vuelta de mi primer baile en el que no había bailado.

Baile


16. Pensé que cualquier alegría de mi vida tenía que compensarla algo desagradable. Que quizás esto era una ley fatal.

Desagradable


17. La vida volvía a ser solitaria para mí. Como era algo que parecía no tener remedio, lo tomé con resignación.

Resignación


18. Fui distraída todo el camino, pensando en que siempre se mueve uno en el mismo círculo de personas por más vueltas que parezca dar.

Personas


19. Me gustan las gentes que ven la vida con ojos distintos de los demás, que consideran las cosas de otro modo que la mayoría.

Mirada


20. Tal vez el sentido de la vida para una mujer consiste únicamente en ser descubierta así, mirada de manera que ella misma se sienta irradiante de luz.

Sentido de la vida


21. A veces tengo miedo de sentir el dualismo de fuerzas que me impulsan. Cuando he sido demasiado sublime una temporada, tengo ganas de arañar... De dañar un poco.

Sublime


22. Me marchaba ahora sin haber conocido nada de lo que confusamente esperaba: la vida en su plenitud, la alegría, el interés profundo, el amor. De la casa de la calle de Aribau no me llevaba nada. Al menos, así creía yo entonces.

Despedida


23. Me parece que de nada vale correr si siempre ha de irse por el mismo camino, cerrado, de nuestra personalidad. Unos seres nacen para vivir, otros para trabajar, y otros para mirar la vida. Yo tenía un pequeño y ruin papel de espectadora. Imposible salirme de él. Imposible libertarme. Una tremenda congoje fue para mí lo único real en aquellos momentos.

Papel

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