Frases de Mystic River - Página 2

27. La querías tanto porque la habías creado y porque la habías mecido en tus brazos cuando era pequeña, y que a veces tu amor por ella era tan grande que tu corazón se hinchaba como un globo y sentías que iba a explotar de amor.

Gran amor


28. Si enterramos nuestros pecados aquí, Dave, los purificaremos. Dave se sentó y observó cómo la sangre le brotaba y le goteaba por encima de los pantalones. Era su propia sangre, y cuando se llevó la mano al abdomen, se percató de que tenía una raja que iba de un extremo a otro.

Pantalones


29. Lo peor eran aquellos que las habían amado y que las habían sobrevivido. A partir de ese momento solían convertirse en muertos vivientes, agotados, con el corazón roto, viviendo como podían lo que les quedaba de vida sin nada más en su interior que sangre y órganos, insensibles al dolor.

Corazón roto


30. El abogado de Brendan era un viejo bocazas irlandés que había estado persiguiendo ambulancias desde la época en que eran conducidas por caballos, pero sabía lo suficiente para tener la certeza de que Sean no tenía ningún derecho a retener a su cliente por el mero hecho de no tener coartada.

Abogado


31. Odio, aversión, ira y desprecio. Todo eso dirigido contra él. No comprendía por qué. No se había metido con nadie en toda su vida; aun así, le odiaban. Y ese odio le hacía sentir huérfano. Le hacía experimentar una sensación de putrefacción, culpa e insignificancia; lloraba porque no quería sentirse así.

Aversión


32. (...) En aquel momento Sean vio cómo los estragos del día empezaban a aparecer en su cuerpo y en su rostro, revistiéndola poco a poco. La violenta luz del techo le iluminó la cara y sean se imaginó la apariencia que tendría cuando fuera mayor: una mujer atractiva, cicatrizada por una sabiduría que nunca había pedido.

Apariencia


33. Un hombre que nunca se había quejado y que nunca le había pegado, y que había sido un padre maravilloso y un buen marido. Necesitaba contar a alguien lo confusa que estaba al ver que aquel hombre había desaparecido, como si la máscara que había llevado por rostro le hubiera caído al suelo, dejando ante ella un monstruo de mirada lasciva.

Máscara


34. Sean llevaba dos años en el Departamento de Homicidios, y durante ese período de tiempo, era la persona de la brigada de Whitey Powers que había solicitado más permisos, y eso hacía que Friel aún tuviera sus dudas sobre él. En ese momento le miraba sopesando si sería capaz de encargarse del caso: habían asesinado a una chica en su parque.

Homicidio


35. Había oído que en ciertas civilizaciones antiguas se comían los corazones de la gente que asesinaban. Al comerse los corazones, poseían a los muertos. Les daba poder, el poder de dos, el espíritu de dos. Dave se sentía de ese modo. No, no se había comido el corazón de nadie. No estaba tan loco. No obstante, había sentido la gloria del depredador. Había matado.

Asesinato


36. Annabeth, con su habilidad de ver a través de él, con sus oportunos apretones de manos y con su tierno pragmatismo era la base, sencilla y simple, en que se apoya ha Jimmy. Él la consideraba esposa, madre, la mejor amiga, hermana, amante y consejera. Jimmy tenía la certeza de que sin ella habría acabado volviendo a Deer Island, o mucho peor, a alguna cárcel de máxima seguridad como las de Nolfolk o Cedar Junction, cumpliendo duras condenas mientras se le pudrían los dientes.

Mejor amigo


37. Últimamente, se había sentido cansado en general. Cansado de la gente. Cansado de los libros, de la televisión, de las noticias de cada noche y de las canciones de la radio que ya había oído años atrás y que ya ni siquiera entonces le habían gustado. Estaba cansado de su ropa y de su pelo, cansado de la ropa y del pelo de la otra gente. (...) Se preguntaba si aquella apatía generalizada y la hastiada falta de esperanza serían los típicos síntomas de una depresión clínica.

Depresión


38. La vida no consiste en ser siempre feliz, en doradas puestas de sol y tonterías parecidas. La vida es trabajo. La persona que amamos rara vez se merece todo el amor que le damos, porque nadie vale tanto en realidad, y quizá tampoco merezca tener que cargar con ello. Uno acaba por sufrir una decepción. Se desilusiona, deja de confiar y tiene que aguantar muchos días malos. Pierde más de lo que gana, y acaba por odiar a la persona que ama en la misma medida que la ama. Sin embargo, uno se arremanga y se pone a trabajar, en todos los aspectos, porque eso forma parte del proceso de hacerse mayor.

Decepción


39. Ella se lo contó. Le explicó todo lo que sabía, incluso las locuras de vampiros de la noche anterior. Se lo contó, y se percató de que cada palabra que brotaba de su boca se convertía en una palabra más de la que él quería huir. Le quemaban. Le atravesaban la piel como dardos. Torcía la boca y los ojos ante ellas, y se le tensó tanto la piel del rostro que celeste podía ver su esqueleto debajo, y la temperatura de su cuerpo descendió al imaginárselo en un ataúd, con las uñas largas y afiladas, la mandíbula deshecha y un musgo largo y suelto en vez de pelo.

Vampiros


40. (...) El coche negro llevaba matrícula oficial y suficientes antenas adheridas al maletero para poder establecer conexión con venus; Dave, a catorce metros de distancia, supo con una sola mirada que el compañero de sean, al igual que éste, era un poli. Tenía esa barbilla ligeramente prominente tan propia de los policías, y una forma de apoyarse sobre los talones mientras se echaba ligeramente hacia delante que también era característica de los policías. Y si todo eso no bastaba para delatarle, el corte de pelo de infante de marina en un tipo de cuarenta y pocos años junto con las gafas de sol de aviador con montura dorada eran más que suficiente para ponerle en evidencia.

Evidencia

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