Frases de Melmoth el errabundo - Página 2

17. Desvió la mirada, pero no lloró; o si lo hizo, rechazó las lágrimas como lo haría un demonio, con sus zarpas ardientes, cuando ve llegar una nueva víctima para la tortura y, arrepintiéndose de su arrepentimiento, rechaza la mancha de la compunción y se apresta a su tarea con renovada diligencia.

Tortura


18. El prisionero soportó la primera y segunda sesiones con valor inquebrantable; pero al aplicarle la tortura del agua, que desde luego resulta insoportable para todo ser humano, tanto a la hora de sufrirla como de describirla, exclamó en un jadeante intervalo que lo revelaría todo. Le soltaron, le reanimaron, le confortaron, y al otro día hizo la siguiente confesión...

Confesión


19. El haber prolongado la extensión de la vida no conduce al villano, que por ello se hace también víctima, a un aumento de su felicidad; al contrario, le arrastra de un modo más evidente a la esencia de la existencia: el dolor, el sufrimiento, la desesperación. Sólo podrá liberarse de la condena cuando encuentre a alguien que esté dispuesto a asumir su destino.

Condena


20. Él es sólo un hombre, también, y siente quizá la misma desesperación que devora a los desventurados que le suplican que les libere de ella. Luego se arrodillan ante las imágenes de los santos...Los invocan; a veces, los injurian. Suplican su intercesión, se quejan de su ineficacia, y acuden a algún otro cuyos méritos imaginan más altos a los ojos de Dios.

Santos


21. El jardín, con su serena belleza bañada por la luna, su celestial inocencia, su teología de estrellas, era para mí a la vez un reproche y un consuelo. Traté de reflexionar, de analizar...Los dos esfuerzos fracasaron; y quizá en este silencio del alma, en esta suspensión de todas las voces clamorosas de las pasiones, es cuando más preparados estamos para oír la voz de Dios.

Teología


22. He conocido prisioneros en la Bastilla que las alimentaban y las tenían por compañeras... ¿Por qué no empiezas tú también? Sé de una araña que descendía a un golpecito con el dedo, y de una rata se acercaba cuando traían la comida diaria para compartirla con su comparo de cárcel. ¡Qué encantador, tener sabandijas por invitados! Sí, y cuando les falla el festín, ¡Se comen al anfitrión!

Cárcel


23. El horrible rugido del hambriento animal hizo temblar a los verdugos cuando ataron la cuerda alrededor del cuerpo de la gimiente víctima. Entre vanos forcejeos, súplicas de misericordia y alaridos de desesperación, fue atado, izado y bajado a la arena. En el momento de tocar el suelo, cayó petrificado, aterrado. No profirió un solo grito...No fue capaz de respirar siquiera, ni de hacer un movimiento...Cayó, con todo el cuerpo contraído, como un bulto; y allí quedó, igual que una protuberancia de la tierra.

Atado


24. Los que están dotados de una fuerte sensibilidad, sin un temperamento religioso, son los más desgraciados de todos, pero sus sufrimientos acaban pronto. Se ven mortificados, anulados por la devoción monótona: se sienten exasperados por la estúpida insolencia y por la inflada superioridad. Luchan; se resisten. Se les aplican penitencias y castigos. Su propia violencia justifica la extrema violencia del tratamiento; y de todos modos, se les aplicaría sin esa justificación, porque no hay nada que halague más el orgullo del poder que una contienda victoriosa con el orgullo del intelecto.

Tratamiento


25. Estaba preparado para la muerte, pero algo peor que la muerte parecía amenazarme, con todos estos preparativos. Cuando nos empujan al precipicio de la muerte, saltamos con decisión, y a menudo frustramos el triunfo de nuestros asesinos convirtiéndolo en el nuestro. Pero cuando nos llevan a él paso a paso, nos suspenden sobre él, y luego nos retiran, perdemos toda nuestra decisión, a la vez que nuestra paciencia; y nos damos cuenta de que el golpe definitivo sería un acto de compasión, comparado con los roces retardados, descendentes, lentos, oscilantes, que van mutilando poco a poco.

Compasión


26. Estaba preparado para la muerte, pero algo peor que la muerte parecía amenazarme, con todos estos preparativos. Cuando nos empujan al precipicio de la muerte, saltamos con decisión, y a menudo frustramos el triunfo de nuestros asesinos convirtiéndolo en el nuestro. Pero cuando nos llevan a él paso a paso, nos suspenden sobre él, y luego nos retiran, perdemos toda nuestra decisión, a la vez que nuestra paciencia; y nos damos cuenta de que el golpe definitivo sería un acto de compasión, comparado con los roces retardados, descendentes, lentos, oscilantes, que van mutilando poco a poco.

Compasión


27. Los momentos que pasé durante su ausencia fueron, creo, los más horribles de mi vida. El terror aumentó con la oscuridad, ya que ahora era de noche, y se había llevado la luz consigo. Mi agitación había hecho que no me diese cuenta de esto al principio. Vi que estaba a oscuras, pero no sabía cómo ni por qué. Mil imágenes de indescriptible horror me asaltaron en tropel. Había oído hablar muchas veces de los terrores de los conventos...De los castigos que a menudo se aplicaban hasta la muerte, o que dejaban a la víctima en un estado en el que la muerte habría sido una bendición.

Horror

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