Frases de Los perros y los lobos

Los perros y los lobos

13 frases de Los perros y los lobos (Les chiens et les loups) de Irene Némirovsky, libro de 1940.... Historia construida con retazos de la infancia y del exilio, la crisis de identidad, las historias de amor, todo sujeto a los azarosos caprichos del destino.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Irene Némirovsky son: amor entre clases sociales, amor imposible, crisis de identidad, exilio, inocencia perdida, nostalgia, pasiones, soledad, triángulo amoroso.

Frases de Irene Némirovsky Libros de Irene Némirovsky

Frases de Los perros y los lobos Irene Némirovsky

01. Somos una raza ávida, hambrienta desde hace tanto tiempo que la realidad no basta para alimentarnos. Necesitamos también lo imposible.

Imposible


02. En esta vida, ¿No le había caído todo encima como el rayo cae del cielo? Todo, felicidad y desgracia.

Rayo


03. Admiraba la belleza, la felicidad de aquellas chicas, pero no las envidiaba, como no habría envidiado a las figuras de un cuadro.

Envidia


04. Hay que tener un corazón más desprendido. Ante la vida, tienes que ser como un acreedor generoso, no como un ávido usurero.

Generoso


05. (...) Porque a algunos Dios les da caminos seguros y tranquilos, mientras que a otros se les abre a cada paso un precipicio bajo los pies.

Precipicio


06. En el fondo, seguía siendo, y siempre sería, una niña tímida que sólo se sentía a gusto en una soledad montaraz.

Soledad


07. "¿De verdad eres feliz? ¿Es todo exactamente como habías soñado?" Pero, en definitiva, ¿Acaso no conocía ella aquella ansia insaciable de felicidad que lo devoraba?

Ansia


08. (...) En unos cuantos años, empezaré a querer, como la mayor felicidad posible en este mundo, tener una batería de cocina, o un armario repleto de vestidos...

Cocina


09. No es del todo mi estilo; prefiero escenas más sombrías y sórdidas, pero por una vez, de pasada...Esos vestidos del color de las flores, este atardecer de verano y esta claridad tan delicada sobre los árboles... ¡Qué bonito es!

Atardecer


10. ¿Había conocido a Harry realmente? ¿O se trataba de un sueño? Por un instante, tembló ante la idea de despertar en su habitación de la infancia, en Ucrania, y descubrir que había imaginado todos aquellos años de felicidad y sufrimiento.

Despertar


11. (...) Se sentaba discretamente en una silla arrimada a la pared. El anciano leía o escribía. La corriente de aire helado que entraba por debajo de la puerta hacía revolotear la punta de su larga barba. Aquellas veladas invernales, de una paz melancólica, eran los momentos más dichosos de la niña. Y ahora la llegada de la tía Rhaissa y sus primos iba a arrebatárselos.

Barba


12. Ahora se reñía y se burlaba de sí misma ferozmente. Estaba loca. Era una mujer de veinte años y había actuado como una niña de doce. "Pero no soy una mujer -se dijo-. Hay personas que carecen de edad, y yo soy de ésas. A los doce años era una vieja, pero cuando tenga el pelo cano, en mi fuero interno seré exactamente la misma que hoy. ¿Por qué avergonzarse?".

Pelo


13. Trató de adivinar qué ventana correspondía a la habitación del niño, Harry. Eligió una de la derecha, que brillaba como una estrella. -Harry...Harry...Harry...-murmuró, apoyando la mejilla caliente contra el hierro de la verja. Sintió el mismo placer, suave y casi doloroso, que al contemplar el cielo y la hermosa casa. En sus labios, aquel extraño nombre, aquel nombre nuevo, de noble y singular sonido, se formaba como un beso.

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