Frases de Los pasos perdidos

Los pasos perdidos

28 frases de Los pasos perdidos de Alejo Carpentier, libro de 1953.... Novela que traza la aventura de un musicólogo antillano que abandona su cómoda vida neoyorquina en busca de un primitivo instrumento musical. Excepcional relato que contiene el drama de un Sísifo moderno.

Frases de Alejo Carpentier Libros de Alejo Carpentier

Frases de Los pasos perdidos Alejo Carpentier

01. Silencio es palabra de mi vocabulario.

Vocabulario


02. Quien actuaba de "modo automático" era esencia sin existencia.

Zona de confort


03. El mito sólo es reflejo de una realidad.

Mito


04. La verdad es mucho más hermosa.

Hermosa


05. (...) Un viejo tan arrugado que ya no le quedaba carne lisa.

Arrugas


06. Hay actos que levantan muros, cipos, deslindes, en una existencia.

Levantar


07. (...) Era de las que pasaban de fingir a creer lo fingido.

Fingir


08. Cada cual se creía tremendamente investido, y había muchos que se sentaban a la derecha de Dios para juzgar a los hombres...

Juzgar


09. Lo que se abre ante nuestros ojos es el mundo anterior al hombre.

Mundo


10. Buscar el comienzo de todo, de seguro, en la nube que reventó en lluvia aquella tarde, con tan inesperada violencia que sus truenos parecían truenos de otra latitud.

Inesperado


11. Los años se restan, se diluyen, se esfuman, en vertiginoso retroceso del tiempo.

Pérdida de tiempo


12. Si en estos países se moría por pasiones que me fueran incomprensibles, no por ello era la muerte menos muerte.

Pasiones


13. La piedra que yo cargaba será de quien quiera agobiarse con su peso inútil.

Piedra


14. Las almas no se vendían al Diablo, sino al Contable o al Cómitre.

Vender el alma al diablo


15. Este vivir en el presente, sin poseer nada, sin arrastrar el ayer, sin pensar en el mañana, me resulta asombroso.

Ayer


16. Si yo dijera algo, si yo hablara a solas, como a menudo hago, me asustaría a mí mismo.

Hablar


17. Un poco de alcohol, de cuando en cuando, es cosa que el organismo agradece.

Alcohol


18. La selva era el mundo de la mentira, de la trampa y del falso semblante; allí todo era disfraz, estratagema, juego de apariencias, metamorfosis.

Metamorfosis


19. En Santa Mónica de los Venados, mientras estoy con los ojos abiertos, mis horas me pertenecen. Soy dueño de mis pasos y los afinco en donde quiero.

Pasos


20. Las mujeres, vestidas de luto, estaban plácidamente entregadas a sus quehaceres -con vieja costumbre de seguir viviendo luego del percance habitual de la muerte-.

Luto


21. Hay seres cuyos ojos se encienden cuando sienten la proximidad del sexo.

Erotismo


22. La máxima obra propuesta al ser humano es la de forjarse un destino.

Forjar


23. No acepto ya la condición de Hombre-Avispa, de Hombre-Ninguno, ni admito que el ritmo de mi existencia sea marcado por el mazo de un cómitre.

Condición


24. Debemos buscar el comienzo de todo, de seguro, en la nube que reventó en lluvia aquella tarde, con tan inesperada violencia que sus truenos parecían truenos de otra latitud.

Buscar


25. He aquí para lo que sirve una iglesia. Ya salen a relucir las ataduras hasta ahora escondidas bajo el sayal samaritano. No pueden dos cuerpos yacer y gozarse, sin que unos dedos de uñas negras tracen sobre ellos el signo de la cruz.

Iglesia


26. Cuando se festejaba mi cumpleaños en medio de las mismas caras, en los mismos lugares, con la misma canción repetida en coro, me asaltaba invariablemente la idea de que esto sólo difería del cumpleaños anterior en la aparición de una vela más sobre un pastel cuyo sabor era idéntico al de la vez pasada.

Pastel


27. Llego a preguntarme a veces si las formas superiores de la emoción estética no consistirán, simplemente, en un supremo entendimiento de lo creado. Un día, los hombres descubrirán un alfabeto en los ojos de las calcedonias, en los pardos terciopelos de la falena, y entonces se sabrá con asombro que cada caracol manchado era, desde siempre, un poema.

Emoción


28. Es indudable que la naturaleza que aquí nos circunda es implacable, terrible, a pesar de su belleza. Pero los que en medio de ella viven la consideran menos mala, más tratable, que los espantos y sobresaltos, las crueldades frías, las amenazas siempre renovadas, del mundo de allá. Aquí, las plagas, los padecimientos posibles, los peligros naturales, son aceptados de antemano: forman parte de un Orden que tiene sus rigores. La Creación no es algo divertido, y todos lo admiten por instinto, aceptando el papel asignado a cada cual en la vasta tragedia de lo creado.

Implacable

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