Frases de Los paraísos artificiales

Los paraísos artificiales

20 frases de Los paraísos artificiales (Les paradis artificiels) de Charles Baudelaire, libro de 1860.... Tratado parcialmente filosófico y científico sobre la naturaleza, el uso y los efectos del hachís, que entonces procedía de Oriente y ofrecía ese aliciente romántico de exotismo y ebriedad.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Charles Baudelaire son: adicciones, autobiografía, drogas, emociones, hachís, libertinaje, razón y pasión.

Frases de Charles Baudelaire

Frases de Los paraísos artificiales Charles Baudelaire

01. Todo libertinaje perfecto requiere un ocio perfecto.

Ocio


02. ¿Qué es el cerebro humano sino un palimpsesto inmenso y natural?

Cerebro


03. El genio no es sino la infancia claramente formulada, dotada ahora de órganos viriles y potentes para poder expresarse.

Genio


04. Habéis arrojado vuestra personalidad a los cuatro vientos del cielo, y ahora se os hace difícil recogerla y concentrarla.

Dueño de mis emociones


05. La mujer es el ser que proyecta la sombra más grande o la luz más intensa en nuestros sueños.

Importancia de la mujer


06. La mujer es fatalmente sugestiva; vive una vida distinta de la propia; vive espiritualmente en las fantasías que frecuenta y fecunda.

Mujer hermosa


07. El espíritu humano rebosa de pasiones; las tiene para dar y tomar, si he de servirme de otra expresión trivial.

Pasiones


08. El hombre ha querido soñar y el sueño gobernará al hombre, pero ese sueño será el hijo de su padre.

Soñar


09. Pues lo mismo que de una droga temible, el ser humano goza del privilegio de poder obtener nuevos y sutiles placeres del dolor, la catástrofe y la fatalidad.

Obtener


10. El vapor ha tocado la sirena, el velamen está orientado y tenéis los viajeros comunes la curiosa ventaja de ignorar adonde vais. Vosotros lo habéis querido. ¡Viva la fatalidad!

Sirena


11. Prestáis desde luego al árbol vuestras propias pasiones, vuestros deseos o vuestra melancolía; sus gemidos y sus oscilaciones se hacen vuestros, y no tardáis en ser el árbol.

Árbol


12. Había llegado por fortuna a la edad del trabajo y de las distracciones obligadas. Tuvo que ponerse el primer arnés de la vida y prepararse para los estudios clásicos.

Trabajo duro


13. ¡Ay! Los vicios del hombre, por muy llenos de horror que se los suponga, contienen la prueba ( ¡Aunque sólo sea por su expansión infinita! ) de su afición a lo infinito;

Expansión


14. El hombre no eludirá la fatalidad de su temperamento físico y moral; para las impresiones y los pensamientos familiares del hombre será el hachís un espejo de aumento, pero sólo un espejo.

Adicción


15. El hombre que, habiéndose entregado al opio o al hachís durante largo tiempo, ha podido encontrar, debilitado como estaba por la costumbre de su servidumbre, la energía necesaria para emanciparse, se me aparece como un preso evadido.

Opio


16. Me interesa tan poco el mundo de los vivos que, como esas mujeres ociosas y sensibles que envían, según se dice, por correo sus confidencias a amigos imaginarios, de buena gana escribiría sólo para los muertos.

Correo


17. La música, otro lenguaje amado por los perezosos o por los espíritus profundos que buscan el descanso en la variedad del trabajo, os habla de vosotros y os relata el poema de vuestra vida: se incorpora a vosotros y os amalgamáis con ella.

Origen de la música


18. El vino se parece al hombre: nunca se sabe hasta qué punto se le puede apreciar o despreciar, amar u odiar; ni cuantos actos sublimes o crímenes monstruosos es capaz de realizar. No seamos, entonces, más crueles con él que con nosotros mismos y tratémosle como a un igual.

Vino


19. La guitarra se expresaba con enorme sonoridad; charlaba, cantaba, declamaba con una verbosidad aterradora y con una seguridad y una pureza de dicción inauditas. La guitarra improvisaba una variación sobre el tema del violín de ciego. Se dejaba guiar por él y vestía espléndida y maternalmente la tenue desnudez de sus sonidos.

Guitarra


20. Revivía en él toda su vida anterior, según dice, pero no por un esfuerzo de la memoria, sino como presente y encarnada en la música; y su contemplación no era ya dolorosa; toda la trivialidad y la crudeza inherentes a las cosas humanas estaban excluidas de esa resurrección tan misteriosa, o fundidas y ahogadas en una bruma ideal, y sus antiguas pasiones se hallaban exaltadas, ennoblecidas y espiritualizadas.

Resurrección

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