Frases de Los indiferentes

Los indiferentes

16 frases de Los indiferentes (Gli indifferenti) de Alberto Moravia, libro de 1929.... Novela existencialista que narra la historia de una familia con comportamientos corruptos, que acaban vencidos por su apatía y falta de dignidad.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Alberto Moravia son: apatía, corrupción, dignidad del ser humano, discriminación, envidia, existencialismo, falsas apariencias, fascismo, hipocresía, indiferencia.

Frases de Alberto Moravia

Frases de Los indiferentes Alberto Moravia

01. El que por indiferencia no siente nada, debe fingir.

indiferencia


02. Siempre es la misma causa... Indiferencia, siempre indiferencia... Entonces -concluyó irritado-, más que fingirte que caigo en tus brazos, que estoy muriéndome de pasión por ti, de hacerte declaraciones..., Al ver que no me salen prefiero no hacer nada.

frialdad


03. Sentía un poco de compasión por su amiga extraviada en el error, pero al mismo tiempo se alegraba de no ser culpable de lo que ella le acusaba. No sabía cómo hablarle, si con desprecio o con piedad.

culpable


04. (...) Habría querido apasionarse por aquella cuestión vital, protestar. "Veamos -pensaba-, se trata de nuestra existencia. De un momento a otro podemos encontrarnos sin saber materialmente de qué vivir". Pero por muchos esfuerzos que hiciera, aquella ruina le era extraña; Era lo mismo que contemplar a alguien que se está ahogando, y no mover un dedo.

vital


05. Sentáronse los tres en el frío comedor, alrededor de la mesa excesivamente grande. Comieron sin mirarse, con movimientos helados, deferentes, sacerdotales, como si celebraran un rito. No hablaban. Aquel silencio, apenas interrumpido por el ruido de las cucharas en los platos, en la deslumbradora luz del día que se reflejaba sobre el blanco mantel y que recordaba el espeluznante ruido del instrumental del cirujano durante las operaciones; Aquel silencio glacial privado de intimidad fastidiaba a la madre sociable y locuaz.

mesa


06. Pero un opaco disgusto le oprimía. Sus pensamientos eran áridos, desiertos; Sin fe, sin una esperanza a la sombra de la cual poder reposar y reconfortarse. La falsedad y la abyección que le llenaban el alma las veía siempre en los demás. Era imposible arrancarse de los ojos aquella mirada desalentada, impura, que se interponía entre él y la vida.

disgusto


07. No existía para él ni la fe, ni la sinceridad, ni la tragedia. En su aburrimiento, todo le parecía ridículo, falso, pobre. Pero comprendía las dificultades y los peligros de su situación. Era necesario apasionarse, moverse, sufrir, vencer aquella debilidad, aquella piedad, aquella falsedad, aquella sensación de ridículo. Era necesario volverse trágico y sincero.

falsedad


08. (...) Estos amorosos desahogos no duraron más de un minuto. Después se levantó pesadamente de la cama. - ¿Y ahora? -Preguntó entre bromas y veras, sin arreglarse los cabellos en desorden que le daban un aspecto de borracho-. ¿No te parece que ya es hora de que nos vayamos a dormir? Tengo un sueño... Un sueño terrible...

adulterio


09. La embargaba una ligera y dolorosa impaciencia. Preveía que, por caminos indirectos y tortuosos, la madre conseguiría al fin hacer, como siempre, su pequeña escena de celos al amante; No sabía cuándo ni de qué modo, pero estaba tan segura de ello como de que el sol brillaría al día siguiente y de que la noche le sucedería. Esta clarividencia le daba una sensación de temor. No había remedio. Todo estaba dominado por una mezquina fatalidad.

fatalidad


10. Su madre, excitada e interesada; Leo, falso, y carlota, que, atónita, lo contemplaba, le parecieron en aquel momento ridículos y envidiables precisamente porque se aferraban a aquella realidad y consideraban la palabra "canalla" como un insulto, mientras que, para él, gestos, palabras, sentimientos, todo era un juego de ficciones vano e inútil.

falso


11. (...) Entonces tuvo una idea desesperada. Ya que la última prueba había fracasado y ningún estimulante, ni el más violento, había conseguido galvanizar su espíritu muerto, ¿No sería mejor decidirse de una vez por todas a fingir odio, desdén, fingir sin parsimonias, con largueza; Es más, con grandiosidad, como si le sobraran reservas? Loca idea. "Es el fin", pensó, y tuvo la verdadera sensación de renunciar para siempre a aquel inalcanzable alivio de las fuentes espontáneas, límpidas y continuas de la vida.

hipocresía


12. Jamás había querido saber nada de los pobres, ni siquiera conocerlos de nombre. Se había negado siempre a admitir la existencia de las gentes humildes que trabajaban duramente y vivían de un modo miserable. "Viven mejor que nosotros -había dicho siempre-. Nosotros tenemos más sensibilidad y más inteligencia, y por eso sufrimos más que ellos". Y ahora, de pronto, veíase obligada a engrosar la turba de los miserables. La misma sensación de repugnancia, de humillación, de miedo, que había experimentado un día al pasar en un coche por entre una muchedumbre harapienta y amenazadora de huelguistas, oprimíala ahora.

muchedumbre


13. ¿Sabes qué se hace cuando no se puede más? Se cambia.

desesperación


14. Y entonces, ¿comprendes? A base de sentimientos, gestos, palabras y pensamientos falsos, toda mi vida se convierte en una comedia fracasada.

falsos


15. Cuando uno no es sincero, hay que fingir serlo, y a fuerza de fingir se acaba creyendo. Éste es el principio de la fe.

fingir


16. ¿No te diste cuenta del interés que tenía en que la acompañara a su casa? ¿Sabes lo que creo? -añadió inclinándose-. Que tiene unos deseos enormes de reanudar los antiguos lazos. Por eso le miraba lánguidamente...Pero (...) tiene muchas otras cosas en que pensar antes que en esa pobre mujer. Además, si quisiera encontraría a otras mucho mejores que ella. ¡Con la figura que tiene! Está llena de envidia y de hipocresía. Cuando está delante de una dice: " ¡Qué bonita estás! ¡Qué elegante! ¡Cómo me gustas! ", y en cuanto vuelve la espalda dice lo contrario. Ya sabes que soy buena con todos, que no le encuentro defectos a nadie. Soy incapaz de matar a una mosca. Pero a ella..., ¡Oh! , a ella no la puedo sufrir. -Pero tú eres amiga suya. - ¿Y qué voy a hacer? -repuso su madre-. No se pueden decir siempre las verdades. Las conveniencias sociales obligan muy a menudo a hacer todo lo contrario de lo que una desea. De otro modo no se sabe adónde iríamos a parar.

hipocresía

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