Frases de Las correcciones

Las correcciones

26 frases de Las correcciones (The corrections) de Jonathan Franzen, libro de 2001.... Meticuloso retrato de las tribulaciones de una familia del Medio Oeste, los Lambert, que deja al descubierto las angustias y contradicciones de toda una sociedad, la norteamericana, y de una época.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Jonathan Franzen son: conflictos familiares, enfermedad de parkinson, humor, obsesión, pederasta, sátira, sociedad americana.

Frases de Jonathan Franzen

Frases de Las correcciones Jonathan Franzen

01. Un beso, una mano en la rodilla, le despertaban el cuerpo a la noción de sí mismo. Se sintió habitada, animada, acelerada a tope, por el fantasma de todos y cada uno de los encuentros coitales que en su matrimonio había ninguneado.

Coito


02. Dos personas pueden tener la misma personalidad y seguir siendo singulares. Dos personas con el mismo coeficiente intelectual pueden diferir en cuanto a sus conocimientos y al contenido de sus memorias. ¿Cierto? Dos personas muy cariñosas pueden tener objetos de afecto completamente distintos...

Coeficiente intelectual


03. Las hojas de los girasoles tenían manchas negras y pálidas senescencias en los bordes; las cabezas, en cambio, eran carnudas y espléndidas, pesadas como bizcochos de chocolate, gruesas como palmas de la mano. En mitad del rostro, tan de Kansas, de un girasol, había un botón sutilmente pálido sobre una aréola sutilmente oscura. Chip pensó que la naturaleza difícilmente podía haber concebido un lecho más provocativo para que un insectito con alas se dejara caer dentro. Tocó el terciopelo marrón y el éxtasis se apoderó de él.

Girasoles


04. Temía que la explicación consistiese en decirle que había sido un amante espantoso e inseguro hasta que tomó la droga. Y por supuesto que había sido un amante espantoso e inseguro, pero con la esperanza de que ella no se hubiese dado cuenta.

Amante


05. Él piensa que nuestra cultura otorga demasiado importancia a los sentimientos, dice que hemos perdido el control, que no son los ordenadores quienes están convirtiéndolo todo en virtual, que es la salud mental. Todos andamos empeñados en corregir nuestras ideas y en mejorar nuestros sentimientos y en trabajarnos las relaciones y la capacidad para educar a los hijos, en vez de hacer como se ha hecho toda la vida, es decir, casarnos y tener hijos y ya está.

Corregir


06. Todo mi trabajo está en mi cabeza. Muevo de aquí para allá un millón de piececitas de la nada, un millón de ideas y de sensaciones y de recuerdos, dentro de la cabeza, día tras día, durante años, hay como un andamio y un plano enorme, como si estuviera levantando una catedral de palillos de dientes dentro de mi cabeza.

Cabeza


07. La especie humana dominaba la tierra y aprovechaba este dominio para exterminar otras especies y calentar la atmósfera y, en general, estropearlo todo, modificándolo a semejanza del hombre; pero también pagaba su precio por tales privilegios: que el cuerpo animal de su especie, finito y concreto, contuviera un cerebro capaz de concebir lo infinito, y ansioso de serlo.

Dominio


08. Lo que sí le constaba, de modo categórico, el principio que ella defendía con más crecida pasión cuanto más lo hacían objeto de mofa y befa en los medios y en los programas de éxito popular, era el carácter inmoral de las relaciones prematrimoniales.

Inmoral


09. Y la triste verdad era que no todo el mundo podía ser extraordinario, ni todo el mundo podía estar en el rollo. Porque, entonces, ¿Dónde queda lo normal y corriente? ¿Quién desempeñará la desagradecida tarea de ser una persona relativamente no enrollada?

Extraordinario


10. Hoy en día, la gente parecía guardarles rencor a las compañías ferroviarias por haber abandonado las viejas locomotoras de vapor en favor del diésel. La gente no tenía ni pajolera idea de lo que era mantener en marcha un ferrocarril. Las locomotoras diésel eran polifacéticas, eficaces y de bajo coste de mantenimiento. La gente pensaba que el ferrocarril le debía favores románticos, pero luego todo se le volvía protestar cuando el tren iba despacio. Eso era lo que casi toda la gente era: estúpida.

Ferrocarril


11. Los mamíferos llegaron con el enfriamiento de la Tierra. Escarcha en las calabazas. Cosas peludas en madrigueras. Pero ahora somos unos mamíferos muy inteligentes y estamos extrayendo todo el carbono enterrado para devolverlo a la atmósfera. (...) Una vez que hayamos quemado todo el carbón y todo el petróleo y todo el gas, habremos recuperado la atmósfera de antaño. Una atmósfera tórrida y desagradable, que nadie ha conocido en los últimos trescientos millones de años. Así será, en cuanto liberemos al genio del carbono de su botella lítica.

Carbón


12. Antes, más temprano, mientras mataba el tiempo rodeando con un círculo de tinta azul todas las emes mayúsculas de la primera página de un New York Times con fecha de hacía un mes, había llegado a la conclusión de que estaba comportándose como una persona deprimida. Ahora, cuando el teléfono empezó a sonar, lo primero que pensó fue que una persona deprimida debía permanecer con los ojos fijos en la pantalla del televisor, haciendo caso omiso de la llamada; y encender un cigarrillo; y, sin dar la menor muestra de afecto sentimental, verse otro episodio de dibujos animados, mientras el contestador se hacía cargo del mensaje de quienquiera que fuese. Que su impulso consistiera, sin embargo, en ponerse en pie de un brinco y contestar el teléfono -que pudiera traicionar tan a la ligera todo un día de arduo desperdiciar el tiempo- ponía muy en tela de juicio la autenticidad de sus padecimientos. Pensó que le faltaba capacidad para quedarse sin volición y perder por completo el contacto con la realidad, como hacían todos los deprimidos en los libros y en las películas. Pensó, mientras quitaba el sonido del televisor y acudía corriendo a la cocina, que estaba fracasando hasta en la mísera tarea de fracasar como es debido.

Deprimido


13. Reinaban en aquella casa el mismo oprobio y el mismo desorden que en su cabeza.

Desorden


14. Pero su vida entera estaba estructurada como corrección o enmienda de la vida de su padre...

Copia


15. Y si permanecemos el tiempo suficiente sentados a la mesa del comedor, ya por algún castigo, ya por propio rechazo, ya por mero aburrimiento, ya nunca volveremos a levantarnos. Una parte de nosotros quedará ahí para toda la vida.

Mesa


16. Lo único que sin duda alguna podía sacar en claro de una aventura extraconyugal era la entrada en su vida de otra mujer que le expresara su desaprobación.

Aventura


17. Tenía una forma feliz y perruna de buscar aprobación sin dar muestras de inseguridad.

Aprobación


18. Ejercer la crítica de una cultura enferma, aunque nada se consiguiera mediante la crítica en sí, siempre le había parecido un trabajo útil.

Crítica


19. No le cabía la menor duda de que aquel matrimonio iba a ser una auténtica lucha desde el primer día...

Crisis matrimonial


20. (...) En el fondo, todo se reducía a la intimidad, ¿O no? Sin la intimidad, no tenía sentido ser individuo.

Intimidad


21. Estar muerto es problema si uno sabe que está muerto, lo cual es imposible, precisamente por estar muerto.

Miedo a la muerte


22. Había perdido la pista de lo que deseaba, y una persona es eso, precisamente lo que desea, de modo que la conclusión estaba clara: también había perdido la pista de sí mismo.

Vernos a nosotros mismos


23. Todos nos apegamos de un modo irracional a unas determinadas coordenadas químicas de nuestro carácter y temperamento. Es una variante del miedo a la muerte, ¿Cierto?

Irracional


24. La vida, en su experiencia, tenía una especie de lustre de terciopelo. Si mira uno desde cierto punto de vista, sólo se ven cosas raras. Pero basta con desplazar un poco la cabeza y todo parece razonablemente normal.

Punto de vista


25. Tanto le dolía el cansancio, que lo mantenía despierto.

Cansancio


26. La ignorancia electiva es una gran herramienta de supervivencia, quizá la mayor de todas.

Supervivencia

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