Frases de La Regenta

La Regenta

14 frases de La Regenta de Leopoldo Alas, libro de 1885.... Las pasiones, odios, celos y obsesiones que despierta Ana Ozores en Vetusta (trasunto de Oviedo, Asturias) sirve para llevar a cabo una implacable radiografía de la burguesía española finisecular.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Leopoldo Alas son: celos, clases sociales, condición de la mujer, importancia de la educación, infidelidad, moral burguesa, obsesión, odio, razón y pasión, relaciones humanas, triángulo amoroso.

Frases de Leopoldo Alas

Frases de La Regenta Leopoldo Alas

01. Pero aquella sotana le quemaba el cuerpo...

Celibato


02. Era enemigo de dar nombres a las cosas, sobre todo a las difíciles de bautizar.

Etiquetas


03. Yo contribuyo a la circulación de la riqueza como una esponja a la circulación del agua.

Riqueza


04. (...) Ahora la aborrecía porque el desprecio, la burla, el engaño, la herían a ella también.

Desprecio


05. Se le ocurrían proyectos disparatados, crímenes de tragedia, pero los desechaba en seguida. Estaba atado por todas partes.

Atado


06. La máquina estaba dispuesta; el cañón con que él, (...), iba a disparar su odio de muerte, ya estaba cargado hasta la boca.

Cañón


07. Lo que él sentía no era lujuria; no le remordía la conciencia. Tenía la convicción de que aquello era nuevo. ¿Estaría malo? ¿Serían los nervios?

Nervios


08. Los pensamientos de los hombres valen más que sus acciones, y las buenas novelas más que el género humano. Podrá esto no ser verdad; pero es hermoso y consolador.

Género


09. ¡Es una estatua griega! -había dicho la marquesa de Vegallana, que se figuraba las estatuas griegas según la idea que le había dado un adorador suyo, amante de las formas abultadas.

Estatua


10. Aquello era también un símbolo del mundo; las cosas grandes, las ideas puras y bellas, andaban confundidas con la prosa y la falsedad y la maldad, y no había modo de separarlas.

Símbolo


11. ¡Ah! Debía confesar que el juego de cama era digno de una princesa. ¡Qué sabanas! ¡Qué almohadones! Ella había pasado la mano por todo aquello, ¡Qué suavidad! El satín de aquel cuerpecito de regalo no sentiría asperezas en el roce de aquellas sábanas.

Sábana


12. Para la viuda, uno de los placeres más refinados era "una sesión" alegre con uno de sus antiguos amantes; aquello de no principiar por los preliminares le parecía delicioso. ¡Después, los recuerdos tenían un encanto! ¡Saborear como cosa presente un recuerdo! ¿Qué mayor dicha?

Viuda


13. (...) No creía en una pasión especial, en un sentimiento puro y noble que se pudiera llamar amor; Esto era cosa de novelistas y poetas, y la hipocresía del pecado había recurrido a esa palabra santificante para disfrazar muchas de las mil formas de la lujuria.

Lujuria


14. La heroica ciudad dormía la siesta. El viento sur, caliente y perezoso empujaba las nubes blanquecinas que se rasgaban al correr hacia el norte. En las calles no había más ruido que el rumor estridente de los remolinos de polvo, trapos, pajas y papeles, que iban de arroyo en arroyo, de acera en acera, de esquina en esquina, revolando y persiguiéndose, como mariposas que se buscan y huyen y que el aire envuelve en sus pliegues invisibles...

Perezoso

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