Frases de La puerta

La puerta

28 frases de La puerta (Az ajtó) de Magda Szabó, libro de 1987.... Una historia en homenaje a la amistad, de una calidad humana extraordinaria. Retrato de la extraña y larga relación entre una escritora y su sirvienta durante veinte años.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Magda Szabó son: adaptada al cine, clases sociales, dignidad del ser humano, hungría, manipulación, mujer independiente, relaciones personales, sirvienta, superación de las dificultades, valor de la amistad.

Frases de Magda Szabó Libros de Magda Szabó

Frases de La puerta Magda Szabó

01. Era aterradoramente perfecta en todos los aspectos, a veces hasta límites insoportables: no ocultaba que mis tímidas palabras de elogio le daban igual, que no tenía necesidad alguna de sentirse en todo momento reconocida, pues sabía de sobra que su rendimiento era excepcional.

Elogio


02. El oficio de escritor es de una servidumbre durísima, no puedes bajar la guardia en ningún momento porque si abandonas las frases a medio hacer se rebelan, se van por otro camino y si las recuperas, tienes que enderezarlas para que encajen en la nueva estructura.

Oficio


03. El vocabulario de la portera contenía palabras como "mugre", "farsa callejera" y "escándalo público", mientras que el oficial de policía hablaba en términos de "ley", "solidaridad ciudadana" y "actuación rápida y eficiente". Ambas posturas eran válidas, pero los dos utilizaban lenguajes distintos.

Vocabulario


04. El escritor es como un niño que, jugando, se entrega a su pequeña realidad inventada como si fuera algo muy serio, se esfuerza, se emplea a fondo y, por eso, independientemente de que el resultado de su actividad sea útil o no, se cansa igual que un adulto.

Entrega


05. Añoraba por ejemplo abrazarla como antaño a mi madre, o contarle todas aquellas confidencias que no compartía con nadie más y que cualquier progenitora, igual que la mía, no captaría por su inteligencia y cultura sino mediante la pura y genuina intuición del amor materno.

Amor de madre


06. Para mantener el equilibrio, lo más indicado sería sumirnos los dos en un estado crónico de agonía o, lo que sería lo mismo, tirarnos a un río y, a punto de ahogarnos, pedirle auxilio; De ese modo, al poder acudir a salvarnos, viviría nuestra relación con la satisfacción y el sosiego necesarios para su economía afectiva.

Agonía


07. Salimos a la calle y durante un tiempo caminamos juntas. Afuera se respiraba la fresca fragancia verde que había dejado la lluvia y, una vez más, me sentí envuelta en la magia del sexto canto de La Eneida mientras andábamos juntas en la densa penumbra y sorteábamos sombras fantasmales bajo la luna esquiva y argéntea.

Penumbra


08. Durante mis años de estudiante universitaria sentía una gran aversión hacia Schopenhauer. Más adelante la experiencia me enseñó a aceptar una de sus tesis: aquella que sostiene que toda relación afectiva os hace vulnerables ante el sufrimiento, y cuantos más lazos de este tipo establezcamos en esta vida, más flancos débiles tenemos.

Lazos


09. No debe entregarse nunca a una pasión con toda su alma, porque eso lleva, antes o después pero infaliblemente, a la perdición. Los que lo hacen, terminan mal siempre. Para evitarlo es mejor no querer a nadie; porque si eres capaz de amar, siempre habrá un ser querido que será sacrificado por tu culpa y, si no, serás tú quien se arrojará de un vagón.

Pasional


10. Con su ausencia, tuve que afrontar la desagradable sensación, a la que es imposible acostumbrarse, de que a nadie en absoluto le interesa si has llegado o no a tu casa y si traes noticias buenas o demoledoras, da igual. El hombre de Neanderthal aprendió a llorar, probablemente, al darse cuenta de que, después de matar el bisonte y arrastrar la pieza a su cueva, no tenía con quien compartir su orgullo de cazador ni a quien enseñar sus heridas.

Desolación


11. Si (...) creía en algo, era en el tiempo. En su mitología personal, el Tiempo era como el molinero de un molino eterno sin descanso, de cuya tolva salían los acontecimientos según el contenido del saco que se echara a triturar. A todos nos correspondía un costal, sin excepción, incluidos los muertos, con la única diferencia de que estos no podían cargar la harina a hombros para amasar su propio pan, sino que debían hacerlo otros en su lugar.

Molino


12. (...) No quería vivir más, porque entre todos habíamos derribado los soportes que habían sostenido su existencia y el aura mítica que la envolvía. Ella era nuestro ejemplo vivo, la protectora de todos, generosa, pródiga con su delantal almidonado con la faltriquera siempre rebosante de caramelos, con su bolsillo del que asomaban como palomas pañuelos blancos de lienzo; Era la reina de la nieve, la seguridad, las primeras cerezas del verano, la primera castaña que caía madura del árbol en otoño, las dulces calabazas al horno en invierno y el brote verde primaveral en el seto del jardín. Era pura, invulnerable, siempre daba lo mejor de sí; Era ella misma y todos nosotros, o más bien era como nos hubiera gustado ser a nosotros.

Invulnerable


13. A veces la intuición nos dice con qué flor identificar a una persona.

Intuición


14. Al que quiere irse, hemos de dejar que se vaya. ¿Para qué iba a retenerla?

Renuncia


15. (...) Era demasiado sabia para perder el tiempo con imposibles, empleaba toda su energía en encontrar algo en el futuro que le permitiera remediar el pasado. Sin embargo, aún habría de transcurrir mucho tiempo para que yo pudiera comprender todo eso.

Pérdida de tiempo


16. No me ando con medias tintas: a mí me lo da todo o no quiero nada.

Amor incondicional


17. En ocasiones cometemos un acto imperdonable sin querer; sin embargo, cuando lo hacemos, algo en nuestro interior intuye que es así.

Acto


18. Detrás de cualquier éxito profesional hay siempre una persona que no se ve, pero sin cuya dedicación sería imposible desarrollar a fondo una labor creativa.

Profesional


19. Según la visión política de mi asistenta, el mundo estaba dividido en dos clases de personas: los que barren y los que no.

Clases sociales


20. (...) No se fiaba de nadie. O más exactamente, nunca llegó a entregar más que unas pocas migajas de su confianza a algunos amigos selectos.

Confianza


21. Nuestro cariño era recíproco, pero al resultar al mismo tiempo tan complejo y con elementos tan imprecisos como los del propio amor, administrarlo en el roce cotidiano, tratando de evitar conflictos, requería muchísima tolerancia y concesiones mutuas.

Cariño


22. He vivido con valentía hasta ahora y espero morir así, con coraje, sin mentiras, y para ello es necesario que declare de una vez por todas que yo maté a Emerenc. Yo quería salvarla, no destruirla, pero eso no cambia nada.

Salvar


23. Debido a mi falta de experiencia, y desprovista aún de la capacidad necesaria para el análisis de la naturaleza, imprevisible, indomable y en ocasiones brutal, de los sentimientos humanos, no podía entender la dimensión irracional de la pasión de esa mujer.

Pasión


24. En el fondo, (...) no dejaba de ser una buena persona, generosa y desinteresada, y, aunque negara la existencia de Dios de palabra, lo honraba con sus actos. Poseía una bondad natural y espontánea; en cambio, a mí me habían educado para respetar ciertas normas éticas que me esforzaba en cumplir, imponiéndome de alguna manera a mis propias inclinaciones. Con su sola actitud y sin necesidad de palabras, un día (...) me haría ver que lo que yo creía fe en mí no era más que una forma de budismo, de respeto a la tradición, y que mi moral no era más que una disciplina obligatoria, consecuencia del adoctrinamiento que había recibido en casa y en la escuela, y en el que me había ejercitado por propia voluntad.

Tradición


25. Si queremos, también tenemos que saber matar.

Matar


26. Al que quiera irse, hemos de dejar que se vaya.

Renuncia


27. Con la muerte no se juega, ella impone sus propias leyes.

Conciencia de la muerte


28. Todos estamos solos, queramos o no, irremediablemente, aun cuando compartamos la vida con otro.

Amar con locura

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